viernes, 24 de mayo de 2019

Yo Spankee [Reloaded].

Después de una breve pero difícil pausa en mi vida spanko, hoy, por fin puedo anunciar mi regreso.
No sé lo que haya pasado, no sé tampoco si deba indagar en ello, lo que sí sé es que estoy feliz y dispuesta a seguir haciendo de esto, como siempre, un motivo de placer.
Como lo dije antes, si algo deja de disfrutarse y, por el contrario, causa pesar o sufrimiento, entonces ya no vale la pena seguir con eso.

Agradezco profundamente a todos aquellos que han estado conmigo en los momentos buenos pero, sobretodo, en los malos. Quiero que sepan que, más allá del spanking, valoro muchísimo su cariño y amistad. Espero ser lo suficientemente inteligente para aprovechar a todas las personas que están a mi alrededor y que me han cuidado y ayudado a encontrar salida en los momentos de dificultad.

YoSpankee está de vuelta con toda la actitud y con muchas ganas de seguir acumulando nalgadas a favor, espero que también las letras se pongan de mi lado y, así, poder escribir en este maravilloso espacio que me hace sentir tan plena.

Bienvenida, YoSpankee, deseo con todo mi ser no volver a dejarte ir nunca jamás de los jamases...

YoSpankee

miércoles, 17 de abril de 2019

Spanking: Arma de doble filo.

Siempre he dicho que uno debe hacer y defender aquello que le hace feliz. Durante muchos años, el spanking ha formado parte de mi vida, una muy educativa y enriquecedora, además de placentera... Pero, últimamente, y sobretodo con respecto a mi interacción con otros spankos, el placer ha dejado de ser tal. Mi cerebro, mucho más que mi cuerpo, se ha puesto a la defensiva y, espero que sea temporal, se niega a pensar, buscar, sentir o hablar de spanking.

Escribo este post a manera de disculpa y explicación. Por ahora he tomado distancia de todos y todo lo que tenga que ver con el mundo spanko, excepto mi esposo (que a la vez es mi spanker pero, incluso él, por ahora no funge como esto último)... Lamento solo haber desaparecido pero, créanme, no dependió de mí, simplemente, fue algo que mi mente y mi corazón exigieron de un momento a otro.

Estoy tratando de sanar situaciones y relaciones que no me han hecho bien, insisto, no puedo continuar con el spanking y todo lo que lo envuelve, en tanto me produzca daño porque, como lo dije al principio, esto ha sido siempre con fines de placer. Siento mucho los inconvenientes que esto les provoque.

Por otra parte, espero y deseo, esto no es algo definitivo pero, si soy honesta, no sé cuando vaya a pasar. Aprovecho este espacio para decir a los que quiero, que los quiero y los extraño mucho, que me perdonen y que no me olviden. Recuerden que solo soy, además de spankee, una chica común, tan ordinaria como vulnerable, así que, ténganme paciencia y sepan que, a pesar de la distancia (en todos los sentidos), los llevo siempre en el corazón. Besos a todos.

YoSpankee

sábado, 23 de febrero de 2019

Un viaje a Las Canarias

Escribí este pequeño relato para mis amigas Edsuarmi Suárez y Gina Draper, espero que les guste.

* * * * * * *

Recuerdo ese viaje a Las Canarias, al principio no quería ir, me parecía aburrido ir a un lugar donde no conocía a nadie y no sabía lo que podía hacer. Gina insistió en que la acompañara, ella tenía algunos asuntos qué arreglar ahí y quería que yo lo tomara como unas vacaciones. Repito, yo no quería pero, obviamente, aquí no se hace lo que yo quiera y, aún en contra de mi voluntad, emprendimos el vuelo con muchas expectativas por parte de Gina y mal humor de parte mía.

Ella insistía en que me iba divertir, me hablaba de las maravillosas playas, los lugares, los hermosos hoteles y la calidez de su gente, pero a mí no me importaba, mientras hubiera internet y electricidad, era más que suficiente.

Llegamos a nuestro hotel, después de un vuelo largo, una escala, un taxi y la interminable charla del chofer; estábamos rendidas, al menos yo, Gina parecía estar tan fresca, tan llena de energía. Quería ducharse y salir de inmediato a comer, a conocer el lugar. Yo, en cambio, quería acostarme, dormir un poco, quizá pedir servicio a la habitación.

