sábado, 3 de enero de 2015

Porcentaje

A momentos me pregunto si sería capaz de sobrevivir sin spanking... y creo que sí lo haría, pero sería tal cual, sobreviviría... Prefiero no averiguarlo y mejor disfrutar de esta deliciosa pasión.

*   *   *

Llegué a vivir a la granja de mi primo Javier, estaba yo en uno de esos difíciles lapsus de crisis existencial, así que cuando recibí la sugerencia por parte de mi tía, madre de Javier, no dudé mucho en aceptar. No importó que varios integrantes de la familia me advirtieran del carácter frío y seco de mi primo... finalmente lo que yo necesitaba era alejarme de todo y si, a pesar de vivir en su casa, él no se metería conmigo, sería perfecto.

Hice mis maletas después  de haber hablado con Javier y, en cuanto autorizó mi estancia en su rancho, no necesité pensarlo mucho más. El tiempo en ese lugar me serviría para reflexionar acerca de las decisiones que había tomado últimamente, en las consecuencias que todas ellas habían traído y que, después de todo, me tenían en esta situación.
Cargué con todo mi kit de dibujo y pintura... mi tía me había hablado de la belleza del lugar así que, además, cargué con mi cámara fotográfica.

Mi primo me recibió con mucho gusto, al verlo no me pareció el ogro del que todos hablaban. Conocí también a Emilio, su hijo adoptivo de 16 años quien, a leguas se veía, era su adoración.

Los primeros días  fueron mágicos, los paisajes eran maravillosos... me pude dar gusto haciendo largas caminatas, dibujando a ratos y tomando fotografías a otros... Podía ir a donde me diera la gana. A Javier solo lo veía, prácticamente, a la hora del almuerzo y la cena..teníamos charlas divertidas de nuestros recuerdos de la infancia, de algunos miembros de la familia, etc

Una noche me preguntó acerca de mis dibujos y mis fotografías... le dije que los espacios, los paisajes, los colores, ¡todo!... eran magníficas opciones para plasmar, ya fuera en papel, lienzo o digital. Le dije que Emilio había sido un buen guía de turistas... en ese momento no me percaté de la reacción de mi sobrino... sus ojos se abrieron como platos, se quedó a media cucharada, justo cuando yo estaba diciendo que la sesión fotográfica en la cascada del río y el pequeño pantano que se formaba ahí cerca, había sido muy divertida.

  • Sabes que tienes  prohibido acercarte a ese lugar, Emilio.


Fue hasta ese momento que recordé el secreto que habíamos pactado Emilio y yo... Él me dijo que esa zona era peligrosa, que su papá le tenía estrictamente prohibido acercarse siquiera a ese sitio, sin embargo, y ante mi reiterada insistencia, aceptó llevarme... el trato era precisamente que yo jamás se lo diría a su papá. ¡Estúpida!

  • Papá, es que yo...
  • Nada, sabes muy bien que lo que hiciste va a tener consecuencias... ¿cuántos fueron la vez anterior?
  • Cua... cuarenta y cinc... cuarenta y cinco, papá.


Yo no podía creer lo que estaba sucediendo, de un momento a otro, la situación cambió... estaba tan entusiasmada contándole a mi primo de las fotos, los dibujos, las aventuras... que no me di cuenta y traicioné a mi sobrino que en ningún momento volteó a mirarme de nuevo. Me sentía fatal pero... ¿de qué estaban hablando?... ¿cuarenta y cinco, qué?... 

  • Perdón primo, no es culpa de Emi... yo le pedí que me llevara a ese lugar, él me dijo que no se podía pero yo insistí, de verdad... si alguien tiene la culpa aquí y con quien debes molestarte, es conmigo... 


Un cambio de expresión,  que no podría describir exactamente, se dibujó en el rostro de Javier... fue algo así como media sonrisa mezclada con ceño fruncido... Volteó a ver a Emilio que, ahora sí, me miraba fijamente con cara de sorpresa... la cucharada seguía en pausa... 

  • ¿Tú qué opinas el respecto, Emilio?, preguntó su padre.
  • Yo, bueno... yo...
  • Responde, ¿es cierto que te negaste a ir?
  • Sí papá... le dije que era peligroso y que a ti no te gustaba que fuera ahí...
  • Y, sin embargo, terminaste yendo... El chico inclinó la cabeza, por fin soltó la cuchara y me pareció que estaba a punto de romper en llanto.
  • - Pero primo, no nos pasó nada... fue una falta inocente, no te enojes con él... por favor.


