lunes, 7 de julio de 2025

Una llamada de atención.

 Dos tonos fueron suficientes para escuchar su hermosa y grave voz masculina del otro lado de la línea. 


- Hola, nenita, qué sorpresa... 

- Hola,, mi amor,, voy al centro comercial, ¿necesitas que te compre alg...

- ¿Estás conduciendo tu auto mientras hablas conmigo?, me interrumpió abruptamente.

- Eh... Yo...

- Hablamos cuando no estés al volante.

Y colgó. 

Mi estómago daba vueltas, como pude seguí conduciendo hasta llegar al centro comercial. Podría decir que no entiendo su reacción pero, siendo honesta, yo estaba consciente del problema en el que acababa de meterme. Estacioné el auto y, después de respirar durante algunos minutos, me atreví a llamarle de nuevo, aunque con un nudo en el corazón.

- Hola, cielo, ya tengo el auto estacionado, estoy por entrar a la plaza y...

- Muy bien, mi amor, no te preocupes y haz tus compras tranquila, nos vemos en la noche en casa, yo llevo la cena.

Estaba tan confundida, su tono de voz era suave y dulce, al parecer se le pasó el enojo rápidamente. 

- Ah, gra... gracias, amor, entonces nos vemos más tarde...

- Sí, nena, te amo... Ah, y no olvides que tenemos un asunto por arreglar tú y yo...

Y colgó de nuevo. 

Esa última frase hizo que mi piel se erizara de inmediato y, mientras tragaba saliva y tomaba mi bolso para bajar del auto, un mensaje hizo sonar mi celular:

"Te avisaré 5 minutos antes de llegar a casa, así tendrás tiempo suficiente para esperarme como ya sabes en el rincón de la sala"

Carajo, ¿era tan grave lo que acababa de suceder?, es decir, esperarlo en el rincón era garantía para recibir, como mínimo, una buena cueriza apenas él ponga un pie en la casa. "como ya sabes", dijo, y por supuesto que lo sabía. Tenía que bajar mi pantalón y calzón hasta los muslos, arrodillarme en el rincón de la sala y esperarlo con la espalda bien derecha y las manos entrelazadas detrás de la cabeza.

Entré al centro comercial pero ya no pude concentrarme, olvidé por completo a lo que iba y de disfrutar ya ni hablamos. Opté por volver a casa, mi estómago iba hecho nudos y mi corazón parecía querer salirse del pecho. Hacía mucho que no enfrentaba una situación así, no porque mi comportamiento fuera ejemplar, sino porque el trabajo nos tenía absorbidos a ambos y, tanto el juego como la disciplina, habían quedado un tanto de lado.e

Faltaban un par de horas para su llegada todavía pero tal era mi nivel de nerviosismo que decidí tomar un baño, quizá así podría relajarme un poco y, de alguna manera, resignarme a lo que recibiría más tarde. 

Normalmente no lleno la tina porque me corroe la culpa al desperdiciar el agua, mi ecologista interna es terriblemente obsesiva, pero esta vez la ignoré y, como una ocasión especial, usé agua caliente y algunas sales aromáticas. Más parecía que me preparaba para una noche romántica que para un castigo. 

Me quité la ropa, puse un poco de música suave, me serví una copa de vino rosado y me sumergí entre vapor y un poco de espuma.


Abrí los ojos confundida, no sé en qué momento me quedé dormida ni cuánto tiempo pasó... No había sido mucho, supuse, mis dedos apenas comenzaban a arrugarse un poco y el agua seguía caliente. Me puse de pie, me envolví en una toalla y me hice un tipo de turbante con otra en el cabello. Traté de apurarme porque no quería sumarle a la lista que, por la forma en que lo anunció, el problema en el que estaba metida era grave.

Perfumé y llené de crema todo mi cuerpo y solo me vestí con una pijama de short y camiseta, además de unas calcetas largas por encima de la rodilla. Bajé sin zapatos y, con la luz apagada, me senté a esperar el mensaje. Justo estaba por revisar el teléfono cuando su voz, grave y hermosa siempre, sonó estruendosa entre penumbras.

- Espero que hayas disfrutado tu baño, mi amor, porque lo que sigue lo voy a disfrutar yo...

- Ay, qué susto me dist...

- ¡Al rincón ahora mismo, jovencita!

Salté del sillón y me apresuré a asumir la postura que ya conocía perfectamente...

 - Pe... Perdón, me quedé dormida - Intenté justificarme. Él solo guardó silencio y ese era muy mal presagio.

Escuché sus pasos detrás de mí, lentos, firmes, largos... Por fin habló:

- ¿Sabes por qué te voy a castigar hoy? 

- Por hablar por teléfono mientras conduzco el auto... Y... Por... 

- Te escucho... 

- Y por quedarme dormida en la tina y no estar al pendiente de tu mensaje, tal como lo habías indicado. 

- Muy bien, ven aquí. 



Lentamente me puse de pie y giré sobre mis talones, lo miré ahí, tan masculino, tan imponente y agaché la mirada mientras caminaba hacia él. Moría de miedo, sabía que iba a doler aún desconociendo qué castigo iba a recibir, lo que sí era un hecho era que mis nalgas pagarían con creces. 

Tomó asiento en el sofá y me atrajo hacia sus rodillas con suavidad, casi con ternura. Para ese momento todo el ritual parecía más una tortura que un aliciente, quería que comenzara ya, pero no, sólo acariciaba mis nalgas, mis muslos... Llevaba la palma de su mano desde la parte trasera de las rodillas hasta los omóplatos y volvía con el dorso en una lenta serpentina para volver a empezar una y otra vez, mientras hablaba de disciplina y amor. 

Aún no recibía una sola nalgada y mis lágrimas caían en un goteo incesante que rebotaba en las losetas del piso. Tuve que responder a varias preguntas y con cada respuesta me daba cuenta de dos cosas: mi gran nivel de egoísmo y el inmenso amor que este maravilloso hombre siente por mí y así se lo hice saber. Pedí perdón y ofrecí, por enésima ocasión, corregir mis actitudes y mejorar mi comportamiento.

- Entonces sabes muy bien que mereces este castigo, ¿cierto, nena?

- Sí, lo sé, estoy consciente de que lo merezco y lo necesito... 

- Bien, te advierto que será muy severo porque conoces muy bien las reglas y, deliberadamente, has faltado a más de una.

Por supuesto que lo sabía, excepto por la parte de 'deliberadamente', él tenia razón en cada palabra. Pero es que no siempre se puede, no es sencillo tener un comportamiento intachable, no es fácil decir que 'no' cuando la tentación está ahí, al alcance de la mano. 

La sensación de la primera nalgada es horrible, más allá del dolor es la sorpresa, la humillación, la vergüenza, el enojo por tener que reconocer y aceptar los errores. Pero luego vino otra, y otra y muchísimas más que, por acumulación, me hicieron suplicar mientras me retorcía sobre las rodillas de mi hombre que, con toda la experiencia del mundo, sabe bien cómo doblegar mi voluntad.

- Por favor, me duele mucho. 

- ¿Qué te duele? 

- Las nalgas, amor, ya no aguanto un azote más. 

Me sentía cansada, adolorida y la garganta me dolía por tanto berrear. Por fin se detuvo luego de una interminable ráfaga de palmadas muy fuertes que hizo que la piel de mis nalgas ardiera y palpitara. Urgía la pausa porque, claro, no podía ser de otra manera, ilusa sería si pensara que eso había sido todo, no me equivoqué. 

La siguiente orden fue volver al rincón en la sabida postura pero, obviamente, es mucho peor ahora con las nalgas rojas y la dignidad arrastrando. Obedeci de inmediato agradecida y temerosa de lo que vendría después. Escuché que fue a la cocina y tardó varios minutos allá, gritó mi nombre y ordenó que fuera hasta donde él estaba, lo hice rápidamente pero con el miedo aturdiendo mis sentidos. 

Al entrar a la cocina vi tres platos sobre la mesa, en uno había dos trozos grandes de jengibre sin piel, una zanahoria en el segundo y un pepino entero en el tercero.

- Vamos a darle un pequeño respiro a esas hermosas nalgas, mi niña, ven acá...

YoSpankee



jueves, 21 de diciembre de 2023

Felices fiestas

Nuevamente estoy aquí, sí con una disculpa por la ausencia pero también con la constancia de seguir viva y con ilusión de que, con un poco de tiempo y paciencia, todo irá mucho mejor.
Por ahora sólo vengo a desearles que, sean cuales sean las circunstancias por las que estén pasando, jamás pierdan la fe y la esperanza. Si los tiempos están siendo buenos, hay que agradecer... Y si no, tratar de aprender y mejorar para labrar un mejor porvenir. 
Que este fin de año, por cliché que pueda sonar, la paz y la armonía reine entre ustedes y los suyos y permanezca para siempre. 

Reciban un abrazo con mucho afecto de parte de esta spankee ilusionada con estas fechas... Y tengan todos muy felices fiestas. 

YoSpankee 

miércoles, 22 de marzo de 2023

La sorpresa.