- No, señorita, no vinimos tan lejos a dormir… ¡Arriba, andando!

De mala gana, obedecí.
No sé qué es lo que le parece tan atractivo, para esto, pudimos ir a cualquier playa de México, qué fastidio.

Ya sé que puedo llegar a ser una piedra en el zapato, que no pongo de mi parte pero, la verdad, mi objetivo era desesperar a Gina para obligarla a volver al hotel. No se requiere mucha ciencia para eso, sé muy bien cuáles son sus puntos débiles. Funcionó.

- No es posible, Laura, te comportas como una niña pequeña, estoy harta de tus berrinches, no sé por qué te pones en ese plan… blah, blah, blah…

Entré a la habitación con actitud de triunfo, me tumbé sobre la cama como tomando posesión de mi territorio y Gina montó en cólera.

- Pero qué carambas te estás creyendo, jovencita?... No te vas a burlar de mí.

En eso, se dio la vuelta para buscar algo en su maleta. No es posible que haya traído hasta acá su horrible zapatilla, peor aún, ¿el cepillo? Entré en pánico, no llevábamos ni 24 horas ahí y ya estaba metida en problemas. Creo que dejó hasta abajo sus instrumentos de tortura, tardaba bastante en sacarlos así que, como si no fuera suficiente tomé una decisión que en el momento no parecía tan mala: salté de la cama, corrí hacia la puerta de la habitación y huí.
Recorrí los pasillos del hotel, pasé por la piscina y corrí hacia la playa. No sé qué pensaba, lo único que no quería era una tunda, no ahora.

Gina tenía razón, la playa era hermosa… me quité los zapatos y comencé a caminar, la brisa era suave, de pronto, observé a una chica jugando en la arena, era como de mi edad; llevaba un vestido de flores y largas trenzas caían sobre su espalda. Volteó a verme y le sonreí, ella lo hizo también, se veía una chica tierna y (para mi gusto) un tanto aburrida, aniñada, quizá. Sin embargo, yo no conocía a nadie ahí, y tenía que hacer algo en lo que reunía valor para volver a la habitación a enfrentar a Gina.

- Hola, cómo estás?, me llamo Lau, estoy de vacaciones aquí, cómo te llamas?
- Ho oo hola, me llamo Edsuarmi. Respondió un poco tímida.

Quién iba a decir que Edsuarmi resultaría ser una chica tan divertida, con muchas historias qué contar. Me hizo reír mucho, ella era oriunda de aquel lugar, así que me contó de cómo era, qué atracciones tenía y lugares a donde podríamos ir esa noche, al día siguiente y todos los demás. Hablábamos como si nos conociéramos de toda la vida. Me encantaba su acento, ella decía que el mío era muy ‘guay’.
No sé cómo pasó tanto tiempo, de pronto comenzó a oscurecer… ¡Gina me va a matar!

- ¿Quién es Gina?. Preguntó Edsuarmi con curiosidad, tratando de tranquilizarme.
- Verás, Gina es mi mamá, tuvimos una bronca esta tarde…
Poco a poco le conté todo lo que pasó, la manera en que escapé y, con muchísima vergüenza, las consecuencias que seguramente tendrían mis acciones.
Su mirada era dulce, no encontré juicio alguno en ella, al contrario, había complicidad.

- Mira, Lau, no tienes por qué avergonzarte, a mí también me dan una zurra de vez en cuando, es normal. Esto es lo que haremos: iré contigo hablaré con tu mamá y le diré que fue mi culpa, que yo te pedí que te quedaras conmigo y se nos fue el tiempo. Seguro que, aunque sea por quedar bien, te libras de esta, a que sí.

Sonaba coherente el plan, Gina no se atrevería a castigarme frente a ella, quizá pospondría el castigo para mañana y, aunque no me libraría, al menos se le pasaría un poco el enojo.

Toqué con suavidad la puerta, Gina abrió en seguida. Me abrazó muy fuerte, me dijo que había estado muy preocupada y no sabía qué hacer.

- Lo siento, Gina… mm mira, ella es mi amiga Edsuarmi.

