miércoles, 3 de junio de 2020

COVID-19

Todos los que sobrevivan(mos) a esta situación, difícilmente olvidaremos ese término: Covid-19. A todos nosotros, en mayor o menor medida, la vida nos ha cambiado a partir del virus.

Más allá de la sana (aunque triste) distancia, los cubrebocas, el alcohol en gel, el cloro, el jabón aquí y allá; han sido cientos de miles de vidas perdidas y eso, sin importar nacionalidad, credo, raza o nivel socioeconómico, duele... Duele mucho.

Antes del covid, dábamos por sentadas tantas cosas. Quizás éramos felices y de verdad no lo sabíamos. 

Quien pretenda tomar esta situación con madurez y filosofía, perdón, pero también lo hacen sin un mínimo de sentimientos, humanidad y empatía. 

Cada vez que me pongo sensible y mojo (virtualmente) el hombro de mi spanker, le digo con todo mi corazón lo mucho que deseo que esto termine... Pero sé, estoy segura, que nada volverá a ser lo mismo después del Covid-19. 

A quienes lo han padecido, ya sea de manera cercana o en carne propia, les envío un abrazo con cariño y todas las vibras, las mejores y, por supuesto, mis oraciones. 

Veamos hasta dónde nos conduce esto. 

YoSpankee 

martes, 5 de mayo de 2020

CUANDO TODO ESTO PASE.


Nada es para siempre, eso es lo que dicen y debe ser cierto... Sin embargo, muchos de nosotros no estamos dispuestos a esperar para comprobarlo.

Personalmente, nunca imaginé vivir una experiencia así. Tener que permanecer encerrada, dejar de ver a la gente que amo, alejarme de los lugares y personas que me hacían sentir bien. Hoy se trata de supervivencia, pero no es fácil. Estamos tan acostumbrados a vivir en un mundo de inmediatez que, esperar, nos parece un infierno. No hay de otra. 

'Cuando todo esto pase', es la frase de moda. Todos tenemos planes y deseos para cuando eso suceda pero, para ello, hay que llegar con vida y salud de todos los tipos. 

Es un reto, hay un objetivo y yo, queridos amigos, quiero llegar ahí, a ese punto añorado, cuando todo esto haya pasado ya. 

YoSpankee 

domingo, 8 de marzo de 2020

8M

Hoy, simplemente, no se puede permanecer indiferente. El 8 de marzo ha sido asignado como el Día Internacional de la Mujer, en conmemoración de la lucha y el sacrificio de un grupo de mujeres que, con su vida de por medio, exigieron igualdad de derechos laborales, sociales, económicos, etc.

Personalmente, agradezco a todas y cada una de las que, desde su trinchera, hoy en día mantienen una lucha permanente por sobresalir, por ser respetadas, más que queridas, y admiradas por la increíble labor que desempeñan en todas y cada una de las facetas de la vida.

YoSpankee es un esfuerzo por aportar un granito de arena en pro de la libertad sexual. A mí no me somete un hombre, yo me someto a los deseos de mi cuerpo y los complemento con los de la persona que comparte conmigo esta maravillosa experiencia. 

Desde este espacio, animo a todas las mujeres a luchar por sus deseos y ser fieles a sus ideales, solo eso, con coherencia y esfuerzo, muchas cosas se pueden lograr. 

YoSpankee 


domingo, 1 de marzo de 2020

45. Crónica de un cumpleaños.


Todo depende del cristal con que se mire, la relatividad envuelve siempre, de acuerdo al lado de la situación que cada uno esté ocupando. 45 puede ser un número pequeño si se trata de pesos, pero puede ser grande si se trata de espinas clavadas, ¿cierto?

Llegó el día del cumpleaños de mi spanker e iríamos a festejarlo con su grupo de amigos 'bdsmeros', yo ya sabía, pues él mismo me había contado, que el año pasado también lo festejaron dentro de ese ambiente y que, según la tradición, él recibió la misma cantidad de azotes como años cumplidos, 44 en ese entonces.

