martes, 11 de marzo de 2014

¡Más!

Hoy reconocí, a través de facebook, que lo que yo necesito (no solo en estos momentos, siempre) son unas nalgadas bien dadas, una cueriza de esas que dejan marcas, no solo en las nalgas, también en la humedad de mis rincones y en la bitácora spanko que servirá más adelante para momentos de 'necesidad'.

He reconocido también que hay cosas que mi esposo/spanker aún no consigue, es decir, esas cosas que forman parte de los 'rituales' spanko pero que son solo del conocimiento de aquellos que deambulamos por este mundillo. No me mal entiendan, no es que él no satisfaga mis necesidades, que lo hace... es que yo soy muy exigente y, los spankers que han jugado conmigo lo sabrán, siempre quiero más.

Los que han estado sumergidos en una ansiedad de este tipo sabrán entender de lo que les hablo... lamento no poder explicarme de mejor forma.

Hace tiempo que estoy buscándolo, necesito encontrar la forma de llegar a algún punto cercano a lo que en realidad necesito... no es solo el ardor de la piel o las incomodidades al permanecer sentada... es el recuerdo al morder mis labios, la contracción muscular al entrecerrar los ojos, la ansiedad por regresar el tiempo y volver a experimentar el cúmulo de sensaciones... en fin.

Estos días he estado escribiendo mucho, yo misma me sorprendo... pero el botón de 'delete' también ha estado activo... estoy por terminar la primera parte de una historia que surgió en mis sueños... y qué delicia, caray. Espero venir a publicarla pronto porque, además... pareciera que los tiempos no ceden, las oportunidades para dar forma a las letras están muy limitadas... además de mis dramas de mujer inconsolable.

Sé que me han pedido mantener actualizado esto pero, lo confieso, es más complicado cada vez pero no por ello dejaré de intentarlo... gracias por seguir aquí.

Yo Spankee

martes, 4 de marzo de 2014

Malena.

En contraste con las altas temperaturas que se habían sentido los últimos días,  hoy amaneció nublado con una, casi burlona, amenaza de lluvia. Malena despertó perezosa y, asumiendo los pocos pendientes que tenía en la oficina, decidió no ir, quedarse en casa y dormir más tiempo del correspondiente. Pasaron un par de horas en las que, sin querer, había pensado en lo mal que le caería la noticia a su jefe y se divertía pensando en los mohines de ‘don cascarrabias’.  Poco a poco el sueño la venció nuevamente y olas de fantasía se desarrollaban en su cabeza.

Se levantó corriendo pues había obviado todo, menos la junta con ese cliente extranjero para el que había estado trabajando tanto las últimas semanas, se suponía que hoy cerrarían el trato y, ¡vaya torpeza, cómo lo pude olvidar!.
De alguna manera pudo estar lista en menos de 20 minutos, tiempo récord pues siempre dedica al menos un par de horas para su arreglo personal.

Llegó derrapando a la empresa y con desesperación presionó los botones del elevador, como si con ello pudiera acelerar la llegada de cualquiera de los 2 cubículos con que contaba el edificio. Después de golpear repetidamente el piso con el tacón de su zapato, por fin se abrió la puerta y, casi histérica, empujó a quienes bajaban para entrar ella y rápidamente presionó los números de su piso.  Antes de volver a cerrarse la puerta del elevador pudo escuchar que se abría la del otro y que de el salían alegres risas masculinas, ¡no puede ser!... es el cliente y su jefe que seguro van de salida a almorzar después de la junta.

Molesta se desplomó sobre las paredes del elevador, sabía que seguramente el negocio habría sido un éxito, dada la reacción que vio en ambos hombres… pero no había sido ella quien lo cerrara y eso le traería graves problemas, además de una gran frustración personal y profesional. Ya estaba preparando sus argumentos y la forma en que encararía al jefe en cuanto este volviera, quizá esa tarde, tal vez el día siguiente.

Encorvada y con los ojos un tanto vidriosos llegó a su piso y, aunque hubiera preferido no cruzar palabra con nadie, llamó a uno de sus colegas para que la pusiera al tanto de la situación.