Gina se secó un par de lágrimas de la cara, sonrió un poco confundida pero con la amabilidad que la caracteriza. Saludó a Edsuarmi y la invitó a pasar. Comenzamos a charlar, Gina ya se veía muy tranquila, entonces Edsuarmi comenzó con el discurso:

- Lo siento mucho, señora Gina, es que Lau y yo estuvimos jugando en la playa pero, por favor, no se moleste con ella, fue culpa mía, yo le insistí para que se quedara y, bueno, tampoco estuvo tan mal, solo bebimos un par de cervezas y fumamos un cigarrillo…

¿Qué?, eso no es cierto, cómo se le ocurre decirle eso a mi mamá, con la cantidad de problemas que ya tengo encima.

- No es verdad, no hicimos nada de eso, ¿por qué mientes?

Estaba furiosa, mis ojos podrían haber lanzado llamas, maldita mocosa mentirosa. Ella sonrió y continuó.

- Lamento que hayamos vuelto tan tarde pero, aunque Lau insistía en en ir a un bar, afortunadamente pude convencerla de volver, le dije que usted estaría preocupada y…

- A ver a ver, las dos, ¿estuvieron bebiendo y fumando?

- No, Gina, está mintiendo… ella bebió y fumó, yo solo la acompañé.
Grité en un intento desesperado por que no le creyera a ella.

Gina se puso de pie con los brazos en jarra, esa ya era una mala señal. Edsuarmi se veía tan divertida y yo, bueno, yo estaba a punto de romper en llanto, sí por el miedo a la tunda pero, más por el enojo contra esa malvada chica.

- Pónganse de pie las dos, esto lo vamos a arreglar ahora mismo.

La expresión de Edsuarmi cambió, la sonrisita burlona desapareció y sus ojos se abrieron como platos.

- Yo no hice nada, señora, mejor me voy a mi casa.

- Nada de eso, jovencita, tú vas a ser la primera.

Dicho lo anterior, la tomó del brazo y la tumbó sobre sus rodillas en la silla donde estaba sentada antes. La chica pataleaba y trataba de protegerse pero, ja, Gina es experta en esos menesteres. Las nalgadas caían rápido y muy fuerte, el vestidito no ofrecía ningún tipo de protección, parecía como si los azotes estuvieran cayendo sobre la piel. En parte era delicioso escucharla llorar y suplicar que se detuviera, decía que estaba muy arrepentida por lo que había hecho y que no volvería a suceder.

- Laura, dame la zapatilla que está sobre el buró.

Tus deseos son órdenes, mamá. Corrí a traer el instrumento que aporrearía las nalgas de Edsuarmi. Al lado de la zapatilla estaba el enorme cepillo de madera, argh, mi cuerpo se contrajo de inmediato.

- Laura, la zapatilla!!

Se la llevé, justo cuando la ponía en su mano, noté que el vestido ya estaba levantado y las braguitas en sus rodillas. Las nalgas de Edsuarmi estaban ya de un tono rojizo, definitivamente, las manos de Gina saben hacer su trabajo, si lo sabré yo.

La zapatilla comenzó a caer inmisericorde. Pobre Ed, lloraba tan fuerte, las lágrimas bañaban su rostro y las palabras que salían de su boca lo hacían ahogadas por la respiración agitada y los movimientos involuntarios al recibir cada azote.

- Ahora sí, dime exactamente cómo fueron las cosas, Edsuarmi…

De esa manera confesó. Dijo justamente lo que había pasado, dijo que sólo ella bebió y fumó, que pasamos el tiempo en la playa y que fue su idea acompañarne para explicar la tardanza. Dijo también que cambió la historia para divertirse, que no fue con mala intención, al contrario, le parecía injusto que yo saliera impune por lo que había hecho en la tarde. Además, también dijo que estaba muy feliz de haberme conocido y que quería seguir siendo mi amiga. Creo que Gina y yo estábamos muy conmovidas, pobre Ed, la tunda que se llevó.

- Ponte de pie, nena, ya terminó, no llores más.

Edsuarmi se puso de pie, seguía llorando y se sobaba las nalgas que habían quedado muy rojas. Gina la abrazó, vaya que los brazos de Gina son reconfortantes. Gina le dijo que ya había pasado, que el castigo había sido merecido y, preguntándole si había aprendido la lección, ante su asentimiento, volvió a abrazarla y le besó la frente.
Después fui y las abracé también, el momento fue muy tierno.