No voy a mentir, yo tenía mucha curiosidad por saber cómo sería, además de la tradición de los azotes cumpleañeros, la dinámica de celebración en un ambiente que para mí es totalmente nuevo. 

En una ocasión ya había tenido yo la oportunidad de interactuar con algunas personas de ese círculo pero, honestamente, esa vez lo hice de manera tímida y sumamente reservada, además, ahora era distinto porque quería que todo fuera perfecto pues, era cumpleaños de mi hombre. 

No me atraía la idea de verlo siendo azotado, más allá de la mera diversión que aquello prometía, sin embargo, una noche antes del evento, a modo de burla le dije cuán ansiosa estaba porque llegara ese momento y, sorpresivamente, su respuesta no me permitió estar tranquila a partir de ese instante: para eso te llevo a ti, dijo muy seguro. 

De inmediato comencé a quejarme, no era justo que, siendo SU cumpleaños, quien recibiera los azotes  fuera yo. No, señor.

Así llegó el día siguiente y con ansiedad y mucha curiosidad, me alisté para la reunión, estaba dispuesta a disfrutar de toda la experiencia, a pesar de la injusta amenaza. 

Fuimos hasta el lugar de la reunión, la casa de uno de los amigos de mi spanker a quien, para fines prácticos, llamaremos 'el Guasón' y, además de él, ya estaba otro chico, también muy amigo de mi spanker, a quien llamaremos, el sobrino Shibarita. Cabe mencionar que a ambos los había conocido en la reunión anterior y, en consecuencia, me sentía dentro de un ambiente de confianza. Al final, la reunión la hicimos solo los 4 y, aunque habría sido genial que llegara más gente, la verdad es que nada hizo falta.

El Guasón nos consintió con una comida deliciosa y, desde ese momento, la charla comenzó a fluir y, aunque era obvio que la dinámica entre ellos ya es sabida, me hicieron sentir cómoda e integrada. El sobrino Shibarita es alguien con mucha curiosidad de todo y, al mismo tiempo, una persona dispuesta a compartir todo lo que sabe, en este caso, el arte del shibari (Googlee si no sabe de lo que le hsblo).

Mi spanker estaba en su elemento, me complacía muchísimo verlo contento y disfrutando la charla y la compañía. Él llevaba todo su arsenal de instrumentos y juguetes, así que, obviamente, en algún momento comenzó el intercambio de ideas y experiencias. 


Primero fueron las cuerdas, el sobrino hizo gala de su habilidad y su disposición para enseñar un poco a los ahí presentes. El Guasón también me sorprendió, tejió una hermosa telaraña sobre el pecho de mi spanker y, lo que jamás había sido de mi interés, comenzó a cobrar importancia dentro de mis gustos y mis fantasías. Carajo, mi YoSpankee comenzó a revolucionar de inmediato, más, en el momento en que mi spanker, después de ser desatado, me envolvió en un montón de nudos con cuerdas de yute.


Ustedes saben, queridos lectores que, si la spankee es risueña, no hay que hacerle cosquillas. En fin, comenzó la experiencia. 

Antes, durante la charla mientras comíamos, el Guasón mencionó que tenía un banco de trabajo que podía servir muy bien para una sesión de bdsm, así que lo llevó ante nuestros ojos y yo, novata como soy en todo esto, comencé a desarrollar mil y un fantasías sobre el mueble aquel pero, obviamente, todo sucedía solo en mi cabecita spankee.

No tuvo que pasar mucho tiempo para que, tanto mi spanker como sus amigos, insistieran en usar el banquito de madera, así que, ningún 'pero' fue suficiente para evitarlo.


Debo decir que una de las cosas que más vergüenza me producen es, justamente, ser castigada frente a más personas y, aunque mi spanker lo sabe, él está dispuesto a hacerme probsr mis límites,asi, con ayuda (presión) de mi querido y cumplesñero spanker, quedé montada sobre la barra superior del mueble, aún con puchero, terminé tumbada boca abajo con las manos pegadas al cuerpo pues, las cuerdas, me mantenían privada de cualquier movimiento.