Llegué a casa, aún era temprano y por eso se me hizo raro ver su auto estacionado afuera, él casi nunca vuelve a esta hora de la oficina, me dio mucho gusto porque siempre es lindo pasar un poco de tiempo juntos. Yo llevaba la ropa deportiva del gimnasio, prefiero ducharme en casa. Cuando entré lo vi sentado en la sala con el móvil en la mano pero de inmediato sonrió apenas cruzamos la mirada. La suya era una sonrisa entre tierna y maquiavélica pero no le di importancia. Se puso de pie y se acercó a mí para darme un beso de bienvenida, no nos habíamos visto o hablado en todo el día pues ambos teníamos múltiples ocupaciones, así que fue un beso largo y húmedo. Un poco contrariada le pregunté si quería cenar, aunque era temprano y no tenía listo nada pero podría preparar algo rápido. Respondió que no me preocupara, que aprovechó que salió antes y pasó a comprar algo para que cenáramos los dos pero que primero quería mostrarme algo, era una sorpresa. Él sabe lo curiosa y ansiosa que soy, así que moría de ganas por saber de qué se trataba. 

Me pidió ponerme de cara a la pared con los ojos cerrados porque no quería que espiara, conoce bien mis artimañas. Yo no quería esperar, era como una tortura hacerlo pero obedecí. 

Alcancé a escuchar un poco de ruido e intentaba adivinar sus movimientos pero no tenía idea de qué se trataba. 

De pronto sentí su cuerpo detrás del mío y en un susurro me dijo que aún no podía abrir los ojos pero que me iba a llevar de la mano para poder disfrutar la sorpresa. Fueron apenas unos pasos y de pronto, previa advertencia de no abrir los ojos hasta que la indicación me fuera dada con claridad, sentí cómo de un movimiento bajó mi pantalón y mi ropa interior hasta las rodillas, tragué saliva. Me estremecí por completo y la excitación ya era evidente, seguí con los ojos cerrados, tal como lo ordenó. 
Con voz firme me indicó ponerme de rodillas, lo hice de inmediato, mis murciélagos ya revoloteaban frenéticos. Dijo que frente a mí, en el piso, había unos almohadones, que tenía que recostarme sobre ellos boca abajo, de nuevo obedecí pero ya muerta de curiosidad, de excitación y un poco de miedo. 

- Ya puedes abrir los ojos, pequeña. 

Y ahí, tirada en el piso de nuestra sala, boca abajo con las nalgas paradas y desnudas, vi frente a mí una pala de madera muy larga, era un tipo de remo como de un metro y medio de longitud, Justo como los que habíamos visto en un video de spanking asiático y que yo le había dicho que me llamaba la atención, no lo podía creer. 


Se inclinó y me dijo suave y lentamente al oído: ten mucho cuidado con lo que deseas, señorita... En un segundo se puso de pie con la tabla en la mano. 

- Para muy bien esas nalgas, jovencita, te voy a enseñar a tener la cena temprano. 

Me lanzó un guiño cómplice y alzó la larga pala de madera, yo solo apreté los párpados y esperé el primer azote...

YoSpankee

VIDEO DE REFERENCIA . (<== CLICK AQUÍ) 

viernes, 1 de abril de 2022

UN CASTIGO MERECIDO.

A lo largo de mi trayectoria como spankee he recibido infinidad de castigos, me atrevo a decir que la mayoría de ellos con todisima la razón de ser, incluso, podria afirmar que me he quedado sin recibir muchos (muchísimos) más que merecidos pero, haciendo memoria, hay algunos que han sido especialmente dolorosos, no solo por los azotes recibidos, sino por el dolor emocional que estos trajeron consigo. Verán, mis queridos lectores, es sumamente difícil explicar las razones por las que un castigo se considera como tal porque, como algunos de ustedes me lo han comentado o hasta cuestionado, los azotes y la disciplina en general es algo que los spankees disfrutamos, y sí, en parte lo es, pero cuando hay emociones de por medio (como la culpa, el arrepentimiento, la decepción, el corazón roto y cosas así) es cuando duele mucho más. Varias veces termino llorando luego de (o durante) una sesión, pero no siempre es por las mismas razones, además. nuevamente se los digo: el hecho de que disfrutemos cierto tipo de dolor no quiere decir que no sintamos, que no nos duela o que no tengamos un límite. Es sabido por todos los que practicamos el spankimg de manera responsable, que siempre hay que hacerlo de la forma más segura posible para todas las partes involucradas, así que es importante tomar en cuenta varios factores para la realización exitosa de una sesion, indepemdientemente de que sea por placer o con fines disciplinarios. Pero no pretendo en este post explicar los qués y porqués de una sesión de spanking, ni tampoco las reglas y protocolos de seguridad, eso podríamos dejarlo como tema para otra ocasión. Lo que quiero dejar claro es que, a pesar de ser alguien que disfruta al recibir azotes, lo hago siempre de la mano de personas cuyp nivel de madurez y responsabilidad son afines a los míos y que, aunque haya quien lo dude, el spanking disciplinario entre adultos existe. Dicho lo anterior quiero confesar que una de las cosas que hacen que mis murciélagos entren en franco alboroto es, sin dudarlo ni un segundo, cuando mi mamá spanko y mi spanker coinciden en algún motivo que los "obligue" a bajarme los calzones y aplicarme un buen correctivo.

 Aprovecho para explicar que tengo 2 spankers, mi spanker "oficial", el que se encarga de mí en la vida diaria y con quien comparto mucho más que un gusto o fetiche; la vida misma, podría decirse...Y mi mamá spanko, una mujer maravillosa que, además de mejor amiga, es mi guía, gurú y ejemplo en muchps sentidos y que, aunque desde otra ciudad, también está al pendiente de mí y mi educación. 

 El año pasado hice algo que, aunque no estoy autorizada para explicar detalladamente (y tampoco estoy lista para hacerlo) puso en riesgo mi estabilidad y seguridad personal, social, de pareja y muchísimos etecéteras que ni siquiera me atrevo a mencionar. Las cosas podrían haber permanecido en absoluto secreto, tanto para mi spanker como para mi mamá, sin embargo, mi consciencia fue más fuerte y en algún momento me obligó a confesar, acompñada de muchísimo arrepentimiento, tan grave falta. No fue suficiente con decírselo a ella a modo de confidencia (de la manera más vainilla posible), sino que tuve que tragarme mi orgullo, bajar la cabeza y confesarle a mi spanker todo lo que estaba pasando. Para ese momento estaba segura de que, además de la culpa que ya corroía todo mi ser, otra parte de mí tendría que pagar con creces la gran estupidez que fui capaz de hacer. 

 La orde de mi mamña fue clara: tienes que decírselo (a mi spanker) o lo haré yo. Y sabía que no tenía opción, al final él se iba a enterara pero, y ustedes coincidirán conmigo, era mejor que fuera yo quien se lo dijera porque, aunque seguramente eso no iba a reducir ni un ápice el castigo que iba a recibir, al menos recuperaría un poco de la dignidad que ya había perdido con semejamte atrevimiento. Así que hice acopio de valor, honestamente no sé de dónde lo saqué, y le dije a mi spanker que quería hablar con él, así que confesé con lujo de detalles todo lo que tenía que ver con el tema en cuestión. Obviamente enfureció, me dijo que era una irrespndable y que no creía que me hubiera atrevido a tanto, pero creo que lo que más me dolió, y ni siquiera recuerdo si fue él mismo quien lo reprochó, fue no haber tenido la suficiente confianza como para contárselo desde el principio. En mi defensa diré que tenía miedo y vergüenza, sabía que estaba haciendo algo muy malo, y sabía también que estuvo en mis manos frenar la situación para evitar que llegara a tanto, pero no lo hice... No sé todavía si no pude o no quise. La confesión fue hecha con voz entrecortada y al borde del llanto porque, además, mi mamá me había dicho que cuando él (mi spanker) decidiera castigarme por este motivo, ella quería estar ahí. Claro que no lo haría físicamente porque, como les dije, ella vive en otra ciudad, pero lo haría vía telefónica, como ya lo había hecho en otras ocasiones. Cabe mencionar que, en esas otras ocasiones,además de decidir y aplicar el castigo corespondiente, mi spanker se convertía en brazo ejecutor del castigo que ella decidiera para mí, así que está vez también se trataría de un castigo por partida doble, y así fue. Eses día él no dijo lo que me haría, dejó que ella tomara la batuta, así que en la llamada telefónica escuché la conversación que ellos tuvieron acerca de mi capacudad para meterme en problemas, el tamaño de irresponsabilidad en el que había incurrido y el nivel de peligro en el que había puesto, no solo mi integridad física, sino todo mi entorno. Se escuchaban ambos tan molestos y decepcionados, pero la mirada aplastante de mi spanker me hacía temblar. Varias veces me ha recriminado la terrible sensación que le provoca tener que poner la cara por algunas tonterías que yo hago, no por el hecho de hacerse responsable de mí, sino porque él espera que mi comportamiento sea mejor cada vez y pareciera que yo me empeño en todo lo contrario. Terminaron de hablar, al parecer, ella dijo solo me daría un castigo, uno solo... y fue ahí donde todo mi ser se contrajo al ritmo de sus palabras:

 Vincent, por favor dale una muy buena cueriza a esa mocosa, que nunca olvide que no debe poner en riesgo su seguridad ni tomar decisiones estúpidas de las que luego se va a arrepentir.

Tragué saliva, él ya tenía el cinturón en la mano. 