-       Malena, ¿dónde estabas?... marqué mil veces a tu celular y jamás respondiste.
 -       Lo sé, Daniel… amanecí con un terrible dolor de cabeza y, entre las pastillas que me tomé y que pasé casi toda la noche despierta,  me quedé dormida. Cuéntame, ¿qué pasó?... los vi cuando salieron del edificio.
 -       Me debes una… salvé tu pellejo. Tuve que inventar que estabas en el hospital con un pariente tuyo… y como afortunadamente el material que dejaste para la junta estaba completo, todo salió a pedir de boca. Seguro recibes felicitaciones en cuanto llegue el jefe.
 -       Eres un sol, Dany.

A partir de ese momento el día de Malena se tornó más tranquilo… incluso más iluminado a pesar de que afuera ya llovía a cántaros… optó por volver a casa y seguir con el ‘invento’ de Daniel… Al pasar por el comedor se encontró a dos compañeras con las que solía ‘chismear’ y sin poder evitarlo les contó la forma en la que había transcurrido su mañana.

-       Qué bárbara, Malena… lo bueno es que no te ‘cacharon’.

Entre risas de complicidad se despidió de las chicas y volvió a su departamento, eligió un par de películas y pidió una pizza  pues había decidido consentirse el resto del día, después de todo se lo merecía… aunque no estuvo presente en la reunión, el trabajo y el éxito del negocio eran suyos.

Se vistió cómodamente, se calzó un par de pantuflas, puso música mientras tanto y esperó a que llegara la comida, no pensaba levantarse del sofá después de que eso pasara.

Sonó el timbre, buscó el dinero y abrió la puerta.

- Dany, ¿qué haces aquí?- Me quedé preocupado, te vi muy mal hace un rato en la oficina, pero veo que ya te sientes mucho mejor…- Eh… sí, muchas gracias… no tenías que molestarte, ya hiciste suficiente por mí…

Daniel comenzó a dar pasos cortos hacia Malena con una actitud por completo amenazante, sus palabras no coincidían con el tono duro y seco que utilizaba al hablar con Malena, parecía más bien  sarcástico.

Malena, por su parte, daba pasitos temerosos hacia atrás, la actitud de su colega y amigo no era normal… intentaba aparentar que aún sentía el malestar y que sin afán de ser grosera prefería que la dejara sola…

-       Escuché cuando hablabas con Silvia y Miriam… así que todo fue un invento, jovencita…

¿Jovencita?... Malena tragó saliva y, por alguna razón sintió miedo… un miedo infantil que le recorría la espalda y que la hacía sentir como, cuando niña, era sorprendida en alguna ‘inocente’ fechoría’.

-       ¿Te das cuenta que tuve que mentirle al jefe?... y a ti, señorita, te parece todo tan gracioso… espero que lo que viene también te cause tanta gracia…

Antes de poder responder cualquier cosa, Malena sintió cómo Daniel la tomaba del brazo y la arrastró al sofá… el mismo que estaba preparado con un par de cobertores y mullidos cojines para disfrutar de las películas… no sería ahora ese el objetivo.

Sin mediar palabras, Malena fue tumbada sobre las piernas de Daniel y , contrariada, comenzó a recibir manotazos que, aunque eran amortiguados por la gruesa tela de su pijama, impactaban de manera sonora e incómoda en sus nalgas.

-       No me hagas esto, por favor Daniel…
-       No, Malena… esto te lo haces tú misma… ahora cállate que no pienso parar hasta que estés arrepentida de todo esto y entiendas el peligro en el que pusiste tu carrera, el negocio y hasta mi trabajo.
-       Yo no te pedí que mintieras por mí…
-       ¡Que te calles, dije!

La actitud de Malena no ayudaba, pero sí el amor que secretamente sentía por ella este hombre quien, además, había estado buscando esta oportunidad durante mucho tiempo… pasara lo que pasara, la experiencia de tenerla sobre sus piernas, nalgueándola, sintiéndola… era algo que no olvidaría jamás.

Nuevamente sonó el timbre…

-       Pedí pizza, dijo Malena rápidamente pues sabía que atender la puerta la libraría de esta situación tan embarazosa.

Daniel la levantó de un movimiento rápido, aunque no brusco. Poniéndose de pie se dirigió a la puerta, recibió la comida, pagó y despidió al chico que se retiró sonriente pues la propina había sido generosa.

Malena estaba muy sorprendida por la actitud de su amigo que siempre se había mostrado tierno, complaciente… hasta sumiso en ocasiones. Ella era consciente de cuántas veces se había aprovechado de la ‘buena voluntad’ del chico, cuántas veces lo había utilizado para salir bien librada de muchas situaciones, tanto personales como profesionales.