Cuando Ed terminó de llorar, dijo que tenía qué despedirse, aún tenía que ir a su casa. Le di mi número de teléfono, nos pasamos los respectivos Facebook y la acompañamos al lobby del hotel, dijo que vivía muy cerca de ahí.

Gina y yo volvimos abrazadas a la habitación, ambas sonreíamos.

- Ni creas que he olvidado que tenemos una cuenta pendiente, Laura Magdalena…
- Pero Gina…
- Entrando a la habitación, te quiero boca abajo sobre la cama con los calzones abajo. Tu amiga Edsuarmi ya pagó su parte, ahora te toca a ti.

FIN

YoSpankee

jueves, 7 de febrero de 2019

Tienen que leer esto.

Desde hace tiempo que soy lectora fiel de un blog spanko en español, llamado Mariposas de Chocolate. Hoy he leído ahí un artículo que me gustó mucho y que, sin mentirles, me habría encantado tener la capacidad para escribirlo yo, es decir, explicar y describir de esa forma (tan buena) lo que es una spankee y lo que implica el juego... 

No les digo más les dejo el link para que corran a leer===> AQUÍ

YoSpankee 

viernes, 25 de enero de 2019

Tú y yo.

No es secreto la admiración y el amor que nos tenemos, de manera mutua, él y yo. Desde que nos vimos por primera vez, hubo electricidad, nos conocimos y no pudimos dejar de vernos más. Nuestra relación ha sido, desde el principio, un estira y afloja entre disciplina doméstica, spanking erótico. Es decir, principalmente disciplina pero yendo fácilmente al sexo.
Estos días ha sido difícil coincidir, él trabaja demasiado y yo también tengo algunas actividades, sin embargo, han sido varios avisos. Entre sus actividades, se da el tiempo para estar pendiente de mí, eso implica detectar mis fallas y definir la forma en que habrá de corregirlas, con nalgadas, la mayoría de las veces.

Ayer llegó temprano de la oficina, uffff, ese traje gris le queda maravilloso. Es un hombre muy apuesto, alto, de espalda ancha y barba tupida. Su apariencia es tan varonil que, aquí entre nos, lo confieso: solo verlo me alborota todo. Si fuera posible, me lo cogería todos los días. Quizá es que yo también estaba con la temperatura arriba. Solo verlo, mordí mi labio inferior, él conoce esa señal... Pero la ignoró.

Comenzó haciendo ese tipo de preguntas difíciles, de esas que hacen que la memoria se quede en blanco de manera automática. Él sabe que soy incapaz de listar mis culpas, la mayoría de las veces, prefiero que él descubra todo, aunque el castigo sea mayor por eso. No fue la excepción.

Me pidió ponerme de pie y, con calma, nos dirigimos a la cocina. Con demasiada parsimonia cerró la puerta y bajó las persianas que dan a un pequeño jardín. No hay riesgo de que alguien nos viera, es solo que preferimos la privacidad y a él le gusta hacerse el interesante. Sabe perfectamente que, mientras va de un lado a otro, mi nerviosismo aumenta y la ansiedad me vuelve loca.

Se quitó el saco y lo colgó en el respaldo de una de las sillas altas de la barra. Comenzó a doblar sus mangas cuando, sin dejar lo que hacía, me miro con el ceño fruncido y me dijo que no quería berrinches ni excusas, que tuve la oportunidad de dar explicaciones y la desaproveché, que si sabía lo que me convenía iba a obedecer sin chistar. Tragué saliva.

Quítate toda la ropa, ordenó mientras tomaba una silla y se sentaba. Obedecí porque no quería agravar mi situación. Me fui quitando cada prenda que cubría mi cuerpo: primero la blusa, los zapatos y los jeans; después el sostén y, por último, con pudor, los calzones. Sé que debo doblar todo con cuidado y ponerlo de manera ordenada sobre alguno de los muebles. Así lo hice.

Él observó con atención cada uno de mis movimientos y, cuando vio que terminé, con un par de golpecitos sobre su muslo, dio la indicación para que yo asumiera la posición y, entonces, comenzara el castigo.

Yo sé que, cuando me azota desnuda, el castigo será particularmente duro. Estaba preparada mentalmente para ello. Traté de acomodarne bien sobre sus piernas, levanté las nalgas, justo como a él le gusta, y cerré los ojos. Las nalgadas no se hicieron esperar, fuertes y rápidas desde el principio. Los regaños también comenzaron y, al ritmo de las nalgadas, también salían mis lágrimas. Dolía mucho.