- Laura, ¿cuántos asños tienes?, preguntó ella con firmeza. 
- ¿En la fantasía o en la realidad?, pregunté confundida. (recuerden que mi rol de spankee corrrsponde a una chica de 17 años) 
- ¿Lo que hiciste fue en la fantasía o en la realudad? 

Así qie respondí, no era un juego, era un castigo de verdad, más real que nunca antes. Dije el número con voz resignada y en seguida se decidió que me darían, para empezar, la cantidad de azotes corresponediente a mi edad. 38 azotes con el cinturón, 38 cuerazos bien dados en las nalgas desnudas... 38 azotes que yo tendría que contar en voz alta uno a uno. 
 Algunos podrán pensar que no fueron tantos, yo misma lo creería porque he recibido (y soportado sin ningín problema) mucho más que eso... Pero, sin temor a mentir o exagerar, han sido los 38 azotes que más me han dolido en la vida. Mi spanker sabe lo que hace, me conoce como a la palma de su mano, sabe perfectamente mis puntos débiles, la forma de doblegarme y el momento en el que mi orgullo roto se someterá a sus órdenes sin ponerme en riesgo de ningún tipo. No me ahorró ni un poco de dolor, al contrario, se aseguró de que aprendiera muy bien la lección y aplicó el castigo de manera estricta y minuciosa. Ella aceptó de buen agrado, aunque a la mitad hubo que hacer una breve pausa pues yo me retorcía de dolor y atravesé las manos un par de ocasiones... Pero al final el castigo (de ella) fue aplicado al 100% Ellos finalizaron la llamada de esa forma tan respetuosa y cordial con la que siempre se dirigen uno al otro, mientras yo lloraba desconsolada tirada boca abajo en la cama, con las nalgas rojas, ardientes y terriblemente adoloridas. Despúes de ese castigo, él hizo esa hermosa parte que le corresponde al spanker, la del after care, y entre sus brazos lloré mucho más. Estaba muy arrepentida de lo que hice, prometí que nunca jamás volvería a suceder nada parecido y agradecí que me hayan disciplinado, aunque de forma estricta, con amor... 

Le pregunté a mi spanker entre sollozos si me había perdonado y su respuesta me dejó helada: todavía no, el castigo aún no termina, jovencita. 

 YoSpankee.

viernes, 2 de julio de 2021

Ajuste de cuentas.

 Tenía tantas ganas de llegar a casa, de verlo y abrazarlo muy fuerte. Sabía que hoy llegaría temprano del trabajo y, dado que las últimas semanas este lo había absorbido muchísimo, quería aprovechar para recuperar un poco del contacto que tanta falta me había estado haciendo. Bajé del auto con euforia, la emoción se veía en el brillo de mis ojos. Quizá podríamos ver alguna película acostados en el sillón, cenar algo rico y, no sé, tal vez orillar todo a un delicioso y sucio final feliz.

Apenas entré, dejé mis cosas y corrí a buscarlo. Sabía que ya estaba ahí pues vi su auto parado afuera. Lo encontré en el despacho, sentado en el escritorio revisando unos papeles.

- Ay, no...Ya no es hora de trabajar, me prometiste que esta tarde sería para nosotros, exclamé con un exagerado mohín de drama.

- Claro que esta tarde será para ti, cariño. ¿Me quieres explicar qué es esto?

Extendió unos papeles frente a mí y sentí de inmediato que el estómago se me hizo nudos. Se trataba de los estados de cuenta de la tarjeta de crédito, los cuales, yo sabía que estaban por llegar y, a sabiendas de que él nunca revisa la correspondencia y mucho menos los e-mails del banco, pretendía interceptar la información y así evitar que se enterara. Resulta que, desde que dio inicio la pandemia por el covid, me hice un poco (muy) adicta a las compras por internet, tanto que eso nos trajo serios problemas y largas discusiones que, en su mayoría, se realizaban conmigo boca abajo sobre sus piernas.Yo siempre terminaba llorando, suplicando y ofreciendo todísima mi disposición para corregir tan terrible conducta. 

Durante unos meses lo evité, no compré nada, ni por internet ni en persona pues, cuando por fin re abrieron los centros comerciales, sabía que no podría contenerme y, justo en esos momentos, tenía las nalgas rojísimas y muy calientes por alguna tunda , seguramente, bien ganada. Pero soy tan débil, no pude evitarlo, y menos cuando frente a mí se desplegaban todas las ofertas por cambio de temporada. 

Recuerdo que esa noche no podía dormir, él ya sostenía una profunda charla con Morfeo en nuestra habitación, así que me fui al despacho, abrí la laptop y comencé a navegar. La intención era solo perder el tiempo, de verdad era solo eso... Debí ir directamente a Netflix, pero no, me puse a ver ropa, zapatos, accesorios y hasta materiales de trabajo en línea. Yo sé, yo sé, no debí caer, pero lo hice y ahora estaba ahí, a punto de decir alguna de las excusas más estúpidas e increíbles , de esas que solo se me ocurren a mí y en los peores momentos. ¡Carajo!


- Cielo... yo... es que... 

La lengua se estaba negando a colaborar y, un traspié tras otro, solo estaba consiguiendo enfurecerlo más, si es que eso era posible.

- Ahora no sabes qué decir, señorita, como cada vez que te metes en problemas y no encuentras la manera de justificar tus acciones... pero no te preocupes, aquí estoy yo para ayudarte.

Entonces tragué saliva y adopté esa postura que, aunque no me iba a sacar del lío, al menos me ayudaría a prepararme psicológicamente para lo que estaba por venir. Incliné la cabeza, clavé la mirada en mis zapatos y comencé a gimotear. Ya sabía lo que seguiría a continuación y, siendo honesta, no tenía ninguna escapatoria posible a la mano, así que me entregué al drama.

- ¿Por qué lloras?

- Porque me vas a pegar...

- Por supuesto que te voy a pegar, y voy a hacerlo porque te lo mereces...

- Pero es que no hice nada malo. (Dios, que valiente que soy)

- Ah, ahora resulta que estos estados de cuenta son falsos o tienen algún error... Porque si es así, dímelo y en este instante llamamos al banco para solicitar una aclaración. Dijo mientras tomaba el aparato telefónico de la mesa.

- Nooo no no, no hay ningún error, la información es correcta... pero, es que...

- Es que, qué...

- Es que yo voy a pagar ese dinero, cielo, no tienes que hacerlo tú... Hice un último intento.

- Oye, qué buena idea, lo vas a pagar tú, me parece perfecto...

Suspiré aliviada.

- Pero no va a ser con dinero, jovencita, lo vas a pagar con azotes en tus nalgas, así que ve quitándote TODA la ropa... Tenemos el resto del día para ajustar cuentas tú, el cinturón, el paddle, la vara y yo.

YoSpankee



lunes, 22 de febrero de 2021

Recuerdos y él.

Cuando fui consiente de la fecha de hoy, me cayó como balde de agua fría. Hace trece años lloraba inconsolable por la pérdida de una persona que, sin saberlo, fue un parteaguas en mi vida, tanto vainilla como spanko. Fue él quien, a mis tiernos 16, ne hizo descubrir y aceptar mi gusto por los azotes.

La verdad es que fue imposible hacérselo saber pues, cuando yo reconocí mis gustos y comencé a practicarlos, él ya no formaba parte activa en mi vida, es decir, estaba ahí pero ya no éramos tan cercanos, hasta que su enfermedad nos obligó a coincidir de nuevo pero, claro, ya no era un tema del que pudiéramos o debiéramos hablar. 

Pasé a su lado los últimos meses que tuvo de vida y, aunque quizá nunca se lo dije, agradezco mucho haber sido la persona que lo ayudó a despedirse de todo y de todos. 

No podría decir que mi historia spanko sería inexistente sin su participación, porque mentiría, pero sí es cierto que él me enseñó a divertirne y disfrutar algunos juegos que más adelante, en mi adultex, tomaron un maravilloso sentido. 

Sufrí mucho cuando murió y, lo confieso, muchas veces me pregunto, sí las cosas hubieran sido distintivo, si él no hubiera muerto, ¿acaso estaríamos juntos?... Nunca lo sabré, obviamente.

Lo cierto es que sigue en mi mente y en mi corazón, y así será  por siempre...

YoSpankee 

jueves, 28 de enero de 2021

Entre la espada y la pared.

Es sabido por muchos de ustedes que mi vida spanko es un riesgo constante, los factores que la componen suelen mezclarse de forma extraña para, en algún momento, lograr que yo sola me meta el pie, tropiece y caiga estrepitosamente contra el suelo de mis culpas.


Por un lado está mi mamá spanko que, como es propio de su rol, está siempre al pendiente de mí, de mi salud y bienestar en general y, puedo asegurar que, más allá del juego, nos une una entrañable y maravillosa amistad llena de cariño y complicidad pero, ojo, eso no impide que, cuando sea necesario (o ella considere que es así), me ponga algún 'hasta aqui' y me dé mis buenas nalgadas. 


Por otro lado, y más arriesgado aún, está mi spanker que, con su férrea disciplina y poder para controlar mis acciones y reacciones, me trae bien checadita todo el tiempo. Él también es cómplice, soporte y cariño pero, al igual que mamá, no dejará pasar un solo motivo para ponerme las nalgas bien rojas. 

La parte maquiavélica de todo esto es cuando, ellos dos, se combinan o hasta se sincronizan para no dejarme olvidar quiénes mandan aquí y, a pesar de ello, los adoro con toda la fuerza de mi corazón. 