Daniel volvió a sentarse en el sofá, acomodó nuevamente a Malena sobre sus piernas y siguió lo que había sido interrumpido por el pizzero. Ella forcejeó y trato de convencerlo de que no era necesario que hiciera eso, que le ofrecía una disculpa por todo lo sucedido pero que no debía arruinar una amistad de tanto tiempo con algo como esto…

-       Es por tu bien, Malena… y si sabes lo que te conviene es mejor que te calles de una vez.

La nalguiza continuó por un buen rato más… al final estaba ella con las nalgas desnudas, el pantalón y el calzón en los tobillos, la cara bañada en lágrimas, la respiración agitada, la cola roja y adolorida, la arrogancia doblegada y una sorpresiva humedad en sus rincones más íntimos . Daniel, por su parte, estaba feliz.

Suavemente la levantó, la acomodó de forma que pudiera abrazarla y mirarla a los ojos. Le secó las lágrimas con el dorso de la mano y depositó un tierno beso en sus labios.

-       Gra… gracias, dijo ella y correspondió con  otro beso.
-       Me encantas… y me preocupas… ¿estás consciente de que haré esto cada vez que sea necesario?
-       Lo sé…
-       ¿Tienes hambre?
-       Hay pizza… respondió Malena sonriente.



lunes, 30 de diciembre de 2013

Fin de año...

En días pasados estuve a punto de quejarme por los 'bajos' niveles de spanking durante este año... sin embargo, y a riesgo de parecer paranóica, me da la impresión de que mi esposo/spanker leyó mis pensamientos y se ha dado a la tarea de cerrar el año con mis nalgas ardientes y coloradas.

Anoche estuve juguetona, traviesa para gusto de algunos... sin embargo no buscaba nada, al menos no con la personalidad napolitana de mi esposo (como el sabor del helado, ya saben: fresa, chocolate y vainilla)... estuve molestándolo mientras su atención estaba por completo en los videojuegos... Ustedes, spankees del mundo deben saberlo: jamás... JAMÁS se interpongan entre un spanker, su videojuego favorito y la última vida... oh no, terrible error. 

Quizá sobre decir que más tarde me tranquilicé... con la cola roja y varias advertencias de lo que pasaría si no controlaba mis manos y mi boca. Hay muchos castigos acumulados y es probable que, después de todo, mañana me sea difícil permanecer sentada durante la cena de fin de año.

*   *   *

Espero que hayan pasado unas hermosas y felices fiestas... deseo que el año que está por iniciar esté lleno de fantasías, metas cumplidas y muchas nalgadas...

¡FELIZ 2014!

YoSpankee

miércoles, 18 de septiembre de 2013

... continuación.