No sé cuánto tiempo estuvo azotando, más de lo normal, eso sí. Mis nalgas estaban muy rojas y calientes, hinchadas también, supongo. Pareciera que tiene manos de acero, él podría estar horas nalgueándome y jamás se cansaría. De pronto se detuvo, supuse que aún no terminaba, además, seguramente venía lo peor.

Me ordenó arrodillarme sobre el asiento de la silla, de nuevo paré bien las nalgas... No hace falta que me lo diga, eso lo sé de antemano, así debe ser. Esperé el sonido del cinturón al desabrocharse, tardó un poco pero sucedió. El miedo me invadía, mi cuerpo se contrajo automáticamente. Me ordenó separar las piernas, aproveché la postura para levantar más el culo.

Yo solo deseaba que comenzara el castigo, no por masoquismo, sino para que también terminara pronto. De repente, cuando mi cerebro estaba listo para recibir los azotes, sentí cómo sus dedos recorrían mis rincones, se bañaban en la humedad que inundaba mi vagina y la utilizaban para entrar y salir de ella. Qué sensación más deliciosa. Hay un contraste mágico entre placer y dolor cuando, con las nalgas adoloridas, la vagina y el clítoris reciben una estimulación especial. Uffff, ¡qué sensación!

Comenzó a hablarme sucio, me dijo que el momento de ser una niña ya había pasado, ahora es momento de... Dejó la frase incompleta para que yo la terminara... De ser tu mujer, respondí jadeante. ¡NO!, gritó furioso, es hora de que seas mi puta. Entonces, con mis propios jugos, untó mi ano y comenzó también a meter su dedo. Yo solo me aferré con fuerza al respaldo de la silla, sabía (o intuía) lo que estaba por venir.

Estuvo estimulando un buen rato, con una mano la vagina, con la otra el culo.
-Separa con las manos tus nalgas. Dijo mientras él mismo ponía mis manos dónde y como las quería. De nuevo obedecí. Fue ahí cuando sentí cómo la punta de su pene se posaba en mi ano. Me asusté. ¿No vas a poner lubricante?, pregunté y solo obtuve como respuesta una fuerte nalgada y lo siguiente fue el dolor al sentir cómo su miembro era introducido fuerte, aunque lentamente, por mi culo.

Intenté ahogar un grito y, sin querer, perdí un poco la postura pues mis manos nuevamente se aferraron al respaldo de la silla. De inmediato recibí el castigo por ello. Mis nalgas dolían y se contraían con cada azote y, supongo que eso hacía que apretara su pene, así que siguió azotando mientras, como él mismo lo dijo, me cogía por el culo, como a su putita.

El dolor nunca desapareció, pero el placer crecía cada vez más.

Era delicioso sentir su pelvis chocar contra mis nalgas calientes, qué sensación indescriptible. Quisiera haberle pedido que no se detuviera, que me diera más y más fuerte, que era riquísimo estar así para él; pero tenía prohibido hablar, las putitas solo tienen permitido gritar y gemir.

Fueron varios orgasmos, y fue más delicioso cuando, en un grito de placer, con esa hermosa voz grave que me encanta, llenó de semen mi interior...

Tardó un momento en recuperarse, también esa parte fue linda, sentir su cuerpo encima del mío mientras nuestras respiraciones recobraban su ritmo de a poco.

Te amo, me dijo mientras sonreía sudoroso. Yo también, respondí y lo besé en los labios.

YoSpankee

Ajuste de cuentas.

Qué difícil es aceptar las culpas, lo es más cuando se hizo todo lo posible por ocultar alguna fechoría y el spanker, con la habilidad que le caracteriza, lo descubre y, con ello, cae una sentencia terrible e inevitable.

Esa tarde, por raro que parezca, me quedé sin palabras para explicar los qués y porqués de todo lo que se me estaba cuestionando, me quedé sin escapatoria alguna y él, con una evidente decepción mezclada con enojo, me tomó del brazo y me condujo a mi habitación con paso rápido y sin dejar la regañina.

- Por favor, no volverá a pasar, lo prometo.

Por fin pude hilar una frase, quizá era el miedo que me presionaba. Lo único era buscar un poco de piedad, quizá apelar al amor que sé que me tiene porque, definitiva y conscientemente, merecía el castigo.