Agradezco el cariño, atención y cuidado que ambos me brindan todo el tiempo. 

YoSpankee 

domingo, 27 de diciembre de 2020

La abuela.

Es curioso que, desde pequeños, muchos de nosotros comenzamos a tener contacto con el mundo spanko de una manera u otra. Más curioso es cuando, dentro de la propia familia, las personas cuentan historias que, sin darse cuenta, iluminan nuestra mente sucia y alimentan nuestras fantasías más perversas.


Se decía que la abuela tenía carácter fuerte, aunque en realidad era mi tatarabuela o algo así. Ella estaba a cargo de la administración de la casa, era la encargada también de la educación de los hijos mientras su marido, fiel a la tradición mexicana, trabajaba de sol a sol para proveer de lo necesario y un poco más a los suyos. 

La abuela Sara era una mujer 'de armas tomar', jamás se detenía ante nada ni nadie. Era una mujer fuerte, tanto física como mental y moralmente. Si había que tomar una escopeta para la cacería o para defender a los suyos, no lo dudaba ni un instante.

Se dice que la cultura en México es machista pero, la verdad, las mujeres mexicanas son las que dirigen el rumbo de la sociedad desde hace mucho tiempo porque es verdad, detrás de un gran hombre hay una gran mujer, la abuela Sara era un ejemplo de ello.

Parte importante del crecimiento y organización familiar era la mano férrea que doña Sara tenía a la hora de educar a sus hijos, especialmente a la hora de corregirlos. Particularmente con las chicas había una disciplina que iba del buen comportamiento a pasar tiempo de rodillas en la sala de estar, recibir unos buenos correazos en los muslos o, en el peor de los casos, recibir dos docenas de azotes en las nalgas con la vara gruesa que mamá Sara guardaba bajo llave en el estante de la cocina. 


Esos eran tres de los castigos favoritos de la abuela y, para cada uno de ellos había un ritual a seguir, tan estricto como cruel. No era para sorprenderse que todos trataran de tener un comportamiento ejemplar pero, bajo la exigencia de doña Sara, era imposible salir impune y no enfrentar la dura mirada que acompañaba la sentencia de tal o cual correctivo. 

El más ligero de ellos consistía en reconocer la culpa,  recoger la falda en la cintura, exhibiendo la ropa interior, arrodillarse a mitad de la sala o la biblioteca y, con los brazos extendidos en cruz, sostener un par de pesados libros con las palmas hacia arriba hasta que ella, mamá Sara, decidiera que había sido suficiente castigo. 
La mayoría de las veces, las chicas cumplían la penitencia con lágrimas en los ojos pues, evidentemente, exponían la intimidad de sus calzoncitos frente a toda la familia y, en el peor de los casos, hasta frente a alguna visita. 


El segundo castigo preferido por doña Sara, de menor a mayor gravedad en cuanto a faltas cometidas, era la correa. Bastaba con que diera la orden: falda arriba y de cara a la pared. Entonces ya no había 'peros', solo obedecer la orden tal cual: subir la falda hasta la cintura y pegar la cara lo más posible a la pared más cercana, esperar a que mamá Sara volviera con la correa en la mano y recibir una ráfaga de cuerazis en los muslos. Claramente, no podían quitarse o meter las manos siquiera, simplemente lloraban, suplicaba que se detuviera, pedían perdón y hacían mil promesas. Al terminar los azotes, debían permanecer de pie, exhibiendo los calzones y, la mayoría de las veces, las líneas rojas y moradas que cruzaban la piel de ambos muslos por detrás. 

El tercero y más fuerte de los castigos, y este era aplicado tanto a hombres como mujeres, era la vara de abedul, dicha vara estaba guardada bajo llave y representaba, para todos los chicos, el peor de sus miedos. Por supuesto, ese castigo, estaba reservado para las faltas más graves y, aunque pocas veces, todos llegaron a probar la furia y el silbido de la vara antes de sentir el latigazo en las nalgas desnudas. 
Todos se estremecía cada vez que la abuela dictaba sentencia y, junto con la 'víctima', se dirigía a la cocina, lugar donde era aplicado tan temido castigo. Llegando ahí, el sentenciado o sentenciada, se despojada de la ropa, de la cintura hacia abajo, y se tumbaba sobre la banca de madera, viendo hacia el piso. Normalmente se abrazaban con fuerza a la viga que servía como asiento pues, lo sabían perfectamente, tenían prohibido moverse o atravesar la mano, so pena de empeorar su situación que, ya de por sí, era terrible. En ocasiones, cuando la víctima se encontraba en posición, mamá Sara mojaba un trapo y lo pasaba por las nalgas de su hijo o hija, a fin de producir un poco más de dolor con los azotes, después, agitaba la vara en el aire, al mismo tiempo que recitaba una cruel regañina que hacía estremecer al más valiente. Acto seguido, decía el número de azotes que aplicaría (que iban de una a dos docenas) y comenzaba a azotar de manera inmisericorde las nalgas a su disposición. Las marcas en la piel eran inmediatas, cada varazo dejaba una visible línea oscura que atravesaba de lado a lado y que, junto con la dolorosa sensación, permanecería durante varios días. 
No había una sola persona que no terminara el castigo con gritos, súplicas y lágrimas, absolutamente nadie quería recibir una paliza así. Al finalizar los azotes se tenía que cumplir un tiempo en el rincón con las manos en la nuca, aún desnudos y a la vista de quien entrara a la cocina en ese momento que, para ser sinceros, si era alguno de los hermanos, no volteaban ni a ver porque sabían lo que era estar en esa postura. 


Los hijos de doña Sara, a pesar de todo, la amaban y respetaban casi con fervor porque, y así lo decían, los educaba con amor y solo cuando era estrictamente necesario. 

YoSpankee 

martes, 15 de diciembre de 2020

De amores...

Dicen que las relaciones spanko o bdsm no pueden incluir amor pero, ¿qué pasa cuando una relación de amor incluye spanking y bdsm?

Cristofer y Lidia se conocieron en el campus de la universidad, ella de origen mexicano y él, estudiante de intercambio, de una prestigiosa universidad española. Desde el primer instante en que sus miradas se cruzaron, una especie de descarga eléctrica recorrió el cuerpo de ambos. El pretexto fue que Cristofer estaba perdido en medio de una facultad de artes que, por supuesto, no era la suya. 

- Disculpe, señorita, ¿sabe usted cómo puedo llegar a la facultad de medicina?

Lidia era una chica 'normal', no atractiva especialmente, pero con un toque de coquetería y gracia natural que, a los ojos de aquel chico ibérico, le hacía parecer muy simpática. 
Ella llevaba el cabello teñido de azul y despeinado de manera desfachstada, aretes de colores, ropa un tanto descuidada, salpicada con pintura que dejaba adivinar su lado artístico. Cristofer, por el contrario, un chico bien vestido, serio, con gafas negras, sonrisa encantadora, cabello ondulado y un aire de madurez un tanto 'anormal' para un chico de veintidós años. .

Ante la pregunta de Cristofer y la disponibilidad de tiempo, Lidia volteó para ver que sus compañeras ya se habían adelantado dejándola atrás, así que decidió acompañar al chico hasta el lugar que estaba buscando, como buena mexicana, hospitalaria y amable.
En el trayecto que recorrieron caminando, ambos comenzaron a intercambiar información: de dónde eres, qué estudias, qué tal la carrera... Además de cosas triviales de las que la chica reía casi escandalosamente o se sonrojaba. Criatofer pensaba que había una mezcla de locura, madurez y un toque infantil que le hacían querer quedarse con ella todas las horas que le restaban al día, pero no era posible, en medio de aulas y laboratorios, ella se despidió con una sonrisa y él le dijo: bueno, ya viste dónde estudio, ahora te toca venir a buscarme, y dicho lo anterior, ella  lo sorprendió con un beso en la mejilla, sonrió, dio media vuelta y salió corriendo.

El movimiento de Cristofer fue arriesgado porque ahora, endría que esperar a que Lidia fuera a buscarlo a su facultad, en caso de que lo hiciera, claro. Aunque él estaba seguro de que así sería, lo que pasó entre ellos ese día había sido real, la atracción fue mutua, inexplicable.

Pasaron varios días y el contacto no se dio, Lidia pensaba que sería muy atrevido de su parte ir a buscarlo y, aunque pensaba en él día y noche, su timidez pesaba mucho más. Cristofer, por su parte, se mantenía ansioso y expectante, pensaba que en cualquier momento ella aparecería en los pasillos de su facultad y, excusándose entre risas, le diría que no había podido ir por cualquier razón sin importancia. Pero no fue así. 
Pasaron un par de semanas y, aunque ninguno olvidaba el encuentro que habían tenido, ambos seguían en su correspondiente rutina estudiantil. Ella sus trazos y pinceles; él sus libros, microscopios y batas blancas.