Viene de AQUÍ

Era cierto, estaba arrepentida, pero no por lo que había hecho o dejado de hacer, estaba arrepentida por haberte puesto en esta situación, por haberte hecho enojar y sentirte como lo haces ahora… estaba arrepentida porque te fallé y sé que no hay forma de componerlo, aunque sí de compensarlo.
Lo primero que debo hacer es aceptar el castigo que hayas decidido y tratar de recibirlo de la manera más humilde y sumisa.
Tu mirada era dura y fría, aunque algo de compasión se asomaba. Te dolería hacerlo, dijiste… y te creí, es por tu bien… continuaste mientras doblabas las mangas de la camisa que aún no te habías cambiado después del trabajo. Yo permanecía inmóvil, no me atrevía a levantar la vista por completo pero podía adivinar tus movimientos. El corazón me latía rápido, fuerte… en algún momento pensé que se saldría de mi pecho y yo correría tras el librándome así del merecido castigo. Pero no sucedió, mi fantasía fue interrumpida por un fuerte y estremecedor ¡ven aquí!.
Con pasos lentos me acerqué hasta quedar de frente a ti, te miré con la mejor de mis caras compungidas sin ningún objetivo en sí… más que supieras que también a mí me dolía… mucho más de lo que seguramente lo harían los azotes que ya adivinaba caerían sobre mí.
  • -       Quítate la ropa y ponla bien doblada sobre la mesa. Toda.
Obedecí de inmediato, aunque confieso que con sorpresa pues nunca me habías ordenado recibir un castigo completamente desnuda. Asumo que tu objetivo era humillarme, exhibir mi vulnerabilidad ante ti, hacerme saber quién manda y que a mí me corresponde obedecer siempre, ante cualquier indicación, sin chistar ni cuestionar.
Por alguna razón me atacó una oleada de pudor, sentía mucha vergüenza al ir despojándome lentamente de cada una de las prendas que llevaba encima. La camiseta, los pantalones, el sostén y los calzoncillos quedaron ordenados sobre la mesa tal como lo indicaste. Instintivamente cubrí con un brazo mis senos y la mano libre ‘protegía’ mi pubis.
  • -       Las manos detrás de la cabeza.
Sí, querías humillarme, querías recordarme que tus intenciones eran reales y que no estabas dispuesto a ahorrarme ningún tipo de incomodidad. Querías que aprendiera la lección y yo lo tenía tan claro al  grado que, de manera automática, las lágrimas comenzaron a rodar por mis mejillas.
  • -       ¿Por qué lloras?, aún no comienzo a castigarte y tú ya estás dramatizando…
  • -       No es drama, de verdad estoy muy arrepentida… y no, no te voy a pedir que no me castigues, al contrario, te pido que lo hagas… sé que lo merezco.
  • -       Deseo concedido, señorita.
Dicho lo anterior me tomaste del brazo y me condujiste hasta el sillón de la sala donde, sin más preámbulos, me ordenaste inclinarme y comenzaste a azotar pausada pero firmemente… los regaños no se hicieron esperar y yo no tenía argumento alguno para defenderme, estaba consciente de merecer cada azote, cada palabra. Mi cuerpo se estremecía y respondía ante cada palmada contrayéndose y respingando.
Al principio intenté contar los azotes para mantener mi mente distraída pero sin darme cuenta dejé de hacerlo para concentrarme en soportar el dolor. Para ese momento tú apoyabas la mano izquierda en mi espalda pues, sin notarlo, a momentos erguía mi cuerpo como queriendo escapar…
  • -       Ponte de pie, - ordenaste mientras me ayudabas a incorporarme pues mi respiración era agitada y los sollozos me hacían tener espasmos que para tu gusto eran exagerados.
Me tomaste de la barbilla y me permitiste sobarme pues el castigo apenas había comenzado y no pararías hasta hacerme entender la lección: obedecer. Después me condujiste hasta el rincón donde me ayudaste a poner las manos en la nuca y me indicaste permanecer ahí hasta que tú me avisaras. Mientras tanto escuché que fuiste a la cocina, te serviste algo de beber  y volviste para acercar la silla al centro de la habitación. Apreté fuerte los párpados pues ya adivinaba un otk o mis manos apoyadas sobre el asiento… pero no fue así, me llamaste y me ordenaste sentarme. Apenas mi piel tocó la dura madera solté un quejido pues mi cola ardía después de los primeros azotes.
  • -       Dime por qué te estoy castigando.
  • -       Por desobediente…
  • -       Sí, pero por qué exactamente…
  • -       Porque no cumplí con lo que me habías pedido y…
  • -       ¿Comiste?
  • -       No
  • -       ¿Estudiaste?
  • -       No
  • -       ¿Te pasaste el día entero perdiendo el tiempo, te valió cumplir con lo que te había pedido?
  • -       Sí… perdón… no es que me valiera pero…
No supe qué más decir, mi voz entrecortada por el llanto acrecentaba la dificultad para decirte que de verdad lo sentía y que no volvería a suceder… quizá no me creerías pues esa promesa la había hecho ya tantas veces pero, te lo juro, ahora era diferente.
Apretabas la mandíbula como reprimiendo tu necesidad de abrazarme, consolarme y decirme que estaba bien, que ya había sido suficiente y que me creías… pero no, supiste controlar la compasión que desde el principio te había causado. Me pediste ponerme de pie y arrodillarme sobre el asiento de la silla, te quitaste el cinturón lentamente de manera ceremoniosa y cruel pues el sonido que se producía al liberarlo de cada presilla de tu pantalón y después al doblarlo y pasarlo en repetidas ocasiones sobre mis nalgas me hacía estremecer.
Ambos sabemos que hay un punto de placer escondido entre el dolor, la humillación y los castigos, mi cuerpo ya lo hacía evidente pero eso no iba a detenerte, por el contrario, sabías lo que necesitaba y estabas totalmente dispuesto a negármelo lo más posible.
Algunas palabras como preámbulo de lo que estaba por suceder, mi cuerpo rígido y contraído esperando el primer cinturonazo que tardaba, cómo tardaba en caer… de pronto tu sombra me avisó unos segundos antes y pude sentir el cuero estallar sobre mí… una, otra, otra y otra vez. Traté de aguatar pero el dolor me obligó, primero a arquear el cuerpo y perder la posición que ordenaste… después a bajar de la silla, correr a recargarme en la pared más cercana y, con las manos sobando mis nalgas, suplicarte que no siguieras más, que había aprendido la lección y que te juraba, con el corazón, que procuraría no volver a desobedecerte.
El cinturón cayó de tu mano al piso, te rendiste ante mi arrepentimiento, me abrazaste tan fuerte que también tu cuerpo se sacudía cada vez que yo jalaba aire porque, nuevamente, mi respiración era agitada por el llanto… por las emociones… Tomaste mi cara con ambas manos, me obligaste a mirarte y prometerte que nunca más te orillaría a hacer lo de hoy. Asentí. Me besaste… volví a sentirme tuya, tu consentida… tu niña mimada aunque con la cola muy maltratada, claro, merecidamente.
Tuve que pasar 20 minutos de cara a la pared pero ya tranquila, ya perdonada.
Después me ordenaste ir a tomar un baño y, aunque no tenía muchas ganas de ello, decidí obedecerte para no tentar una vez más a la suerte de quien me había aprovechado mucho hasta hoy… Mientras tomaba la ducha fantaseé con lo que pasaría en cuanto saliera, la humedad en mis rincones aún permanecía ahí y pensé que querrías hacer uso de ella… pero no, aún seguía castigada.
Yo Spankee