Con las piernas separadas y el cuerpo descansando sobre el rústico soporte, mis nalgas quedaron cómodamente al alcance de mi spanker que, sin tardanza, comenzó a hacer uso de la variedad de instrumentos que tenía a disposición. Flogger, fusta, cuartas, palas de madera y varas de bambú azotaron nalgas, muslos y pantorrillas. Afortunadamente, mis jeans ofrecían gran protección pero, aún así, el dolor comenzó a hacerse presente en breve. 

Varias cosas pasaban por mi cabeza, entre ellas, muchísima vergüenza por la forma en que estaba siendo azotada, para placer de mi spanker, en presencia de dos chicos dominantes que, de ahí en adelante, propusieron castigos para esta inocente y bien portada spankee. También, confieso, otro de mis temores era que, en cualquier momento, mi spanker cediera la batuta a cualquiera de ellos, lo cual, no me habría molestado en lo absoluto pero habría incrementado la vergüenza y la humillación que, de por sí, ya sentía al estar siendo castigada y quejándome ante cada azote.

La posicion en la que estaba, aunque parecía cómoda, de pronto se volvió dolorosa y se los hice saber. Mi spanker me levantó de la viga y me ayudó a bajar de tan creativo invento (me quedé con muchas más ideas para darle uso pero, shhhh), me quitó las cuerdas y me premió con un beso y un gran abrazo que me devolvieron el alma de inmediato. Las nalgas punzaban ya pero, ni así, supe mantener un comportamiento de spankee decente, al contrario, el primer castigo sólo fue alimento para seguir provocando y buscando hasta dónde podía llegar mi YoSpankee frente a testigos.

La charla era tan divertida y se tocaban temas de manera tan natural que, sin exceptuar ningún momento, me sentía muy contenta, mucho más al ver la sonrisa de mi spanker que disfrutó todo el tiempo. 

Mis nalgas pagaron caro pero también, debo decir, me libré de muchas. No así cuando, después de algún comentario atrevido, fui llevada a las piernas de mi spanker y ahí, también en presencia del Guasón y el sobrino Shibarita, recibí una tanda muy fuerte de nalgadas que me hicieron saltar, gritar y casi arrepentirme de mi mal comportamiento. Dos veces pasó lo mismo y, seguramente, sí la reunión hubiera durado más, habrían sido otras tantas.


Obviamente, las habilidades del sobrino y las instalaciones tan adecuadas en casa del Guasón no podían desperdiciarse, así que, de manera improvisada, la spankee terminó de manos atadas en lo alto, de cara a la pared, primero con un tiempo de castigo en el rincón y, después, siendo fuertemente azotada mientras la circulación de sangre en las manos, era debidamente vigilada por el sobrino. Argh!


Después de muchos azotes, risas, acusaciones y nalgas adoloridas, llegó el momento más esperado, al menos por mí: los 45 azotes de cumpleaños. Yeah!!

Al principio mi spanker insistió en que lo correcto era que yo, su spankee, recibiera todos los azotes que correspondían por su cumpleaños pero, en complicidad con los otros dos dominantes ahí presentes, insistí en que la lógica indicaba que sólo él, recibiera los azotes pues, cada uno de ellos, representaba un buen deseo para la vuelta al sol que recién comenzaba. 

Al final, con negociación de por medio, él recibiría 90 azotes (45 de cada uno de los presentes) y, los que me habría correspondido aplicarle, por respeto y a modo de regalo, los recibiría yo.

Todos y cada uno de los azotes que le asestaron, algunos con una maravillosa técnica, valieron la pena. No me encantó verlo retorcerse de dolor, es decir, no de manera particular pero, la verdad, fue sumamente divertido. Escucharlo contar en voz alta y quejarse con la vara de bambú, me hizo la noche aunque, después, yo pagaría con creces.