Una tarde, los compañeros de Cristofer, extranjeros la mayoría, organizaron una salida al cine. Él aceptó acompañarlos pero de mala gana pues, en general, su ambiente era más cómodo en solitario, sin embargo, tenía ganas de distraerse y se unió al plan. Dentro de la sala de cine, sus compañeros empezaron a comportarse como niños pequeños, reían a carcajadas y no paraban de hacer comentarios estúpidos e incómodos para el resto de los clientes que, aunque pocos, sólo querían disfrutar la película en paz. 
Cristofer trataba de callarlos, él se daba cuenta del escándalo y, además, le parecía muy vergonzoso soportar el ¡shhhhhh! que venía de otros rincones de la sala hasta que, de manera increíble, vio cómo sus amigos lanzaban palomitas a los asientos de adelante y, sorpresivamente, una chica se puso de pie, les lanzó una mirada de fuego, les aventó un vaso lleno de refresco con hielos y salió de la sala con pasos largos mientras gritaba un furibundo: ¡imbéciles!

Vaya sorpresa, la chica de cabello azul, sonrisa encantadora y mirada coqueta había estallado frente al grupito de amiguetes que, sin lugar a dudas, se habían ganado tanto el insulto como el refresco encima. Como rayo salió tras ella.

- ¡Lidia!
Ella se detuvo en seco, reconoció la voz de inmediato y, la furia con la que salió de la sala de cine, se transformó en una gran sonrisa y brillo en los ojos. 

- Ho hola. Tartamudeó. 

Entonces,  Cristofer hizo lo que consideraba que debía haber hecho desde la primera vez. La tomó de la cara con ambas manos, tiernamente se acercó a ella y, cuando sus labios se encontraban a muy pocos centímetros de distancia, le preguntó por qué no había ido a buscarlo, a lo que ella, temblando por la emoción, bajó la mirada avergonzada y balbuceó un tímido 'lo siento'. 

- No importa, dijo Cristofer, ya encontraré la manera de hacértelo pagar. Y le dio un beso suave y húmedo en la boca. 

A partir de ese día fueron inseparables, trataban de pasar el mayor tiempo posible juntos y compartían todo lo que les gustaba. Ella disfrutaba mucho mostrándole su ciudad natal, contándole datos curiosos de la historia de México y sus lugares maravilloss. Cuando podían, subían a algún autobús que los llevara a conocer lugares cercanos y así, con la convivencia y el contacto, otras cosas fueron pasando. 
La primera vez que se encontraron en la intimidad, estaban en el departamento que él alquilaba junto con otros compañeros pero, por suerte, ese día no estaba ninguno ahí. Encerrados en la habitación, en medio de besos apasionados y caricias intensas, Cristofer intentó desabotonar la blusa de Lidia, sin embargo, ella reaccionó a la defensiva pues, a pesar de ser una chica hermosa, tenía serios problemas de autoestima e inseguridad. 

. ¿Qué pasa?, preguntó Cristofer preocupado.

Ella solo bajó la mirada, notablemente sonrojada y él, de inmediato, entendió de lo que se trataba, así que intentó hacerla sentir más cómoda. La puso de pie, la besó con ternura y suavidad, lentamente le dio la vuelta para abrazarla por la espalda y, con pasos lentos, la llevó frente a un espejo de cuerpo entero y, ya ahí, comenzó a decirle lo hermosa que era, lo atractiva y sensual que le parecía, lo mucho que le excitaba mirarla y sentirla todo el tiempo. Ella parecía aceptarlo y, aún con la cara roja, sonreía mordiéndose los labios.

- ¿Puedo preguntarte algo, Cris?
- Por supuesto, nena, lo que quieras.
- ¿Por qué te has fijado en una chica tan fea y desagradable como yo?
- Lidia, te prohibo que vuelvas a decir algo así, me parece un absurdo total.
- Pero Cris, solo estoy jugando, no es para que te enojes.
- Pues no quiero que vuelvas a decirlo, ni jugando, o tendré que...
- Tendrás qué... termina la frase.
- Tendré que darte unos azotes en el culo, y ya, cambio de tema.

Ese día las cosas no pasaron a más, terminaron viendo una película acostados en la cama, muy abrazados pero aún con el enfado por los comentarios de Lidia, sin embargo, ambos se dieron cuenta de la revolución interna que había provocado la amenaza de Cris. Ella notó una humedad entre sus piernas y se preguntaba qué había sido eso y, de pronto, se vio reconociendo para sí misma que desde siempre había deseado algo así, alguien que le pusiera límites y se los marcara exactamente de la forma en que Cristofer se lo había anunciado. Él, por su parte, no dejaba de pensar en el brillo inmediato que notó en los ojos de su chica en cuanto le mencionó la posibilidad de azotarle el culo, Dios, lo deseaba tanto.

En la mente y la entrepierna de ambos chicos, algo se había despertado. Los dos estaban conscientes de sus deseos pero, al mismo tiempo, se sentían avergonzados de demostrárselo al otro. Cada noche, en sus respectivas camas, los dos jugueteaban con la idea y daban rienda suelta a la fantasía haciendo que el deseo creciera más y más cada vez, y gozando de las reacciones de su cuerpo con tan solo imaginarlo.

Era obvio que no pasaría mucho tiempo para que tuvieran que enfrentar la situación y, sorpresivamente, fue ella quien tomó la iniciativa.

Se había vuelto habitual pasar las tardes juntos, luego de las clases en la universidad, compraban algo para comer y cada uno hacer sus deberes escolares. Así, una de esas tardes, Lidia, con muchísima timidez, le preguntó a Cris si, la amenaza lanzada el otro día, había sido en serio y él, con una casi imperceptible sonrisa perversa respondió, ¡por supuesto que fue en serio!

- Es que, sabes, creo que quiero que lo hagas. Dijo la chica con el rostro rojo como un tomate y la mirada baja. 
Pasaron unos segundos que parecieron una eternidad, hasta que, Cris la tomó de la mano con suavidad y ternura, la atrajo hacia él, la abrazó con mucho cariño y le dio un beso agradecido en los labios. La fantasía de ambos chicos estaba a punto de hacerse realidad. 

Sin más preámbulo, Cristofer colocó a Lidia sobre sus rodillas, con gran parsimonia y nerviosismo la colocó boca abajo y, tomándola firmemente por la cintura, le dijo:

- Lidia, has sido una niña muy mala, ahora tendré que castigarte porque lo mereces, porque soy tu padre y tú mi niña malcriada que necesita mano firme y unos buenos azotes en el culo. 

Ella no daba crédito, aguardaba quieta y en silencio pero, internamente, tenía una revolución de emociones y sensaciones tan confusas como agradables. Reaccionó con un gran suspiro a la primera palmada que hizo que su cuerpo se contrajera en una mezcla de dolor y excitación, así fueron cayendo las nalgadas y los cuerpos de ambos chicos reaccionaban ya. 

Los ojos de Lidia comenzaron a llenarse de lágrimas, no tanto por dolor, sino por un inexplicable placer. Desde niña había deseado ocultamente una situación así, por fin estaba sucediendo. Y él, aún sin habérselo contado a ella, recordaba aquellos juegos infantiles en los que, de manera inocente, bajaba el calzoncito de su vecina y le daba unos cuantos azotes sobre la piel desnuda. 

- Lidia, pide perdón por tus faltas y agradece la disciplina. 

Pero Lidia no sabía cómo hacerlo y, mientras lo descubría, su falda fue levantada y su calzoncito rosa fue a dar hasta sus muslos. Cristofer percibió de inmediato el hipnotizante aroma íntimo de su chica, lo aspiró con ansiedad, dio algunas palmadas muy fuertes sobre el culo ya rojo de Lidia y, el contacto con la piel suave y caliente, lo volvió loco. De inmediato fue a buscar lo que tanto deseaba, introdujo sus dedos en ese pequeño rincón que, deliciosamente, ofrecía una cálida humedad que sólo demostró hacer juego con la evidente erección que Cris tenía dentro de sus pantalones. 

Al final, ambos se despojaron de la ropa con gran ansiedad y terminaron cogiendo de forma frenética sobre la cama individual de la habitación de Cris. 


Lo que pareció un inocente encuentro entre dos chicos universitarios, dio lugar a una maravillosa historia de amor, sexo, spanking y dominación que apenas comienza. 

YoSpankee 
_____________________

Si usted, querido lector, quiere saber más de la vida de Lidia y Cristofer, deje aquí sus comentarios, están por descubrir los juegos de medical y la sodomia.
😉 

lunes, 2 de noviembre de 2020

Calaverita para mi Amo,

Había llegado el momento 
Ella era culpable
No importaban sus argumentos 
Cuánto llore o cuánto hable. 

La sentencia está dictada
El Amo no se tienta el corazón 
Teniendo a su sumisa atada
Ahora va y le baja el calzón. 

Qué bonitas nalgas tienes 
Y mira que son traviesas 
Les hace falta eso que tanto temes
Unos azotes con las tablas gruesas. 

Lo que tú digas, mi Señor 
Sé que merezco el castigo 
Es cierto que siento temor 
Pero todo es mejor estando contigo 

Qué bueno que lo entiendes
Eres mía, me perteneces 
Tu sumisión me sorprende 
Y a veces también me enterneces. 

Mi dolor es tu placer 
Mi amadísimo Señor 
A ti me voy a someter 
Castígame, por favor.

Qué bonito se ve este par
Espiaba la muerte la escena
Lástima que me los voy a llevar
Antes de la hora de la cena.

YoSpankee

jueves, 20 de agosto de 2020

HOY

Hoy solo vengo aquí para decirles que estoy bien, estoy feliz y estoy más viva que nunca. YoSpankee es un proyecto que me genera, además de un gran compromiso, un gran cariño y agradecimiento pues, sin temor a equivocarme, de aquí he obtenido amistades invaluables, experiencias maravillosas y lecciones de vida indescriptibles.