La tensión en el comedor era terrible.

  • Muy bien, prima... si habláramos de porcentajes... considerando que Emilio terminó cediendo ante tu insistencia, ¿qué porcentaje de culpa te corresponde en todo esto?... Te recuerdo que él debe tener algo, eh...


Pensé por un momento, el chico estaba metido en problemas por mi culpa... además, lo peor que podía pasar era que Javier me echara de su casa... pero eso era preferible, me sentía tan mal con el pobre Emilio, era yo una traidora...

  • - Yo diría que me quedó con el 95% de la culpa... y eso, solo porque no puedo tomar el 100.
  • - Bien, te diré lo que haremos... Cada vez que Emilio incurre en alguna falta, tengo que corregirlo... sobre todo cuando se trata de faltas graves en las que, el método que nosotros acordamos utilizar, son cinturonazos en las nalgas...

  • ¿¿QUÉ??
  • ¡Silencio!, no he terminado...


Me quedé impactada, ahora estaba conociendo al ogro del que todos me habían hablado, ¿cómo se le ocurre gritarme de esa forma?... ¿cómo se le ocurre golpear a un pobre chico?... no lo podía permitir...

  • No voy a discutir contigo la forma en la que educo a mi hijo... además, te repito, el acuerdo es mutuo... 


Volteé a ver a Emiliano que solo se mantenía serio y con la mirada baja... pero asintió ante tal aseveración.
  • ... así que, cada vez que sucede algo así, aumentamos 5 cinturonazos a la cuenta... la última vez fueron 45... así que ahora serán 50. ¿Correcto?


Emilio asintió nuevamente con una actitud resignada...

  • ... pero, dado que el 95% de la culpa es suya, señorita... usted tendrá que recibir el 95% de ese castigo... y si lo redondeamos de una manera justa... tendrá que recibir 48 de esos 50 que corresponden... 


Creo que, ni Emilio ni yo, lo podíamos creer... 

  • ... y, si por alguna razón piensa negarse a recibir el castigo que corresponde a su actitud irresponsable, Emilio recibirá los 50 correazos... 


Pero, ¿qué le pasa?... ¡¡No es justo!!... 

Apreté los labios, tragué saliva... y al final no tuve más opción que aceptar...

  • Bien, entonces hagámoslo de una vez... Vamos a la sala.


La sala era un espacio grande pero acogedor... los sillones eran amplios y muy cómodos... sin embargo esta vez solo podía asemejarlos a un horrible patíbulo al que éramos dirigidos, Emilio y yo, atados y sentenciados a muerte. Lo sé, exagero... pero la sensación era esa en el momento.

  • - Usted señorita, siéntese... pero ponga atención porque esto es solo un poco de lo que usted habrá de recibir más adelante... y, de una vez le advierto, el castigo no podrá ser interrumpido, lo que usted se niegue a recibir, será para Emilio... ¿quedó claro?
  • - S... sí...
  • - Sí señor... otra vez... ¿quedó claro?
  • - Sí... se... señor.


Pude observar cómo, mientras Javier desabrochaba su grueso cinturón de piel y lentamente lo deslizaba a través de las presillas de su pantalón, Emiliano hacía lo propio... pero solo para bajar sus pantalones hasta la rodilla, posteriormente bajó la ropa interior también... y se inclinó sobre el brazo de uno de los sofás. Parecía todo un ritual aprendido, algo tan natural, el chico estaba sonrojado por competo, no levantó la mirada ni una vez... 

  • ¿Listo?
  • Sí papá... respondió el chico mientras apretaba fuerte los párpados.


El cinturón fue doblado en dos partes, posteriormente levantado y descargado en un fuerte estallido del cuero sobre la blanca piel de las nalgas de Emilio que, rápidamente quedaron marcadas por una franja roja... El chico contrajo el cuerpo y ahogó un grito... después de un par de segundos interminables, dijo: UNO, GRACIAS, PAPÁ...

Yo tenía el rostro bañado en lágrimas, no sabía qué decir o cómo reaccionar... sin darme cuenta, el cinturón volvió a cortar el aire y se estrelló de nuevo en la cola del chico, dejando una nueva marca de color rojo, casi paralela a la anterior... ¡DOS, GRACIAS, PAPÁ!