Por más que supliqué, su expresión jamás dejó de ser dura, estaba decidido a castigarme, nada lo iba a detener.
Entramos a la habitación, parte de todo esto era por el terrible desorden que siempre tengo por todos lados. La cama estaba destendida y llena de ropa y libros; el escritorio, de igual manera. El único espacio más o menos libre, era el tocador de madera: un mueble con una superficie amplia y un gran espejo arriba. Sin pensarlo, tomó una de las almohadas (sin soltar mi brazo), la colocó sobre el tocador y me pidió asumir la posición. Volteé a verlo por última vez, ni la más suplicante mirada logró persuadirlo. Me resigné a mi destino. Regresé la mirada hacia el frente y me topé con mi propio reflejo. Encontré un rostro descompuesto y bañado en lágrimas, el cabello alborotado y, detrás, su reflejo quitándose, primero la playera y después el cinturón. ¿Qué está haciendo? Qué maravillosa vista, pensé por un momento. ¿Por qué me hace esto?, él sabe que odio hacerlo enojar, que soy capaz de lo que sea por hacerlo feliz y que mi vulnerabilidad se transforma en entrega cuando estoy en sus manos. ¿No podríamos, solo por esta vez, cambiar los planes y dejar el castigo para otro momento?. Me encanta el vello que cubre su pecho, se me antoja tan varonil, qué orgullo me da saber que es mi hombre, el mismo que se preocupa por mí, me cuida y me protege; el mismo que me corrige y me da mis buenas nalgadas, pero bien dadas, cuando lo merezco... Esas ideas pasaban por mi cabeza hasta que, abruptamente y de un solo movimiento, bajó mi pantalón junto con mis calzones...

- Cuenta en voz alta, señorita!!!

YoSpankee

lunes, 17 de diciembre de 2018

Estratégicamente.

Eran ya 2 semanas de trabajo intenso, no para mí, para él que, además de las horas en la oficina, llegaba a casa, prendía la laptop y se sumergía en montones de correos electrónicos, llamadas, reportes, etc. Pero era sábado por la tarde, es decir, en general soy muy comprensiva y sé esperar el momento para (casi) todo, no esta vez, el trabajo tendría que esperar, aunque fuera por un momento.

Fragüé el plan, después de todo, tenía bastante tiempo libre. Me duché con calma, perfumé mi cuerpo (depilado previamente, por supuesto), me sequé el cabello y me maquillé muy sutilmente. Me vestí de manera casual... unos jeans ajustados, una blusa campesina de escote pronunciado y unas sandalias de tacón que, aunque no muy alto, a él le encantan. Abajo usé una diminuta tanga color negro que, en la parte de atrás, tiene pequeñas piedras brillantes (no es lo que acostumbro usar a diario, pero es su fetiche, mi intención es que no pudiera resistirse) y, arriba, nada... Solo la blusa, nada de sostén.

Desde la puerta del pequeño estudio lo estuve observando, estaba tan absorto en su trabajo, que ni siquiera notó mi presencia. Tomé aire, me armé de valor y entré con los hombros hacia atrás y el pecho erguido. Caminé hasta el escritorio y me paré a su lado. Ni se inmutó. Me incliné, apoyando los codos sobre la mesa y parando mucho la cola... Jajaja, era mi intento de seducción, no lo olviden, y empecé a hacerle mimos. Entonces volteó, me miró rápidamente (obvio, notó el escote, porque su mirada se clavó ahí por unos segundos, aunque quiso disimularlo) y regresó la vista a la pantalla de la laptop.

Por supuesto que no me iba a dar por vencida. Me levanté de  la mesa, "accidentalmente" se cayeron unos lápices y bolígrafos por lo que tuve que inclinarme para levantarlos. Pero nada... Todavía.

Volví a su lado, aún no sabía cómo es que podía ignorarme de esa forma, ¿por qué era tan cruel?
No iba a esperar demasiado, mi paciencia no da para eso, mis ganas tampoco. Me puse de pie a su lado, empujé el sillón que, con sus 'rueditas', hizo fácil la tarea... Me senté sobre sus piernas e, ignorando sus cuestionarmientos, le dije que necesitaba hablar con él, que no era justo que me abandonara de esa forma... Y lo besé en los labios lenta pero apasionadamente. Él respondió de la misma manera y festejé mi triunfo internamente.

