martes, 25 de julio de 2017

Sin mentiras...

Las últimas semanas han sido complicadas, mi salud ha sido uno de los factores para ello. Ayer no salí de la cama, tenía un terrible dolor de cabeza, el cuerpo también dolía y la fiebre no se hizo esperar. Para el medio día me dolía el estómago porque tenía hambre, es decir, mi cuerpo exigía alimentos, pero el ánimo opinaba lo contrario.

Más tarde recibí una llamada de mi amigo José, preguntaba si estaba bien porque no había acudido a la cita que teníamos esta mañana para revisar algunos detalles de un proyecto que tenemos en común. ¡Rayos!, lo olvidé por completo. Supongo que mi voz parecía de ultratumba porque él adivinó que no me sentía bien y hasta se ofreció para llevarme al medico.

- No, José, cómo crees... Te prometo que en un rato voy yo, no es necesario que te molestes...
Sí sí, estoy segura, no pasa nada.

Colgué el teléfono y, de nuevo, me acurruqué en mi cama y dormí, dormí hasta que no pude más. No sé exactamente cuántas horas fueron, pero ya era tardísimo. Por fin, mi estómago ganó la batalla y, arrastrando los pies, fui hasta la cocina... Es en estas situaciones donde me arrepiento de ser tan desordenada, tan floja y... ¡No hay nada qué comer! Serví cereal en un tazón, lo comí seco porque no tenía leche en el refrigerador, un par de bocados fueron suficientes.

El dolor de cabeza había cedido un poco, al parecer, la fiebre también. Supongo que lo único que necesitaba era descansar.

Revisé mi celular, tenía varias llamadas perdidas de José, unas 6... Intenté devolver la llamada pero no tuve suerte. No era importante, pensé.

Me tumbé en el sillón, encendí la laptop y me preparé para un buen rato de Netflix... Sonó el timbre, en realidad no esperaba a nadie, así que lo ignoré y seguí en lo mío, pero seguían insistiendo de tal manera que, malhumorada y somnolienta abrí la puerta con la peor de mis caras.

- Laura, estás bien, qué gusto. Disculpa que haya venido así, te marqué al celular pero jamás respondiste, ¿qué te dijo el médico?, te escuché muy mal cuando hablamos esta tarde.

Lo anterior fue dicho mientras él me sostenía de los brazos y, como tardé en reaccionar, al hacerlo me safé con un poco de agresividad y fastidio. Suéltame, le dije, ¿te crees mi papá o qué?

José siempre ha sido una finísima persona conmigo, respetuoso, cariñoso y amable; no sé por qué respondí así, era obvio que estaba preocupado. Cuando quise disculparme, quizá ya era un poco tarde.

- No sé por qué te pones así, Laura, lo único que hice fue preocuparme por ti, si estoy aquí es porque creí que realmente estabas mal... Ahora veo que no es así, siento haberte molestado. Buenas noches.

Se dio la vuelta y se fue, no supe qué hacer, no me atreví a detenerlo porque no sabía cómo hacerlo. Cerré la puerta y me recargué en ella dejándome caer hasta el piso... ¡Estúpida, estúpida!, me decía a mí misma. José es la última persona en el mundo que merece ser tratada así. Entonces reaccioné, rápidamente me puse de pie y le llamé al celular... ¡¡Contesta, por favor!!

- Diga. Al fin respondió.

- José, por favor no te vayas... Es que he tenido un día horrible, de verdad me sentía muy mal, no mentí... Y luego no he comido nada y muero de hambre... Y es que no he hecho el súper porque no he salido de casa... Por favor vuelve, discúlpame, ¿sí?

- ¿Entonces no fuiste al médico?

- Eh... Yo... Nno, pero ya me siento bien, ya no me duele la cabeza, ya se quitó también la fiebre... Regresa, por favor, vamos a platicar, ¿si?

Después de un largo silencio:

- Está bien, sí quiero hablar contigo, pero deja voy a comprar algunas cosas, necesitas comer algo. No tardo.

Y colgó. Me sentí aliviada, de verdad no sé por qué tengo esa horrible forma de reaccionar y de lastimar a las personas que quiero y me quieren. Además, aún tenía muchísima hambre, qué bueno que se le ocurrió ir a comprar algo. Caray, siempre me salgo con la mía, pensé y sonreí descarada.

No pasó mucho tiempo y volvió a sonar el timbre, contenta corrí a abrir... Lo recibí con una gran sonrisa, traía algunas bolsas en las manos y sorprendida le dije que no debió molestarse.

- Guarda silencio, me dijo en un tono seco y molesto, no supe qué decir y me limité a observar cómo llevaba las bolsas a la cocina.