- Retírate a tu habitación, Emilio... y le besó la frente mientras el joven terminaba de vestirse...

Antes de retirarse me abrazó y me dio un  un beso y, aunque había un par de lágrimas en sus ojos, supongo que por el dolor que le provocaron los azotes, me regaló una mirada llena de compasión, sabía lo que me esperaba, yo aún no cobraba consciencia de ello hasta que...

  • Es su turno, jovencita...


... Continuará...

Yo Spankee

martes, 23 de diciembre de 2014

Jo jo jo...

Parecía lejano... sé que la relatividad del tiempo y bla bla bla... pero diciembre llegó muy rápido para mí y, de pronto, mañana ya es nochebuena... 

Me gusta esta temporada, siempre me ha gustado... y me habría gustado mucho más si celebrara estas fechas con nalgadas de por medio, pero no será posible... Así que, como mi esposo / spanker y yo, pensamos en todo, estoy preparándome, en este preciso momento,  para recibir la última tunda del 2014. 

A partir de mañana no tendremos la privacidad necesaria para estos jueguitos que tanto nos gustan... de hecho, será hasta el 3 de enero que podamos volver a las andadas... así que, queridos amigos, me despido por ahora... les deseo lo mejor en estas fiestas... pedí media hora antes de iniciar un castigo que, si nos guiamos por las faltas reales, no creo poder sentarme a cenar cómodamente mañana... 

Ahora iré a ponerme la pijama, colocar el cinturón, la paleta de madera y el cepillo en el buró... bajarme el pantalón hasta las rodillas, por supuesto no traigo ropa interior, y esperar, tumbada boca abajo sobre la cama, a que termine la media hora... ya pasaron 14  minutos. 

Yo Spankee 

martes, 16 de diciembre de 2014

Siga la flecha ===>

He perdido un poco de resistencia... algún spanker me dijo una vez que era insaciable, y quizá era así en ese momento. Mi cuerpo era capaz de aguantar severas tundas que dejaban rastros de rojos a morados, no sólo en mis nalgas, también en mis muslos...

No alcanzo a entender de qué se trata, en ocasiones un instrumento puede parecer maravilloso, amigable y por completo delicioso... pero en otras puede ser un instrumento de tortura, incluso psicológica, solo de mencionarlo.

Mi esencia es spankee,  la mayoría de las veces, lo que ando persiguiendo, son unas nalgadas bien dadas... por supuesto, con la consiguiente sesión de sexo, humedad y placer. Pero también es cierto que deseo ir más allá... he obtenido muchas cosas deliciosas del spanking... y aunque no soy de la idea de etiquetar situaciones, personas o momentos... quiero trascender, buscar lo que haya más allá. No sé si lo que quiero entra en el denominado bdsm, sumisión, etc... pero hay cosas de ahí que deseo probar.

Al ser spankee algo he de tener de masoquista, disfruto muchísimo el dolor que producen unas nalgadas y azotes con distintos instrumentos... disfruto también de toda la atmósfera que envuelve todo ello: las advertencias, las miradas, las órdenes y hasta la humillación que conllevan estos rituales... aún así, iré por más. Ya no es una duda, no estoy en proceso de resolver si lo hago o no... ¡estoy decidida!

¿Cómo llamarlo?, no estoy segura, pero tampoco tengo necesidad de hacerlo... una vez más, voy con el disfrute como único objetivo... Disfrute mío y de mi hombre, por supuesto...

Y es así que seguimos avanzando...  ;)

Yo Spankee

domingo, 14 de diciembre de 2014

Ciclos

Pero se trata solamente de tiempo, es decir, mis ciclos por ahora se limitan al tiempo pues, en lo demás, sobre todo lo spanko, no podría definir comienzos o finales, sino procesos. 

Mi Yo Spankee está más viva e inquieta que nunca... confieso que a momentos me tortura un poco la edad y, sería deshonesta si no lo aceptara, la apariencia física sigue siendomi talón de Aquiles. La naturaleza no me favoreció con un cuerpo delgado, tampoco con sensualidad... habrá quienes estén en desacuerdo conmigo, a ellos les agradezco mantener alta mi autoestima. 

La sexualidad no se mide en kilos, eso lo sé... y ninguno somos igual a los demás... conozco personas que podrían opinar que soy linda, algunos hasta dirían que sexy... Yo solo agradezco tener amigos tan buenos, aunque un poquito mentirosos. Ja. 