De nuevo me ataron las manos y, esta vez me taparon los ojos, de nuevo probé varios instrumentos y, a pesar de contar puntual y claramente todos y cada uno de los 45 azotes correspondientes (que además dolían mucho pues mi pobre cola había sido ya bastante aporreada), la cosa no quedó ahí. Amablemente, el sobrino Shibarita hizo mención de que, como él era el spanker y además el chico del cumpleaños, podía decidir seguir castigándome más allá de los 45 establecidos.


Entonces vino el hielo que, lentamente, recorrió mi cara, cuello, pecho y espalda. Las pinzas de bambú prensaron mis brazos, lengua y pezones. Mi cuerpo y mi mente estaban, para ese momento, dispuestos a eso y más. Recibí tantos azotes que, después de todo, contabilizarlos era imposible y, aún así, habría podido recibir muchísimos más. Después de cada castigo, obtener como premio los labios húmedos de mi spanker, sus brazos cálidos y, lo mejor de todo, su satisfacción y placer, fueron lo mejor, lo que hizo tan mágico un cumpleaños anunciado.

Feliz cumpleaños, Vincent, mi querido spanker.

YoSpankee 

martes, 25 de febrero de 2020

Spankee / spanker


Siempre he dicho que la vida se trata de aprendizaje constante. Es imposible saberlo todo, incluso si hablamos de spanking. Hay personas que creen que, por llevar varios años en esto, soy una experta en el tema, lamento decepcionarlos. 

Se puede (debe) aprender de todo y de todos. Cada experiencia, así como cada persona que se cruza en nuestro camino, bien o mal, nos conduce a un tipo de aprendizaje que, depende de cómo lo enfoquemos, puede convertirse en una gran lección.

Yo he aprendido muchas cosas de mi spanker, a continuación la lista de 10 de ellas:

1. Las cosas no suceden por casualidad, sino por causalidad. Yo soy responsable de mis acciones y las consecuencias de ellas. 
2. Mi bienestar y mi estabilidad solo dependen de mí pero, después de todo, una buena charla y, si es necesario, una buena catarsis siempre ayudan. 
3. Los castigos, tarde o temprano, siempre llegan, muchas veces, en el momento o de la manera menos pensada.
4. Vida solo hay una y se trata de disfrutarla al máximo. 
5. No importa el sabor del helado, compartido, es muchísimo más delicioso.
6. Las formas importan, es decir, el respeto y la educación son muy importantes en este y todos los mundillos pero, si se omiten frente a él, algo no tan bueno para mis nalgas pasará después.
7. No puedes decir que algo no te gusta si no lo has probado. Este punto no aplica para todo, es cuestión de lógica y criterio, les aseguro que yo sé que no quiero probar el veneno, por ejemplo. 
8. Vive el momento, lo demás lo resolvemos luego. 
9. Sé tú misma, eres muy valiosa.
10. El mayor aprendizaje que he obtenido de mi spanker es la confianza. He aprendido que vale mucho la pena quitarse velos, atreverse, ponerse en las manos de alguien más. He aprendido a querer y ser querida, a confiar y ser confiable, a dar y recibir de una manera maravillosa y deliciosa.

Gracias por todo esto y lo que aún falta por aprender y disfrutar. 

YoSpankee 

lunes, 10 de febrero de 2020

Castigo de película. Parte 1


Habíamos quedado para ir al cine, yo iría después de convivir con mis amigas y él, al salir del trabajo. Tuve tiempo de adelantarme pues estaba muy cerca del lugar y como, seguramente, él llegaría corriendo, compré las entradas, palomitas y refrescos. Me senté a esperarlo y, mientras, estuve revisando mis redes sociales. Estaba tan entretenida que no me di cuenta que llegó, hasta que sentí sus brazos rodear mis hombros. Me giré para verlo y me puse de pie para darle un gran abrazo. Él, por su parte, me llenó de besos el rostro y, finalmente, me regaló un largo y húmedo beso en los labios.