- Ven, vamos a tu habitación, no es verdad que ya estás bien, debes estar en la cama. Te prepararé la cena en un momento.

De la mano me llevó a la recámara. Apenas entramos y, tomándome por sorpresa, comenzó a darme palmadas en las nalgas sin soltar mi mano.

- ¿Qué carajos crees que haces? Suéltame, ya basta, Josééééé!!

Por supuesto, no se detuvo, siguió azotando, incluso más fuerte. Yo forcejeaba, trataba de soltarme y de esquivar las nalgadas al mismo tiempo. De pronto, en un rápido movimiento se sentó en la cama y me jaló con la fuerza suficiente para tumbarme sobre sus rodillas. Yo gritaba y me retorcía, pataleaba y le suplicaba que se detuviera, pero no me hacía caso, al contrario, solo me decía lo irresponsable que era, lo desobediente que fui al no ir al doctor y, peor aún, lo estúpida que fui al quedarme sin comer todo el día.

Sin darme cuenta, de pronto me quedé sin el pantalón de la pijama pues él tiró del resorte y lo bajó hasta mis rodillas, después, con el pataleo terminó por salirse completamente... Yo seguía suplicando a ratos, gritando y amenazando a otros... Él no cedía nada, arremetía fuerte y rítmicamente contra mis nalgas con la mano bien extendida.... Después intentó bajar mis calzones, pero esta vez fui más rápida y, con ambas manos, agarré con fuerza el elástico; él, de manera inteligente, tomó los bordes del calzón, los juntó en el centro de mi cola y, haciendo un intento de calzón chino, dejó al descubierto la piel enrojecida y caliente de ambas nalgas y siguió azotando.

Yo estaba rendida, en algún momento dejé de luchar, me resigné a mi destino y comencé a llorar desconsolada. Las lágrimas bañaban mi rostro, la cola me ardía horrible y sentía mi dignidad más aporreada que mi parte posterior.

Por fin se detuvo. Despacio, me ayudó a levantarme y quitó la colcha de la cama. Quiero que descanses, necesitas recuperarte, la salud no es un juego, ¿entendiste? Respondí asintiendo con la cabeza mientras con una mano me limpiaba las lágrimas y con la otra me sobaba las nalgas. Iba a darme la vuelta cuando me detuvo del brazo. Comenzó a desabrochar su cinturón y me dijo: aún no terminamos, jovencita.

Continuará.

lunes, 3 de julio de 2017

Mi YoSpankee

Muchas son los momentos que componen una sesión de spanking, también son muchas las emociones que, por turnos, estallan de un lado y el otro porque, aunque muchas veces no sean mencionados en este blog, los spankers también pasan por diferentes niveles de emoción, también sufren de nerviosismo y también gozan, claro que sí.

Generalmente hablo desde el punto de vista spankee, obvio, es desde el que me encuentro...

El miedo corroe mi corazón, ese miedo que viene desde el estómago y se distribuye hacia todas partes, concentrándose finalmente ahí, en el corazón que late acelerado e intenta salirse del pecho. Las amenazas se escuchan a la distancia, la sentencia es previsible, las consecuencias son casi tangibles... Mi YoSpankee lo goza sobremanera.

Trato de asimilar lo que vendrá, cierro los ojos, quizá es que espero hacer que todo pase rápido, que termine ya y el sufrimiento pase. Mi YoSpankee desea que el tiempo se suspenda, que el momento jamás llegue a su fin, lo saborea antes, durante y después...

Suplico con lágrimas en los ojos que se detenga, que no sea tan duro conmigo, aseguro que estoy arrepentida y saco promesas de donde sea. Mi YoSpankee sabe que todo es mentira, que el descaro más grande acompaña a cada palabra, que el deseo real es que las lágrimas sigan fluyendo porque el dolor es delicioso, más cuando va acompañado de regaños, gritos de advertencia y sutiles caricias con piel, madera o plástico...

Contraigo los músculos, tenso la mandíbula, aprieto los puños, intento mantener la postura indicada y soportar el castigo que, injustamente me está siendo aplicado. Mi YoSpankee aprieta las piernas porque la humedad entre ellas es excesiva, permite que cada sensación recorra su cuerpo para, finalmente, explotar en orgasmos y oleadas de placer...

YoSpankee

jueves, 30 de marzo de 2017

Por la mañana...