Estoy desarrollando y soñando con nuevas y deliciosas fantasías... no saben ustedes, o quizá sí, lo que la imaginación de esta spankee es capaz de conseguir... es por ello, y por el placer que este mundillo me ha brindado siempre a través de personas maravillosas, que no me iré... al menos no por ahora, ni muy pronto... 

A pesar de las publicaciones tan espaciadas, Yo Spankee sigue viva, latente y ansiosa de nalgadas y muchas otras cosas... Aquí estoy  y pretendo continuar compartiendo con todos ustedes lo que soy, lo que sueño, lo que deseo y necesito. Ustedes son y seguirán siendo testigos del crecimiento de esta spankee mexicana que tiene a las letras como aliadas fieles de esta maravillosa aventura denominada spanking. 

Yo Spankee 

miércoles, 10 de septiembre de 2014

Recuerdos

Es difícil para mí establecer un principio oficial de mi YoSpankee, trato de hacerlo pero todo se complica cuando los recuerdos hacen revolución en mi memoria, que además cabe mencionar, es pésima. 

Cuando era pequeña vivía con el temor de ser castigada, no porque en casa existieran los castigos físicos, quizá era porque deseaba que así fuera. Me gustaba escuchar experiencias de otras personas al respecto, moría de ansiedad cuando, por casualidad, escuchaba a alguien hablar de nalgadas, cinturonazos, chanclazos, etc... pero mi corazón daba vuelcos cuando escuchaba la palabra 'cueriza', ese efecto aún existe en mí, de la misma forma que aún reacciona mi cuerpo... En ese entonces yo no sabía que era excitación, no sabía que esas palpitaciones en mi entrepierna significaban tanto, no sabía nada... más que me gustaba la sensación. 

En ese entonces (y miren que no soy vieja) era común que los adultos recomendaran los castigos físicos como método educativo o correctivo... y yo, que era tan rebelde y jamás me quedaba callada ante algo que no me parecía, fui testigo de dicha recomendación a mis papás por parte de tíos, profesores y demás metiches. (des) Afortunadamente mis papás nunca hicieron caso, y es así que jamás recibí una sola nalgada en casa. 

Alguna vez me tocó presenciar que  castigaran a alguno de mis primos, pero entonces todo perdía el encanto. En alguna ocasión fui yo el motivo de dicho castigo y la culpa me hizo desear que la que llorara tirada en la cama y sobándose las nalgas, fuera yo. La sensación en mi entrepierna no se hizo esperar. 

Conforme fui creciendo el deseo fue incrementándose, así que mis gustos comenzaron a reflejarse en mis sueños, en mis dibujos y, más notablemente, en mi ropa interior. Recuerdo que tenía una compañera en la secundaria que me contaba cuando su papá la castigaba (a ella y a sus hermanos) y lo hacía de una forma tan natural, que no me avergonzaba preguntarle. En una ocasión me platicó que se perdió el control de la tv y ninguno de ellos confesó la culpa, entonces su papá les dijo que los castigaría a los tres... que pasarían de uno en uno frente a él y recibirían un cinturonazo la primera vez, dos la segunda y así sucesivamente hasta que el culpable hablara. Ufff, la cantidad de noches que recreé la escena en mi imaginación, siendo yo una de las protagonistas. 

En la preparatoria conocí a un chico, del que más adelante me enamoraría, pero esa es otra historia. Era muy alto para su edad, de espalda ancha y personalidad fuerte, voz grave y mirada penetrante... jamás hubiera imaginado que, a sus 16 años, aún recibiera castigos físicos por parte de sus padres. Su mamá usaba la mano, su papá el cinturón o una correa que guardaba para casos especialmente fuertes. La mayoría de las veces los castigos eran por bajas calificaciones, así que yo esperaba ansiosa cada bimestre... digo, no es que deseara que le dieran cada vez, pero conocía muy bien cuando los resultados no le eran muy favorables. 
A él nunca le conté lo que sentía al respecto de las nalgadas o los azotes en la cola, pero apuesto que notaba mi interés. Una sola vez le dije, a modo de broma, que me merecía unos correazos... y él, en el mismo tono, me respondió que me los daría con mucho gusto. Supongo que me puse de mil colores, tristemente nunca sucedió. 