jueves, 22 de agosto de 2013

Fidelidad.

Últimamente he leido y escuchado distintas posturas con respecto a la fidelidad... pero lo que más me ha sorprendido es lo que recién leí dentro de los comentarios de conocido blog de Spanking:

"La fidelidad es cosa de vainillas"

Bueno, no sé cómo reaccionar ante tal afirmación, lo cierto es que no estoy para nada de acuerdo con ella, es decir, ¿desde cuándo es malo ser fiel a tu pareja?... me parece una afirmación completamente egoísta por parte de un spanker (creo) que, por la razón que sea, no ha encontrado aún a una pareja con la qué compartir sus gustos... y qué triste, pero no por ello debería juzgar o señalar a quienes sí tienen la fortuna de contar con una... y no solo eso, tienen la fortuna y la capacidad de decidir jugar solo con esa persona.

Me parece que lo mejor y más importante del mundo spanko, del cual soy parte, es que cada uno somos dueños de nuestras acciones y nuestras decisiones... que nos sabemos adultos capaces de interactuar con otros adultos que (creemos de manera implícita) respetarán nuestra situación en general.

Debo decir que me molesta la forma en la que la gente, olvidemos si vainilla o no, se adueña de ciertas posturas y pretende hacerlas universales por así convenir a SUS propios intereses... y ni así.

Me cuesta preguntarme desde cuándo se separan en vainillas y no vainillas los valores, las conductas, el respeto hacia los demás. En fin, que yo solo no pude evitar quedarme callada al respecto y en algún lugar tenía que decir lo que pienso.

Nota: ser vainilla tampoco es un delito y no nos convierte a nosotros (spankos) en mejores o peores...

YoSpankee

miércoles, 21 de agosto de 2013

3 meses...

¡Caray!, ese es el tiempo que llevo alejada de este blog y, sinceramente, no es algo que me haga sentir orgullosa, por el contrario, me siento culpable y en deuda con mi YoSpankee. Podría alegar que he estado en pausa spanko y blah blah blah... pero desde mi experiencia diré que jamás, léanlo muy bien, JAMÁS se está en pausa spanko... y eso es algo que he podido comprobar en repetidas ocasiones.

Estoy nuevamente dentro de una marejada de emociones un tanto difíciles de explicar... sí, todas ellas relacionadas con mi ser y mi crecimiento como mujer... y eso incluye a mi YoSpankee. Las ganas de probar nuevos instrumentos, nuevas posiciones, nuevas circunstancias y nuevos medios de liberación y expresión de lo que me hace sentirme tan plena están latentes.