Parecía una escena sacada de una de esas películas rosas, hasta que él, separándose de mí, con una mirada furiosa y ese tono de voz que no deja lugar a dudas, preguntó:

- ¿Estuviste fumando?

Confieso que sí, estuve fumando un poco pero, según yo, tuve la precaucion de lavar mi boca, tomar pastillas de menta y ponerme perfume, ¿cómo percibió el aroma o el sabor del tabaco?

- Nnno, yo no... 

Desafortunadamente, soy pésima mintiendo... 

- Por tu bien, es mejor que no me mientas, jovencita... 

Ja, si lo único que quería era mentir, mentir de la manera más descarada posible. Sé muy bien que él odia el cigarro, más allá del olor, odia que las personas consuman cosas, de manera voluntaria, sabiendo que le están haciendo un daño terrible a su cuerpo. En cuestión de disciplina, que es como funciona nuestra relación, fumar es una de esas cosas que están estrictamente prohibidas, una de las que se encuentran en el límite de lo inimaginable pero, si les soy sincera, no era la primera vez que lo hacía a sus espaldas pero, sí la primera que era sorprendida.

- No te enojes, por favor, solo fue un cigarrillo, no es para tanto, ¿sí?

Intenté usar la mejor de mis sonrisas, además, la película estaba por comenzar y se lo hice saber pero, lo único que obtuve como respuesta fue que me arrebatara los boletos y los rompiera en mi cara. 

- Esto te va a costar muy caro, señorita. 

Acto seguido, tiró refrescos y palomitas a la basura, algunas personas ya nos miraban, me moría de vergüenza, solo me limité a bajar la cabeza y esperar su siguiente movimiento. Era obvio que se acababa de cancelar la noche de cine, así que, había qué ver cuál sería su decisión aunque, seamos sinceros, todos sabemos hacia dónde conducirá esto. 


Visiblemente molesto, me tomó del brazo y me sacó del complejo de cines, yo solo me dejé llevar pues, la verdad, no estaba en condiciones de negarme a nada. 
No estoy segura si hay un sentimiento de mayor humillación y vergüenza, que ser atrapada es una mentira y, peor, en público. ¡Argh!

Cuando íbamos cruzando a paso rápido el oscuro estacionamiento, intenté dar una explicación, pero fue totalmente en vano, mis argumentos fueron silenciados con una fuerte nalgada que me hizo saltar y entender la gravedad del asunto. No sé si alguien vio o escuchó pero, en ese momento, esa era la última de mis preocupaciones. 
Fue, hasta llegar al auto, que me dirigió la palabra pero, solo para volver a decirme, esta vez en un susurro amenazante:

- Esto lo vas a pagar muy caro, jovencita. 

Tragué saliva y subí rápidamente al auto, me hundí en mi asiento y, mientras abrochsba el cinturón de seguridad, unas ganas terribles de llorar me invadieron. Sabía que había hecho mal y me dolía mucho que, por mi culpa, nuestra noche de cine se haya estropeado así. Él también se veía muy incómodo, vi cómo sus manos apretaban con fuerza el volante y su mandíbula se crispaba sin poder o querer decir nada, las lágrimas ya bañaban mi rostro.

Casi todo el camino transcurrió en silencio, yo no me animaba a decir nada, sabía que no estaba en condiciones y lo único que hacía era seguir llorando pues sabía, perfectamente, que al llegar a casa iba a tener que enfrentar el terrible castigo.

Poco antes de llegar, comenzó a hablar, su tono era suave pero claro:

- ¿Por qué lo hiciste?

No respondí, sólo gimoteaba y pensaba en la muy remota posibilidad de librarme de esta. 