Abrir los ojos por la mañana y, apenas asimilando que ya han pasado horas, descubrir que el cuerpo aún guarda recuerdos de lo que pasó anoche. Morder los labios y evocar cada momento vivido, cada palabra dicha y, por supuesto, cada azote recibido. Las nalgas aún están calientes, los rincones permanecen húmedos y las necesidades no se detienen... Querer más es natural, sin embargo, al girar sobre la cama entiendes que no lo resistirías, la piel está en extremo sensible... Entonces escuchas su voz que, enérgica, te ordena salir de entre las sábanas, ducharte, atender tus deberes porque, si no, tendrás que atenerte a las consecuencias. Lo dudas, la sonrisa pícara se dibuja de nuevo en tu rostro y decides lanzarte con todo, total, lo peor que puede pasar es terminar de nuevo sobre sus rodillas.

YoSpankee

martes, 7 de marzo de 2017

Silencio

Debería ser considerado deporte extremo o motivo para nominación al premio nobel recibir una azotaína sin moverse y sin hacer ruido.

YoSpankee

sábado, 4 de marzo de 2017

Cuidado.

Hay un momento que se repite en la vida de (me atrevería a decir) todo el mundo, en el que ya no hay salida, todas las evidencias te señalan, irremediablemente eres culpable y hay que saber reconocerlo, aceptar el error y asumir las consecuencias.

En la mayoría de las personas, los errores se pagan con 'inercia', es decir, lo que hayan hecho conducirá a lo siguiente de manera automática y, en muchas ocasiones, podrán salir casi impunes de tal o cual situación pues la vida se hace de la vista gorda, finalmente, se trata de lujos que un adulto se puede dar... Pero la vida de la spankee no es así, por supuesto que no, la spankee sabe perfectamente que vive bajo el escrutinio constante de su spanker, sabe que deberá comportarse correctamente, porque si no, corre el riesgo de pagar caro, MUY CARO, cualquier desliz.

El lenguaje es uno de los detalles que más hay que controlar, no solamente las malas palabras, al hablar se debe cuidar el qué, cómo, cuándo y por qué... A veces hay que lidiar con las interpretaciones del spanker, quizá mi intención no era mala, quizá solo es un mal entendido pero, lo injusto de todo esto es que, si él ya dictó sentencia, no habrá puchero, lágrima o poder humano que consiga cambiarlo.

Basta con escuchar el primer regaño, evadir la primera advertencia, incurrir nuevamente en la falta, para que el estómago se contraiga y el corazón acelere su palpitar... A veces, adivinando lo que vendrá, las manos se irán de inmediato a cubrir las nalgas... La spankee tratará de dar mil pretextos con la estúpida idea de librar el castigo pero sabrá que todo fue inútil cuando está siendo arrastrada hacia las rodillas de su spanker, más aún, al sentir la primera palmada impactar contra sus nalgas.

YoSpankee

martes, 28 de febrero de 2017

Olvido

Otras veces se los he dicho, soy terriblemente distraída y desmemoriada. Puedo recordar los cumpleaños de cada uno de los integrantes de mi familia  de mis amigos y fechas importantes en general, sin embargo, olvido tomar mis medicamentos, enviar un mensaje de texto avisando que llegué y estoy bien... En fin  esos pequeños detalles son los que, regularmente, me hacen acreedora a castigos... y más si se trata de faltas reiteradas, faltas que incluso acaban de ser castigadas y Yo(spankee) acabo de prometer no volver a hacer. Entonces me quedo sin recursos, los pretextos son insuficientes y lo que queda es poner cara de arrepentimiento, tratar de suplicar por última vez y, ante el intento fallido, bajarme el calzón e inclinarme para recibir unas buenas nalgadas.

YoSpankee

lunes, 27 de febrero de 2017

Señales de vida

Es difícil, muy difícil, tener que estar alejada de todo esto que tanto me gusta y que tantísimo placer me brinda. En mi defensa, puedo decir que es totalmente en contra de mi voluntad pero, al mismo tiempo estoy consciente de que es por mi bien.

Hoy quise venir, en medio de una gran nube de aburrimiento, a ponerme al día, a decirles que la spankee sigue viva (quizá más que nunca) y que, aunque por el momento toda la energía está concentrada en la recuperación, no puedo olvidar que lo mío, lo que me satisface y hace volar a mis murciélagos, es el spanking.

Agradezco a todos y cada uno de los que han estado al pendiente de mí, a los que no me olvidan y me alientan a ser muy paciente, a los que me esperan con ganas de leer más historias, fantasías y deseos de YoSpankee... Gracias mil.

Gracias, sobre todo, a la vida, a mi familia y a mí esposo spanker... mi amor, que ha sabido ser y permanecer a pesar de tantas vicisitudes... Por ellos y,  claro, por mí es que sigo luchando cada día y esforzándome por estar bien... La espera ha sido larga, maa lo que todavía falta, pero las ganas de estar bien y volver a ser la de antes, se mantienen latentes.

Poco a poco iré contándoles del progreso y de la manera en que el spanking se ha mantenido presente en mi día a día.

YoSpankee