El beso fue largo y húmedo, sus manos tuvieron la oportunidad de comprobar que no llevaba nada bajo la blusa, incluso, deslizó la parte delantera y dejó expuestos mis senos. Mientras los acariciaba, me dijo que tenía razón, que me había abandonado mucho tiempo y que era hora de darme lo que, evidentemente, estaba necesitando. Rápidamente mi imaginación voló, el estudio se convirtió en un sensual escenario caliente y sucio, yo ya sentía húmeda la entrepierna cuando, de pronto escupió - lo que tú necesitas son unas buenas nalgadas para que aprendas a respetar los tiempos, los espacios y las actividades ajenas-.
Dicho esto, cruzó mis piernas hacia atrás por encima de las suyas y me dejó en la posición más vulnerable que una esposa/spankee pueda estar: boca abajo.

Me quejé, reclamé, por supuesto que me enojé porque mi objetivo no era ese, no esta vez. Le pedí que no lo hiciera y hasta excusé que se trataba de una broma, que ya lo iba a dejar trabajar en paz. No me creyó.

Por encima de los jeans comenzó a azotar, fuerte, rápida y firmemente. Su palma se impactaba una y otra vez contra mis nalgas que, dada la fuerza y única protección de los pantalones, ya comenzaba a escocer. Cuando llevaba un rato azotando, deslizó los jeans hasta media nalga, solo como para asegurarse del color y, así, siguió azotando. Las nalgadas que alcanzaban a tocar la piel directamente, dolían muchísimo más. Con la mano izquierda presionaba mi espalda y, al mismo tiempo, tiraba del elástico de la tanguita que se metía más y más en mis rincones. Siguió azotando un buen rato y yo solo apretaba fuerte la mandíbula, los párpados y la dignidad.

- Ponte de pie, ordenó con voz grave. Ahora vas a ver lo que te va a costar haber interrumpido mi trabajo.

Bajó mis jeans hasta las rodillas, me inclinó sobre el escritorio (como lo había hecho yo misma al principio) y, después de varias nalgadas bien dadas, se quitó el cinturón. Yo comencé a llorar le dije que no había sido para tanto. Enfaticé mi drama en el hecho de que me sentía sola, triste y abandonada pero no sirvió de mucho. Dobló el cinturón a la mitad.

Antes de asestar el primer azote y jugando con mi pobre espíritu ya muy adolorido y llorón, dijo:

- Sé que he estado enfocado en el trabajo, que no te he dado la atención que te mereces, pero también sé que hay una razón para todo ello y, lo molesto del asunto es que, desde el principio te lo expliqué pero, como siempre, la señorita no presta atención. Vas a contar 30 en voz alta.

Comenzó. Con cada azote mi cuerpo rebotaba un poco sobre la mesa. Yo lloraba y sentía verdadero arrepentimiento... Es verdad que me había dicho que eran un par de semanas pesadas, que el trabajo sería absorbente pero que después me compensaría con unas pequeñas vacaciones. Fui tan ansiosa, tan desesperada y tan incomprensiva.

Probablemente merecía el castigo pero, en mi defensa, realmente me sentía un tanto abandonada. Ya sé, ya sé, hay formas para todo y, además, como bien lo dijo él, ya no soy una adolescente que no puede frenar sus impulsos. Qué estúpida me sentía.

Terminamos con los 30 cinturonazos, de hecho, fue en el último que, dada la fuerza del azote, mi cuerpo se empujó hacia atrás y, con mis nalgas (ya muy calientes y adoloridas), alcancé a rozar su pantalón del que sobresalía un bulto. Estaba muy excitado, esa erección hizo que cualquier rastro de arrepentimiento se borrara de inmediato, al contrario, fue mi victoria y él se dio cuenta.

Tiró el cinturón al piso, bajó su cierre y, antes de que me diera cuenta, con el hilo de la tanga hecho a un lado y totalmente mojado, estaba dentro de mí.

Imaginarán ustedes lo que siguió a continuación, no es que no quiera contárselos, es que estoy segura que su imaginación sabrá dar forma, mucho mejor que mis palabras.

Al final, él siguió trabajando hasta tarde, claro, tenía un pequeño atraso y yo, después de todo, logré el objetivo... Las nalgas rojas fueron el plus.

YoSpankee