Hoy agradezco a la vida por todo y tanto, agradezco a mi spanker por su cariño y apoyo incondicional, a mis amigos por ser soporte y energía para seguir adelante... Gracias, miles. 

El blog, la página de facebook, el grupo y todas y cada una de las muestras de afecto son lo que me hace sonreír y hacer frente a cada reto, así que, hay YoSpankee para rato. 

Por ahora sigo convaleciente, hace dos semanas y media estuve en quirófano y estoy en pleno proceso de recuperación. Afortunadamente me siento mejor y más fuerte cada día, amenazo con volver muy pronto con más letras, más fantasías y muchas más nalgadas. 

Les deseo lo mejor a todos ustedes que siempre están pendientes de mí, sin duda alguna son parte de mi vida y de mi crecimiento... 

YoSpankee 

miércoles, 3 de junio de 2020

COVID-19

Todos los que sobrevivan(mos) a esta situación, difícilmente olvidaremos ese término: Covid-19. A todos nosotros, en mayor o menor medida, la vida nos ha cambiado a partir del virus.

Más allá de la sana (aunque triste) distancia, los cubrebocas, el alcohol en gel, el cloro, el jabón aquí y allá; han sido cientos de miles de vidas perdidas y eso, sin importar nacionalidad, credo, raza o nivel socioeconómico, duele... Duele mucho.

Antes del covid, dábamos por sentadas tantas cosas. Quizás éramos felices y de verdad no lo sabíamos. 

Quien pretenda tomar esta situación con madurez y filosofía, perdón, pero también lo hacen sin un mínimo de sentimientos, humanidad y empatía. 

Cada vez que me pongo sensible y mojo (virtualmente) el hombro de mi spanker, le digo con todo mi corazón lo mucho que deseo que esto termine... Pero sé, estoy segura, que nada volverá a ser lo mismo después del Covid-19. 

A quienes lo han padecido, ya sea de manera cercana o en carne propia, les envío un abrazo con cariño y todas las vibras, las mejores y, por supuesto, mis oraciones. 

Veamos hasta dónde nos conduce esto. 

YoSpankee 

martes, 5 de mayo de 2020

CUANDO TODO ESTO PASE.


Nada es para siempre, eso es lo que dicen y debe ser cierto... Sin embargo, muchos de nosotros no estamos dispuestos a esperar para comprobarlo.

Personalmente, nunca imaginé vivir una experiencia así. Tener que permanecer encerrada, dejar de ver a la gente que amo, alejarme de los lugares y personas que me hacían sentir bien. Hoy se trata de supervivencia, pero no es fácil. Estamos tan acostumbrados a vivir en un mundo de inmediatez que, esperar, nos parece un infierno. No hay de otra. 

'Cuando todo esto pase', es la frase de moda. Todos tenemos planes y deseos para cuando eso suceda pero, para ello, hay que llegar con vida y salud de todos los tipos. 

Es un reto, hay un objetivo y yo, queridos amigos, quiero llegar ahí, a ese punto añorado, cuando todo esto haya pasado ya. 

YoSpankee 

domingo, 8 de marzo de 2020

8M

Hoy, simplemente, no se puede permanecer indiferente. El 8 de marzo ha sido asignado como el Día Internacional de la Mujer, en conmemoración de la lucha y el sacrificio de un grupo de mujeres que, con su vida de por medio, exigieron igualdad de derechos laborales, sociales, económicos, etc.

Personalmente, agradezco a todas y cada una de las que, desde su trinchera, hoy en día mantienen una lucha permanente por sobresalir, por ser respetadas, más que queridas, y admiradas por la increíble labor que desempeñan en todas y cada una de las facetas de la vida.

YoSpankee es un esfuerzo por aportar un granito de arena en pro de la libertad sexual. A mí no me somete un hombre, yo me someto a los deseos de mi cuerpo y los complemento con los de la persona que comparte conmigo esta maravillosa experiencia. 

Desde este espacio, animo a todas las mujeres a luchar por sus deseos y ser fieles a sus ideales, solo eso, con coherencia y esfuerzo, muchas cosas se pueden lograr. 

YoSpankee 


domingo, 1 de marzo de 2020

45. Crónica de un cumpleaños.


Todo depende del cristal con que se mire, la relatividad envuelve siempre, de acuerdo al lado de la situación que cada uno esté ocupando. 45 puede ser un número pequeño si se trata de pesos, pero puede ser grande si se trata de espinas clavadas, ¿cierto?

Llegó el día del cumpleaños de mi spanker e iríamos a festejarlo con su grupo de amigos 'bdsmeros', yo ya sabía, pues él mismo me había contado, que el año pasado también lo festejaron dentro de ese ambiente y que, según la tradición, él recibió la misma cantidad de azotes como años cumplidos, 44 en ese entonces.

No voy a mentir, yo tenía mucha curiosidad por saber cómo sería, además de la tradición de los azotes cumpleañeros, la dinámica de celebración en un ambiente que para mí es totalmente nuevo. 

En una ocasión ya había tenido yo la oportunidad de interactuar con algunas personas de ese círculo pero, honestamente, esa vez lo hice de manera tímida y sumamente reservada, además, ahora era distinto porque quería que todo fuera perfecto pues, era cumpleaños de mi hombre. 

No me atraía la idea de verlo siendo azotado, más allá de la mera diversión que aquello prometía, sin embargo, una noche antes del evento, a modo de burla le dije cuán ansiosa estaba porque llegara ese momento y, sorpresivamente, su respuesta no me permitió estar tranquila a partir de ese instante: para eso te llevo a ti, dijo muy seguro. 

De inmediato comencé a quejarme, no era justo que, siendo SU cumpleaños, quien recibiera los azotes  fuera yo. No, señor.

Así llegó el día siguiente y con ansiedad y mucha curiosidad, me alisté para la reunión, estaba dispuesta a disfrutar de toda la experiencia, a pesar de la injusta amenaza. 

Fuimos hasta el lugar de la reunión, la casa de uno de los amigos de mi spanker a quien, para fines prácticos, llamaremos 'el Guasón' y, además de él, ya estaba otro chico, también muy amigo de mi spanker, a quien llamaremos, el sobrino Shibarita. Cabe mencionar que a ambos los había conocido en la reunión anterior y, en consecuencia, me sentía dentro de un ambiente de confianza. Al final, la reunión la hicimos solo los 4 y, aunque habría sido genial que llegara más gente, la verdad es que nada hizo falta.

El Guasón nos consintió con una comida deliciosa y, desde ese momento, la charla comenzó a fluir y, aunque era obvio que la dinámica entre ellos ya es sabida, me hicieron sentir cómoda e integrada. El sobrino Shibarita es alguien con mucha curiosidad de todo y, al mismo tiempo, una persona dispuesta a compartir todo lo que sabe, en este caso, el arte del shibari (Googlee si no sabe de lo que le hsblo).

Mi spanker estaba en su elemento, me complacía muchísimo verlo contento y disfrutando la charla y la compañía. Él llevaba todo su arsenal de instrumentos y juguetes, así que, obviamente, en algún momento comenzó el intercambio de ideas y experiencias. 


Primero fueron las cuerdas, el sobrino hizo gala de su habilidad y su disposición para enseñar un poco a los ahí presentes. El Guasón también me sorprendió, tejió una hermosa telaraña sobre el pecho de mi spanker y, lo que jamás había sido de mi interés, comenzó a cobrar importancia dentro de mis gustos y mis fantasías. Carajo, mi YoSpankee comenzó a revolucionar de inmediato, más, en el momento en que mi spanker, después de ser desatado, me envolvió en un montón de nudos con cuerdas de yute.


Ustedes saben, queridos lectores que, si la spankee es risueña, no hay que hacerle cosquillas. En fin, comenzó la experiencia. 

Antes, durante la charla mientras comíamos, el Guasón mencionó que tenía un banco de trabajo que podía servir muy bien para una sesión de bdsm, así que lo llevó ante nuestros ojos y yo, novata como soy en todo esto, comencé a desarrollar mil y un fantasías sobre el mueble aquel pero, obviamente, todo sucedía solo en mi cabecita spankee.

No tuvo que pasar mucho tiempo para que, tanto mi spanker como sus amigos, insistieran en usar el banquito de madera, así que, ningún 'pero' fue suficiente para evitarlo.


Debo decir que una de las cosas que más vergüenza me producen es, justamente, ser castigada frente a más personas y, aunque mi spanker lo sabe, él está dispuesto a hacerme probsr mis límites,asi, con ayuda (presión) de mi querido y cumplesñero spanker, quedé montada sobre la barra superior del mueble, aún con puchero, terminé tumbada boca abajo con las manos pegadas al cuerpo pues, las cuerdas, me mantenían privada de cualquier movimiento.

Con las piernas separadas y el cuerpo descansando sobre el rústico soporte, mis nalgas quedaron cómodamente al alcance de mi spanker que, sin tardanza, comenzó a hacer uso de la variedad de instrumentos que tenía a disposición. Flogger, fusta, cuartas, palas de madera y varas de bambú azotaron nalgas, muslos y pantorrillas. Afortunadamente, mis jeans ofrecían gran protección pero, aún así, el dolor comenzó a hacerse presente en breve. 