- Te juro que no lo entiendo, sabes muy bien que lo tienes estrictamente prohibido, sabes muy bien las consecuencias que esto tendrá. En serio, pareciera que te burlas de mí, de mi autoridad y, peor aún, que no te importa tu salud.. Pero te lo digo bien claro, señorita, te vas a arrepentir de cada bocanada, de cada mentira, de cada decisión estúpida... 


Llegamos a casa, metió el auto a la cochera y, sin esperar a nada, se bajó rápidamente para llevarme a rastras, no sólo hasta la casa, sino hasta la habitación. Cabe mencionar que, todo el trayecto, desde el auto hasta la recámara, lo pasé llorando y suplicando. Estaba aterrada, no sabía lo que iba a pasar y, a estas alturas, sospechaba que el castigo sería muy duro.

Ya en la habitación, me condujo hasta el rincón con unas cuantas nalgadas bien puestas, las cuales, recibí sin meter la mano pero gritando como si me estuviera dando la paliza de mi vida.

- Esto no es nada, niña, no seas exagerada. 

Pero es que estaba tan aterrada, no controlaba mis reacciones. Después escuché que buscaba algo en el closet, sonaba un tintineo distinto cada vez, pero no tenía permitido voltear, aunque la curiosidad y la ansiedad me estaban matando.

Mientras pensaba en todas las posibilidades, poco a poco, mi respiración fue volviendo a su ritmo, hasta que fui llamada por mi nombre completo (con todo y apellidos), lo cual me hizo estremecer. 

Él estaba sentado en el borde de la cama, ya listo para comenzar a castigarme pues, en cuanto me giré, con pequeños golpecitos sobre su muslo derecho me indicó adoptar la posición para ser nalgurada y yo, sin pensarlo, obedecí de inmediato. .

Apenas terminé de acomodarme sobre sus piernas, una lluvia interminable de azotes comenzó a caer, no hubo regaños o preguntas, sólo nalgadas que caían con fuerza en una nalga y en la otra de manera alternada, cubriendo desde arriba hasta los muslos y poniendo particular énfasis en el área donde se une la pierna con los glúteos. Yo solo me retorcía y lloraba, mientras me deshacía en disculpas y promesas.

No pasó mucho tiempo, aunque a mí me pareció una eternidad, bajó los jeans junto con los calzones, lo hizo con gran enojo y los llevó hasta mis tobillos. Eso, inequívocamente, es señal de que el castigo no se limitará a las nalgas, como en otras ocasiones, muslos y pantorrillas también serían azotados.

Por más que lloré y pedí mil perdones, nada lo detuvo, azotó cada espacio desde la parte alta de las nalgas, casi hasta los tobillos. Para entonces ya me había dicho lo decepcionado que estaba de mí, lo malo que es el tabaco para el cuerpo y, peor aún, cada uno de los químicos que componen un cigarrillo... Entendí que hice mal pero no, aún no era suficiente castigo para considerar lección aprendida. 

Se detuvo abruptamente y, levantándome en vilo, me llevó hasta el rincón de nuevo, las manos sobre la cabeza, las nalgas y piernas bien rojas, y el llanto interminable. 

Volví a escuchar el tintineo pero, otra vez, tuve que vencer las ganas de voltear. Después de unos minutos y algo de ruido en la habitación, fui llamada de nuevo hacia él. 

Sobre la cama, una montaña de almohadas y, sobre el respaldo del sofá, 7 cinturones de grosor y textura distintas. De nuevo tragué saliva. 

- Bien, señorita, al parecer hace falta dejarte bien claras las reglas. Durante una semana, vas a probar un cinturón distinto cada día, las veces que se me dé la gana porque, por lo que demuestras, aquí se hace lo que a cada uno le da la gana, ¿cierto?

Quise responder, defenderme un poco pero, caray, no tenía argumento alguno. Solo me limité a llorar y sobar mis nalgas al mismo tiempo. 

- 7 cinturones, 7 días... Al terminar esa semana, te infornaré cuál será tu castigo. 

- Ppppero, ¿este no es el castigo?