He confesado en facebook que, en mi vida vainilla, me desempeño como locutora de radio por internet... y eso me ha despertado, no de manera reciente, las ganas (la necesidad) de hablar de esto que tanto me gusta a través de las palabras, no solo escritas... Supongo que ya hay alguien que lo hace, tampoco me creo la más creativa y original del spanking en español... pero creo que podría aplicar mi estilo y, sobre todo, hablar de lo que es PARA MÍ, el mundo spanko.

*   *   *

Me advertiste claramente que no me atreviera a desobedecerte, que me comportara como el adulto que soy porque, de lo contrario, te verías en la 'penosa' necesidad de castigarme como a una niña... puesto que mi comportamiento era el de una.

Yo tenía toda la disposición a hacer caso de tus advertencias, me creía tus amenazas porque ya antes me has demostrado que las cumplirás, que no me ahorrarás ninguna incomodidad o dolor con tal de que yo aprenda la lección... pero no pude. Encontré en internet una página buenísima con relatos, videos e imágenes de este mundillo que, aunque me fascina, también me provoca mariposas en el estómago y me atemoriza lo suficiente como para solo enfrentarme a el cuando tú así lo dispones.

Pasé toda la mañana leyendo, mirando ansiosa cada una de las opciones que la página me ofrecía... olvidé desayunar, asumo que esa es una de las faltas más graves dadas las recaídas que ha tenido mi salud últimamente... pero te juro que no tenía hambre. Cuando me di cuenta ya era tarde, casi medio día y no me había cansado aún de disfrutar todo lo que ahí había... obviamente no lo podría hacer cuando estuvieras tú presente, así que había que aprovechar. 

¡Carajo!, olvidé sacar la basura y llevar el sobre con el portero para que lo enviara a tu socio... creo que mencionaste que era importante. Un dolorcito incómodo se instala en mi estómago, tal vez en mi consciencia... tendría que haberlo hecho a más tardar a la 1 pm porque se necesitaba para la reunión de la tarde...

Llegaste hecho una furia...

- ¿Sabes el ridículo que pasé al enfrentarme a la junta administrativa sin los documentos?

Traté de disculparme sin éxito alguno, me duele haberte fallado, sé que no tengo ninguna excusa y, sé también que lo mínimo que podré hacer, en cuanto te tranquilices y decidas qué hacer conmigo puesto que jamás me has castigado de manera impulsiva y bajo los efectos del enojo; será recibir lo que merezca sin chistar.

Esta vez apliqué aquello de 'calladita te ves más bonita', cualquier cosa que dijera sería usada en mi contra y bueno, siendo honestos, el único riesgo era empeorarlo más.

- Ven aquí -  dijiste después de haber estado un par de horas en silencio. - Sabes que hiciste mal, ¿verdad?.

Afortunadamente yo también tuve tiempo para pensar en lo que respondería, ensayar la cara de arrepentimiento y la forma en que habría de apretar mis labios para no decir alguna estupidez que nos llevara a un mal fin de todo este embrollo. Con la mirada gacha asentí a tus palabras, acepté culpa por culpa y, aunque mi cuerpo se estremecía a cada sentencia, no tuve más que asumir lo que a continuación sucedería.

*   *   *

Continuará...

miércoles, 22 de mayo de 2013

Resfriada...

Ahora mismo me siento culpable, pero no, no tiene nada que ver con mi YoSpankee... estoy despierta porque el dolor no me permite otra cosa... aunque finjo que duermo porque no quiero preocuparlo más, distraerlo de cosas que ameritan verdadera atención... esto es solo un resfriado, ya pasará, aunque es uno de esos que duele al respirar, que intenta hacer estallar la cabeza y consigue que yo sea su prioridad... es decir, lo soy siempre, pero ahora no se ha despegado de mi lado hasta ahora que casi lo obligué a dormir en la otra habitación...

No puedo dormir, ya lloré porque mi cabeza no me dejó otra opción... el medicamento no hizo mucho y yo no soy capaz de prometer lo que no seré capaz de cumplir. Que vaya al médico, dice... pero no quiero, no es necesario... o quizá sí, pero él deberá descuidar nuevamente sus asuntos para hacerle de enfermero... 

Mi cuerpo arde, no por las razones de otras veces.... y el dolor de ahora no es disfrutable, lo único que deseo es estar bien porque quiero que él esté bien... y sí, lo confesaré, huyo del médico por el riesgo de las inyecciones... que aunque me  aceleran el corazón, también me dan un miedo estúpido y spanko...

Buenas noches, seguiré sufriendo en siencio. Shhhhh!!!

YoSpankee