Varias cosas pasaban por mi cabeza, entre ellas, muchísima vergüenza por la forma en que estaba siendo azotada, para placer de mi spanker, en presencia de dos chicos dominantes que, de ahí en adelante, propusieron castigos para esta inocente y bien portada spankee. También, confieso, otro de mis temores era que, en cualquier momento, mi spanker cediera la batuta a cualquiera de ellos, lo cual, no me habría molestado en lo absoluto pero habría incrementado la vergüenza y la humillación que, de por sí, ya sentía al estar siendo castigada y quejándome ante cada azote.

La posicion en la que estaba, aunque parecía cómoda, de pronto se volvió dolorosa y se los hice saber. Mi spanker me levantó de la viga y me ayudó a bajar de tan creativo invento (me quedé con muchas más ideas para darle uso pero, shhhh), me quitó las cuerdas y me premió con un beso y un gran abrazo que me devolvieron el alma de inmediato. Las nalgas punzaban ya pero, ni así, supe mantener un comportamiento de spankee decente, al contrario, el primer castigo sólo fue alimento para seguir provocando y buscando hasta dónde podía llegar mi YoSpankee frente a testigos.

La charla era tan divertida y se tocaban temas de manera tan natural que, sin exceptuar ningún momento, me sentía muy contenta, mucho más al ver la sonrisa de mi spanker que disfrutó todo el tiempo. 

Mis nalgas pagaron caro pero también, debo decir, me libré de muchas. No así cuando, después de algún comentario atrevido, fui llevada a las piernas de mi spanker y ahí, también en presencia del Guasón y el sobrino Shibarita, recibí una tanda muy fuerte de nalgadas que me hicieron saltar, gritar y casi arrepentirme de mi mal comportamiento. Dos veces pasó lo mismo y, seguramente, sí la reunión hubiera durado más, habrían sido otras tantas.


Obviamente, las habilidades del sobrino y las instalaciones tan adecuadas en casa del Guasón no podían desperdiciarse, así que, de manera improvisada, la spankee terminó de manos atadas en lo alto, de cara a la pared, primero con un tiempo de castigo en el rincón y, después, siendo fuertemente azotada mientras la circulación de sangre en las manos, era debidamente vigilada por el sobrino. Argh!


Después de muchos azotes, risas, acusaciones y nalgas adoloridas, llegó el momento más esperado, al menos por mí: los 45 azotes de cumpleaños. Yeah!!

Al principio mi spanker insistió en que lo correcto era que yo, su spankee, recibiera todos los azotes que correspondían por su cumpleaños pero, en complicidad con los otros dos dominantes ahí presentes, insistí en que la lógica indicaba que sólo él, recibiera los azotes pues, cada uno de ellos, representaba un buen deseo para la vuelta al sol que recién comenzaba. 

Al final, con negociación de por medio, él recibiría 90 azotes (45 de cada uno de los presentes) y, los que me habría correspondido aplicarle, por respeto y a modo de regalo, los recibiría yo.

Todos y cada uno de los azotes que le asestaron, algunos con una maravillosa técnica, valieron la pena. No me encantó verlo retorcerse de dolor, es decir, no de manera particular pero, la verdad, fue sumamente divertido. Escucharlo contar en voz alta y quejarse con la vara de bambú, me hizo la noche aunque, después, yo pagaría con creces.

De nuevo me ataron las manos y, esta vez me taparon los ojos, de nuevo probé varios instrumentos y, a pesar de contar puntual y claramente todos y cada uno de los 45 azotes correspondientes (que además dolían mucho pues mi pobre cola había sido ya bastante aporreada), la cosa no quedó ahí. Amablemente, el sobrino Shibarita hizo mención de que, como él era el spanker y además el chico del cumpleaños, podía decidir seguir castigándome más allá de los 45 establecidos.


Entonces vino el hielo que, lentamente, recorrió mi cara, cuello, pecho y espalda. Las pinzas de bambú prensaron mis brazos, lengua y pezones. Mi cuerpo y mi mente estaban, para ese momento, dispuestos a eso y más. Recibí tantos azotes que, después de todo, contabilizarlos era imposible y, aún así, habría podido recibir muchísimos más. Después de cada castigo, obtener como premio los labios húmedos de mi spanker, sus brazos cálidos y, lo mejor de todo, su satisfacción y placer, fueron lo mejor, lo que hizo tan mágico un cumpleaños anunciado.

Feliz cumpleaños, Vincent, mi querido spanker.

YoSpankee 

martes, 25 de febrero de 2020

Spankee / spanker


Siempre he dicho que la vida se trata de aprendizaje constante. Es imposible saberlo todo, incluso si hablamos de spanking. Hay personas que creen que, por llevar varios años en esto, soy una experta en el tema, lamento decepcionarlos. 

Se puede (debe) aprender de todo y de todos. Cada experiencia, así como cada persona que se cruza en nuestro camino, bien o mal, nos conduce a un tipo de aprendizaje que, depende de cómo lo enfoquemos, puede convertirse en una gran lección.

Yo he aprendido muchas cosas de mi spanker, a continuación la lista de 10 de ellas:

1. Las cosas no suceden por casualidad, sino por causalidad. Yo soy responsable de mis acciones y las consecuencias de ellas. 
2. Mi bienestar y mi estabilidad solo dependen de mí pero, después de todo, una buena charla y, si es necesario, una buena catarsis siempre ayudan. 
3. Los castigos, tarde o temprano, siempre llegan, muchas veces, en el momento o de la manera menos pensada.
4. Vida solo hay una y se trata de disfrutarla al máximo. 
5. No importa el sabor del helado, compartido, es muchísimo más delicioso.
6. Las formas importan, es decir, el respeto y la educación son muy importantes en este y todos los mundillos pero, si se omiten frente a él, algo no tan bueno para mis nalgas pasará después.
7. No puedes decir que algo no te gusta si no lo has probado. Este punto no aplica para todo, es cuestión de lógica y criterio, les aseguro que yo sé que no quiero probar el veneno, por ejemplo. 
8. Vive el momento, lo demás lo resolvemos luego. 
9. Sé tú misma, eres muy valiosa.
10. El mayor aprendizaje que he obtenido de mi spanker es la confianza. He aprendido que vale mucho la pena quitarse velos, atreverse, ponerse en las manos de alguien más. He aprendido a querer y ser querida, a confiar y ser confiable, a dar y recibir de una manera maravillosa y deliciosa.

Gracias por todo esto y lo que aún falta por aprender y disfrutar. 

YoSpankee 

lunes, 10 de febrero de 2020

Castigo de película. Parte 1


Habíamos quedado para ir al cine, yo iría después de convivir con mis amigas y él, al salir del trabajo. Tuve tiempo de adelantarme pues estaba muy cerca del lugar y como, seguramente, él llegaría corriendo, compré las entradas, palomitas y refrescos. Me senté a esperarlo y, mientras, estuve revisando mis redes sociales. Estaba tan entretenida que no me di cuenta que llegó, hasta que sentí sus brazos rodear mis hombros. Me giré para verlo y me puse de pie para darle un gran abrazo. Él, por su parte, me llenó de besos el rostro y, finalmente, me regaló un largo y húmedo beso en los labios.

Parecía una escena sacada de una de esas películas rosas, hasta que él, separándose de mí, con una mirada furiosa y ese tono de voz que no deja lugar a dudas, preguntó:

- ¿Estuviste fumando?

Confieso que sí, estuve fumando un poco pero, según yo, tuve la precaucion de lavar mi boca, tomar pastillas de menta y ponerme perfume, ¿cómo percibió el aroma o el sabor del tabaco?

- Nnno, yo no... 

Desafortunadamente, soy pésima mintiendo... 

- Por tu bien, es mejor que no me mientas, jovencita... 

Ja, si lo único que quería era mentir, mentir de la manera más descarada posible. Sé muy bien que él odia el cigarro, más allá del olor, odia que las personas consuman cosas, de manera voluntaria, sabiendo que le están haciendo un daño terrible a su cuerpo. En cuestión de disciplina, que es como funciona nuestra relación, fumar es una de esas cosas que están estrictamente prohibidas, una de las que se encuentran en el límite de lo inimaginable pero, si les soy sincera, no era la primera vez que lo hacía a sus espaldas pero, sí la primera que era sorprendida.

- No te enojes, por favor, solo fue un cigarrillo, no es para tanto, ¿sí?

Intenté usar la mejor de mis sonrisas, además, la película estaba por comenzar y se lo hice saber pero, lo único que obtuve como respuesta fue que me arrebatara los boletos y los rompiera en mi cara. 

- Esto te va a costar muy caro, señorita. 

Acto seguido, tiró refrescos y palomitas a la basura, algunas personas ya nos miraban, me moría de vergüenza, solo me limité a bajar la cabeza y esperar su siguiente movimiento. Era obvio que se acababa de cancelar la noche de cine, así que, había qué ver cuál sería su decisión aunque, seamos sinceros, todos sabemos hacia dónde conducirá esto. 


Visiblemente molesto, me tomó del brazo y me sacó del complejo de cines, yo solo me dejé llevar pues, la verdad, no estaba en condiciones de negarme a nada. 
No estoy segura si hay un sentimiento de mayor humillación y vergüenza, que ser atrapada es una mentira y, peor, en público. ¡Argh!