Qué pregunta tan inocente y tan ilusa la mía. Creo que lo vi sonreír un poco. 

- No, esta es apenas la primera parte. 

YoSpankee 

domingo, 2 de febrero de 2020

Bambú



Uno de mis cantantes favoritos de toda la vida, además de amor platónico y objeto de mis deseo es, el español, Miguel Bosé. Desde muy joven (yo), el susodicho, formaba parte de mis fantasías erótico spanko pero, hoy, más que nunca, una de sus canciones me suena más spanko que nada: bambú.

La letra de esa canción llega a ser bastante sugerente, todavía no termino de decidir si tiene que ver con mi nacionalidad (mexicana) y el uso del doble sentido que manejamos en mi país, o mi muy marcado gusto (casi obsesión) por el spanking y el (recién adquirido) placer de mi spanker por usar varas de bambú para azotar mis nalgas.

Y mientras que ella plancha el corazón
Yo le doy Bambú
Turap tuhe, oh yeah
Y mientras ella con pasión
Da la llave yo le doy Bambú
Turap tuhe, oh yeah

La última vez, mi spanker llevaba 4 varas nuevas, mucho más delgadas que las que había estado usando antes. Confieso que tenía cierta 'necesidad' por probarlas y conocer la sensación que provocarían, no sólo en mí piel, sino en mi YoSpankee que, de por sí, ya estaba con el corazón al mil pues, poco antes de ver de frente a las dichosas varitas, mi spanker, con esa voz dulce que logra engañar a la más ilusa, preguntó: ¿qué pendientes tenemos, señorita?

No sé ustedes pero, yo, al escuchar ese tipo de preguntas o expresiones, me transformó por completo, no importa cuán parlanchina o sonriente haya estado, en ese momento, me 'contraigo', me hago pequeñita y me entrego a la situación

¿Que qué pendientes tenemos? Vaya, creo que no terminaría y, por supuesto, mis nalgas no sobrevivirían si es que yo me animara a responder con total honestidad, así que, apelando a la mala memoria de mi spanker y con carita de puchero, me hice la loca. ¡Qué ilusa!

Es cierto que mi spanker está siempre al pendiente de mis faltas y, aunque a ratos parece que las olvida, mágicamente, al tener mis nalgas a su disposición, se acuerda de todo. Parecería una injusticia, una trampa de la vida pero, si nos ponemos exigentes, es lo correcto. Creo.

Como dije, las varas eran más delgadas que las que ya habían impactado mi cola otras veces y, en consecuencia, eran mucho más ligeras. Supongo que esa es la treta, una se confía y subestima el poder de un varazo bien dado. Pues bien, estando boca abajo en la cama, con los calzones fuera de su sitio y las nalgas bien paradas, pude entender que, una vara delgada, duele muchísimo más.

Mis pobres nalgas sufrieron, mucho, por cierto... Pero, a mi querido y justiciero spanker, no le pareció suficiente y azotó también los muslos y las pantorrillas. Jamás respondí a la pregunta de qué cosas teníamos pendientes, sin embargo, estoy segura que, con ese castigo, pagué todo lo que debía.

Pero la cosa no terminó ahí, como si no fuera suficiente, recibí la orden de ponerme de rodillas sobre la cama y pegar los codos al colchón, de tal manera que, mis nalguitas, quedaron bien expuestas y ahí inclinada, sentí la furia del bambú contra mi cola sin que, ni siquiera la voz de Miguel Bosé, pudiera rescatarme. 

Ali Babá, qué estoy haciendo oh
Trágame Tierra, ábrete sésamo
Que en esta historia acabo
Siendo el malo yo
Ya me la coma o no
Y venga dai amore dai dimmi chi sei?
Tu que de repente prendi tutti I sogni miei

Y mientras que ella plancha el corazón
Yo le doy Bambú
Turap tuhe, oh yeah
Y mientras que ella con pasión
Da la llave yo le doy Bambú
Turap tuhe, oh yeah

YoSpankee