Durante los últimos semestres de la prepa, tenía yo un novio cuyas particularidades me permitieron ser más abierta en cuanto a gustos, fantasías y deseos... y aunque le dije acerca de las nalgadas y hubo muchísimas amenazas de su parte, nunca una sesión en sí, solamente una vez apostamos cinturonazos con un dado, ambos dimos y recibimos sobre la ropa... pero igual, ese momento fue la gloria para mí. 

Después pasaron los años, nunca perdí de vista mi objetivo, mis deseos, mis necesidades... en aquel entonces mi apariencia era el principal obstáculo, siempre he sido muy insegura en ese sentido, pero entonces lo era mucho más... así que ni lo busqué y mi vida sentimental era solo eso... muy cursi y emocional. 

Continuará... 

Yo Spankee 

martes, 19 de agosto de 2014

Error

Hacía tiempo que no escribía acerca de una experiencia propia, y no por falta de material, sino por cuestión de tiempo y porque, aunque disfruto cada sesión, las últimas habían sido meramente eróticas, con fines completa y claramente sexuales.

No me mal entiendan, las nalgadas que yo recibo son siempre con fines de pasión, pero a veces el proceso implica algo de disciplina doméstica... tal fue el caso de lo que me dieron esta tarde.

Apenas llegué a casa ya estaba él esperándome,  de inmediato noté la mirada distinta, esa que me indica que algo está pasando... solo tuve tiempo de dejar mi bolso en el sofá y preguntar si todo estaba bien, cuando comenzó el interrogatorio. Muchas veces he dejado de hacer cosas que me pide, mi pretexto es la pésima memoria, las actividades extra, el tráfico, etc... y él lo deja pasar, es comprensivo y muy paciente, finalmente  sabe que hago lo que puedo, a veces más.

Sé que lo de hoy fue un pretexto, él quería nalguearme y me encanta que lo haya hecho de esa forma. El  instrumento principal, además de su mano, fue un ancho paddle de madera que, dicho sea de paso, me produce escalofríos solo de verlo... a veces me amenaza con usarlo, pero no lo hace porque sabe el miedo que le tengo... por eso supe que hoy iba en serio. Tragué saliva.

Las primeras nalgadas fueron sobre la ropa, pero no en otk como me habría gustado... por eso siento que fue duro desde el principio. Recostada sobre la cama apretaba fuerte los párpados, no porque doliera (todavía) sino porque sabía bien lo que estaba por venir.

Es muy difícil responder preguntas de manera coherente o rápida mientras las nalgas se van calentando a la velocidad con que caen palmadas fuentes sobre ellas. Después, lógicamente, mis jeans terminaron en mis rodillas, un rato después mis calzones de la misma forma. Soy capaz de aguantar muy bien una nalguiza, por dura que sea... acaso patalearé, intentaré meter la mano y exageraré las quejas... pero a la hora del paddle me puedo arrepentir de todo, de lo que sea, incluso de lo que no he hecho.

Traté de convencerlo para que no lo usara, prometí cosas que  ambos sabíamos no podría cumplir, ofrecí cambiar y ser mejor de ahora en adelante. No me creyó.

La tabla golpeó una y otra vez, el ritmo y la fuerza iban variando sin previo aviso. Azotes rápidos pero suaves, luego lentos pero mucho más intensos... alternando una nalga y luego la otra  o abarcando ambas. A momentos él tomaba mi mano y la sostenía en mi espalda, es que a ratos era imposible no meterla... dolía muchísimo. Snifs.

Supongo que es muy tentador volver a utilizar la mano sobre unas nalgas rojas, calientes y muy sensibles... ya que en un par de ocasiones dejaba la tabla sobre la cama y me daba nalgadas muy fuertes. Entonces hice lo más estúpido que se me pudo ocurrir: tomé el paddle y lo lancé tan lejos como pude, craso error. La tabla tuvo mucho más trabajo conmigo, mis pobres nalgas están muy adoloridas, aún se sienten calientes y tienen esa texturita deliciosa de cuando se hinchan.

No voy a quejarme, aunque eso parezca, porque después tuvimos una maravillosa y húmeda sesión de sexo... pero creo que igual iba a recibirlo con la cola menos aporreada.

Yo Spankee

miércoles, 6 de agosto de 2014

¡Estoy enferma!