Cuando íbamos cruzando a paso rápido el oscuro estacionamiento, intenté dar una explicación, pero fue totalmente en vano, mis argumentos fueron silenciados con una fuerte nalgada que me hizo saltar y entender la gravedad del asunto. No sé si alguien vio o escuchó pero, en ese momento, esa era la última de mis preocupaciones. 
Fue, hasta llegar al auto, que me dirigió la palabra pero, solo para volver a decirme, esta vez en un susurro amenazante:

- Esto lo vas a pagar muy caro, jovencita. 

Tragué saliva y subí rápidamente al auto, me hundí en mi asiento y, mientras abrochsba el cinturón de seguridad, unas ganas terribles de llorar me invadieron. Sabía que había hecho mal y me dolía mucho que, por mi culpa, nuestra noche de cine se haya estropeado así. Él también se veía muy incómodo, vi cómo sus manos apretaban con fuerza el volante y su mandíbula se crispaba sin poder o querer decir nada, las lágrimas ya bañaban mi rostro.

Casi todo el camino transcurrió en silencio, yo no me animaba a decir nada, sabía que no estaba en condiciones y lo único que hacía era seguir llorando pues sabía, perfectamente, que al llegar a casa iba a tener que enfrentar el terrible castigo.

Poco antes de llegar, comenzó a hablar, su tono era suave pero claro:

- ¿Por qué lo hiciste?

No respondí, sólo gimoteaba y pensaba en la muy remota posibilidad de librarme de esta. 

- Te juro que no lo entiendo, sabes muy bien que lo tienes estrictamente prohibido, sabes muy bien las consecuencias que esto tendrá. En serio, pareciera que te burlas de mí, de mi autoridad y, peor aún, que no te importa tu salud.. Pero te lo digo bien claro, señorita, te vas a arrepentir de cada bocanada, de cada mentira, de cada decisión estúpida... 


Llegamos a casa, metió el auto a la cochera y, sin esperar a nada, se bajó rápidamente para llevarme a rastras, no sólo hasta la casa, sino hasta la habitación. Cabe mencionar que, todo el trayecto, desde el auto hasta la recámara, lo pasé llorando y suplicando. Estaba aterrada, no sabía lo que iba a pasar y, a estas alturas, sospechaba que el castigo sería muy duro.

Ya en la habitación, me condujo hasta el rincón con unas cuantas nalgadas bien puestas, las cuales, recibí sin meter la mano pero gritando como si me estuviera dando la paliza de mi vida.

- Esto no es nada, niña, no seas exagerada. 

Pero es que estaba tan aterrada, no controlaba mis reacciones. Después escuché que buscaba algo en el closet, sonaba un tintineo distinto cada vez, pero no tenía permitido voltear, aunque la curiosidad y la ansiedad me estaban matando.

Mientras pensaba en todas las posibilidades, poco a poco, mi respiración fue volviendo a su ritmo, hasta que fui llamada por mi nombre completo (con todo y apellidos), lo cual me hizo estremecer. 

Él estaba sentado en el borde de la cama, ya listo para comenzar a castigarme pues, en cuanto me giré, con pequeños golpecitos sobre su muslo derecho me indicó adoptar la posición para ser nalgurada y yo, sin pensarlo, obedecí de inmediato. .

Apenas terminé de acomodarme sobre sus piernas, una lluvia interminable de azotes comenzó a caer, no hubo regaños o preguntas, sólo nalgadas que caían con fuerza en una nalga y en la otra de manera alternada, cubriendo desde arriba hasta los muslos y poniendo particular énfasis en el área donde se une la pierna con los glúteos. Yo solo me retorcía y lloraba, mientras me deshacía en disculpas y promesas.

No pasó mucho tiempo, aunque a mí me pareció una eternidad, bajó los jeans junto con los calzones, lo hizo con gran enojo y los llevó hasta mis tobillos. Eso, inequívocamente, es señal de que el castigo no se limitará a las nalgas, como en otras ocasiones, muslos y pantorrillas también serían azotados.

Por más que lloré y pedí mil perdones, nada lo detuvo, azotó cada espacio desde la parte alta de las nalgas, casi hasta los tobillos. Para entonces ya me había dicho lo decepcionado que estaba de mí, lo malo que es el tabaco para el cuerpo y, peor aún, cada uno de los químicos que componen un cigarrillo... Entendí que hice mal pero no, aún no era suficiente castigo para considerar lección aprendida. 

Se detuvo abruptamente y, levantándome en vilo, me llevó hasta el rincón de nuevo, las manos sobre la cabeza, las nalgas y piernas bien rojas, y el llanto interminable. 

Volví a escuchar el tintineo pero, otra vez, tuve que vencer las ganas de voltear. Después de unos minutos y algo de ruido en la habitación, fui llamada de nuevo hacia él. 

Sobre la cama, una montaña de almohadas y, sobre el respaldo del sofá, 7 cinturones de grosor y textura distintas. De nuevo tragué saliva. 

- Bien, señorita, al parecer hace falta dejarte bien claras las reglas. Durante una semana, vas a probar un cinturón distinto cada día, las veces que se me dé la gana porque, por lo que demuestras, aquí se hace lo que a cada uno le da la gana, ¿cierto?

Quise responder, defenderme un poco pero, caray, no tenía argumento alguno. Solo me limité a llorar y sobar mis nalgas al mismo tiempo. 

- 7 cinturones, 7 días... Al terminar esa semana, te infornaré cuál será tu castigo. 

- Ppppero, ¿este no es el castigo?

Qué pregunta tan inocente y tan ilusa la mía. Creo que lo vi sonreír un poco. 

- No, esta es apenas la primera parte. 

YoSpankee 

domingo, 2 de febrero de 2020

Bambú



Uno de mis cantantes favoritos de toda la vida, además de amor platónico y objeto de mis deseo es, el español, Miguel Bosé. Desde muy joven (yo), el susodicho, formaba parte de mis fantasías erótico spanko pero, hoy, más que nunca, una de sus canciones me suena más spanko que nada: bambú.

La letra de esa canción llega a ser bastante sugerente, todavía no termino de decidir si tiene que ver con mi nacionalidad (mexicana) y el uso del doble sentido que manejamos en mi país, o mi muy marcado gusto (casi obsesión) por el spanking y el (recién adquirido) placer de mi spanker por usar varas de bambú para azotar mis nalgas.

Y mientras que ella plancha el corazón
Yo le doy Bambú
Turap tuhe, oh yeah
Y mientras ella con pasión
Da la llave yo le doy Bambú
Turap tuhe, oh yeah

La última vez, mi spanker llevaba 4 varas nuevas, mucho más delgadas que las que había estado usando antes. Confieso que tenía cierta 'necesidad' por probarlas y conocer la sensación que provocarían, no sólo en mí piel, sino en mi YoSpankee que, de por sí, ya estaba con el corazón al mil pues, poco antes de ver de frente a las dichosas varitas, mi spanker, con esa voz dulce que logra engañar a la más ilusa, preguntó: ¿qué pendientes tenemos, señorita?

No sé ustedes pero, yo, al escuchar ese tipo de preguntas o expresiones, me transformó por completo, no importa cuán parlanchina o sonriente haya estado, en ese momento, me 'contraigo', me hago pequeñita y me entrego a la situación

¿Que qué pendientes tenemos? Vaya, creo que no terminaría y, por supuesto, mis nalgas no sobrevivirían si es que yo me animara a responder con total honestidad, así que, apelando a la mala memoria de mi spanker y con carita de puchero, me hice la loca. ¡Qué ilusa!

Es cierto que mi spanker está siempre al pendiente de mis faltas y, aunque a ratos parece que las olvida, mágicamente, al tener mis nalgas a su disposición, se acuerda de todo. Parecería una injusticia, una trampa de la vida pero, si nos ponemos exigentes, es lo correcto. Creo.

Como dije, las varas eran más delgadas que las que ya habían impactado mi cola otras veces y, en consecuencia, eran mucho más ligeras. Supongo que esa es la treta, una se confía y subestima el poder de un varazo bien dado. Pues bien, estando boca abajo en la cama, con los calzones fuera de su sitio y las nalgas bien paradas, pude entender que, una vara delgada, duele muchísimo más.

Mis pobres nalgas sufrieron, mucho, por cierto... Pero, a mi querido y justiciero spanker, no le pareció suficiente y azotó también los muslos y las pantorrillas. Jamás respondí a la pregunta de qué cosas teníamos pendientes, sin embargo, estoy segura que, con ese castigo, pagué todo lo que debía.

Pero la cosa no terminó ahí, como si no fuera suficiente, recibí la orden de ponerme de rodillas sobre la cama y pegar los codos al colchón, de tal manera que, mis nalguitas, quedaron bien expuestas y ahí inclinada, sentí la furia del bambú contra mi cola sin que, ni siquiera la voz de Miguel Bosé, pudiera rescatarme. 

Ali Babá, qué estoy haciendo oh
Trágame Tierra, ábrete sésamo
Que en esta historia acabo
Siendo el malo yo
Ya me la coma o no
Y venga dai amore dai dimmi chi sei?
Tu que de repente prendi tutti I sogni miei

Y mientras que ella plancha el corazón
Yo le doy Bambú
Turap tuhe, oh yeah
Y mientras que ella con pasión
Da la llave yo le doy Bambú
Turap tuhe, oh yeah

YoSpankee