Desde hace tiempo vengo leyendo en distintos espacios el espanto, la aberración que produce en algunas personas el hecho de que hayamos otras (particularmente mujeres) que gustamos de recibir azotes en las nalgas... pero también he visto, hasta eso que con cierto agrado, el nivel de interés y cuchicheos que provocó el libro (la trilogía) de 50 sombras de Grey. Últimamente está más de moda que cuando salió el primer libro, y es que no es para menos porque está a punto de estrenarse la película... yo soy una de las que no piensa perdérsela. 

Verán, estoy de acuerdo con que no se trata de una obra digna de un premio de literatura, por supuesto que la historia es tonta y cursi hasta el hartazgo... pero Christian Grey se convirtió en puente de comunicación entre los spankos y bdsemeros con los vainilla. Personalmente no me contuve y compartí los libros con cuanta vainilla se dejó, incluidas mis hermanas y amigas... de esa forma pude notar su afinidad o rechazo para con esto que es mi vida: el spanking.

No voy a entrar en la tonta discusión acerca de si el libro es cierto en sus descripciones, si muestra o no un bdsm muy light, etc... recuerden que soy de la idea de que cada uno viva sus preferencias y gustos como mejor le plazca, hasta donde sé no hay una ley irrompible del bdsm o spanking... así que dejémonos de mojigaterías. Si el libro les gustó o no, esa es otra cosa... estoy segura que pocos de este mundillo lo aceptarán como algo relevante para la comunidad... la gran mayoría se cree el cuento de superioridad mental y psicológica porque 'somos' de mente abierta, pero son los primeros en señalar, etiquetar y desacreditar porque no está a la altura. Bah.

El punto al que quería llegar, y el cual sugirió el título de este post, es la reacción del mundo vainilla (mucho más honesta que la del mundo 'openmind' spanko y bdsmero)... hacia la forma en la que puede desarrollarse una relación, ni siquiera de disciplina doméstica, sino de juegos sexuales consensuados entre adultos, como los que describe el libro. Algunas personas se sonrojan al mencionarlo, otras sonríen pícaramente y levantan los hombros, la mayoría opinó que ¡qué aberración!... y todas leyeron, al menos el primer libro, completito. Ja!

Yo no me voy a centrar en la historia de E. L. James, autora de tan controvertidas publicaciones, sino en lo que mi imaginación y libre albedrío, en cuanto a cualquier libro, me permitieron desarrollar. Me pareció interesante la forma en la que la chica (Ana Steele) se va introduciendo al mundo 'obscuro' que representan los gustos, deseos y fetiches del hombre que le robó el corazón (¿quién puede no enamorarse de Christian Grey?... y más si gusta de los azotes. Me les caso, señores), lo cual demuestra que el amor sigue siendo una fuerza indomable, pero mejor aún, que el spanking puede terminar gustándole (casi) a cualquiera... hasta a una mojigatilla inexperta. 

Criticaría que se encasilló a Mr. Grey como un traumado, con problemas mentales y de personalidad, con telarañas psicológicas que ayudan a pensar que, obvio, con una infancia como la suya, cualquiera optaría por una vida sexual 'enferma', ¡carajo!... como si solo nosotros 'los enfermos' contáramos con características de ese tipo... Bah, de nuevo.

Sin afán de seguir revolviendo este post, solo diré que lo que cuenta 50 sombras no es nada nuevo, es solo una historia de amor que se da entre una vainilla pobretona con aires fantasmagóricos y un guapo millonario que gusta de juegos sexuales particulares... ¿vieron cómo es fácil etiquetar a la gente? 

La conclusión de mi experimento, por si no habían notado que lo fue, es que a muchas mujeres les gustaría experimentar aunque sea un poco de lo que se describió en el libro, que todas anhelan un hombre en sus vidas que las cuide, de quien sean la prioridad y quien sea capaz de hacer cualquier cosa por ellas... ¡obvio!. Que hay personas, particularmente mujeres, que piensan que la que se deje nalguear, es una tonta enferma que no tiene dignidad... aquí yo podría decir que 'pobrecitas', no saben de lo que se pierden... pero mejor diré que cada uno haga con su cuerpo, sus humedades y sus orgasmos lo que mejor le convenga, y a mí me conviene ser una enferma que disfruta cuando su esposo/spanker le da sus buenas nalgadas.

Ya quiero ver la película.

Yo Spankee