martes, 25 de febrero de 2020

Spankee / spanker


Siempre he dicho que la vida se trata de aprendizaje constante. Es imposible saberlo todo, incluso si hablamos de spanking. Hay personas que creen que, por llevar varios años en esto, soy una experta en el tema, lamento decepcionarlos. 

Se puede (debe) aprender de todo y de todos. Cada experiencia, así como cada persona que se cruza en nuestro camino, bien o mal, nos conduce a un tipo de aprendizaje que, depende de cómo lo enfoquemos, puede convertirse en una gran lección.

Yo he aprendido muchas cosas de mi spanker, a continuación la lista de 10 de ellas:

1. Las cosas no suceden por casualidad, sino por causalidad. Yo soy responsable de mis acciones y las consecuencias de ellas. 
2. Mi bienestar y mi estabilidad solo dependen de mí pero, después de todo, una buena charla y, si es necesario, una buena catarsis siempre ayudan. 
3. Los castigos, tarde o temprano, siempre llegan, muchas veces, en el momento o de la manera menos pensada.
4. Vida solo hay una y se trata de disfrutarla al máximo. 
5. No importa el sabor del helado, compartido, es muchísimo más delicioso.
6. Las formas importan, es decir, el respeto y la educación son muy importantes en este y todos los mundillos pero, si se omiten frente a él, algo no tan bueno para mis nalgas pasará después.
7. No puedes decir que algo no te gusta si no lo has probado. Este punto no aplica para todo, es cuestión de lógica y criterio, les aseguro que yo sé que no quiero probar el veneno, por ejemplo. 
8. Vive el momento, lo demás lo resolvemos luego. 
9. Sé tú misma, eres muy valiosa.
10. El mayor aprendizaje que he obtenido de mi spanker es la confianza. He aprendido que vale mucho la pena quitarse velos, atreverse, ponerse en las manos de alguien más. He aprendido a querer y ser querida, a confiar y ser confiable, a dar y recibir de una manera maravillosa y deliciosa.

Gracias por todo esto y lo que aún falta por aprender y disfrutar. 

YoSpankee 

lunes, 10 de febrero de 2020

Castigo de película. Parte 1


Habíamos quedado para ir al cine, yo iría después de convivir con mis amigas y él, al salir del trabajo. Tuve tiempo de adelantarme pues estaba muy cerca del lugar y como, seguramente, él llegaría corriendo, compré las entradas, palomitas y refrescos. Me senté a esperarlo y, mientras, estuve revisando mis redes sociales. Estaba tan entretenida que no me di cuenta que llegó, hasta que sentí sus brazos rodear mis hombros. Me giré para verlo y me puse de pie para darle un gran abrazo. Él, por su parte, me llenó de besos el rostro y, finalmente, me regaló un largo y húmedo beso en los labios.

Parecía una escena sacada de una de esas películas rosas, hasta que él, separándose de mí, con una mirada furiosa y ese tono de voz que no deja lugar a dudas, preguntó:

- ¿Estuviste fumando?

Confieso que sí, estuve fumando un poco pero, según yo, tuve la precaucion de lavar mi boca, tomar pastillas de menta y ponerme perfume, ¿cómo percibió el aroma o el sabor del tabaco?

- Nnno, yo no... 

Desafortunadamente, soy pésima mintiendo... 

- Por tu bien, es mejor que no me mientas, jovencita... 

Ja, si lo único que quería era mentir, mentir de la manera más descarada posible. Sé muy bien que él odia el cigarro, más allá del olor, odia que las personas consuman cosas, de manera voluntaria, sabiendo que le están haciendo un daño terrible a su cuerpo. En cuestión de disciplina, que es como funciona nuestra relación, fumar es una de esas cosas que están estrictamente prohibidas, una de las que se encuentran en el límite de lo inimaginable pero, si les soy sincera, no era la primera vez que lo hacía a sus espaldas pero, sí la primera que era sorprendida.

- No te enojes, por favor, solo fue un cigarrillo, no es para tanto, ¿sí?

Intenté usar la mejor de mis sonrisas, además, la película estaba por comenzar y se lo hice saber pero, lo único que obtuve como respuesta fue que me arrebatara los boletos y los rompiera en mi cara. 

- Esto te va a costar muy caro, señorita. 

Acto seguido, tiró refrescos y palomitas a la basura, algunas personas ya nos miraban, me moría de vergüenza, solo me limité a bajar la cabeza y esperar su siguiente movimiento. Era obvio que se acababa de cancelar la noche de cine, así que, había qué ver cuál sería su decisión aunque, seamos sinceros, todos sabemos hacia dónde conducirá esto. 


Visiblemente molesto, me tomó del brazo y me sacó del complejo de cines, yo solo me dejé llevar pues, la verdad, no estaba en condiciones de negarme a nada. 
No estoy segura si hay un sentimiento de mayor humillación y vergüenza, que ser atrapada es una mentira y, peor, en público. ¡Argh!

Cuando íbamos cruzando a paso rápido el oscuro estacionamiento, intenté dar una explicación, pero fue totalmente en vano, mis argumentos fueron silenciados con una fuerte nalgada que me hizo saltar y entender la gravedad del asunto. No sé si alguien vio o escuchó pero, en ese momento, esa era la última de mis preocupaciones. 
Fue, hasta llegar al auto, que me dirigió la palabra pero, solo para volver a decirme, esta vez en un susurro amenazante:

- Esto lo vas a pagar muy caro, jovencita. 

Tragué saliva y subí rápidamente al auto, me hundí en mi asiento y, mientras abrochsba el cinturón de seguridad, unas ganas terribles de llorar me invadieron. Sabía que había hecho mal y me dolía mucho que, por mi culpa, nuestra noche de cine se haya estropeado así. Él también se veía muy incómodo, vi cómo sus manos apretaban con fuerza el volante y su mandíbula se crispaba sin poder o querer decir nada, las lágrimas ya bañaban mi rostro.

Casi todo el camino transcurrió en silencio, yo no me animaba a decir nada, sabía que no estaba en condiciones y lo único que hacía era seguir llorando pues sabía, perfectamente, que al llegar a casa iba a tener que enfrentar el terrible castigo.

Poco antes de llegar, comenzó a hablar, su tono era suave pero claro:

- ¿Por qué lo hiciste?

No respondí, sólo gimoteaba y pensaba en la muy remota posibilidad de librarme de esta. 

- Te juro que no lo entiendo, sabes muy bien que lo tienes estrictamente prohibido, sabes muy bien las consecuencias que esto tendrá. En serio, pareciera que te burlas de mí, de mi autoridad y, peor aún, que no te importa tu salud.. Pero te lo digo bien claro, señorita, te vas a arrepentir de cada bocanada, de cada mentira, de cada decisión estúpida... 


Llegamos a casa, metió el auto a la cochera y, sin esperar a nada, se bajó rápidamente para llevarme a rastras, no sólo hasta la casa, sino hasta la habitación. Cabe mencionar que, todo el trayecto, desde el auto hasta la recámara, lo pasé llorando y suplicando. Estaba aterrada, no sabía lo que iba a pasar y, a estas alturas, sospechaba que el castigo sería muy duro.

Ya en la habitación, me condujo hasta el rincón con unas cuantas nalgadas bien puestas, las cuales, recibí sin meter la mano pero gritando como si me estuviera dando la paliza de mi vida.

- Esto no es nada, niña, no seas exagerada. 

Pero es que estaba tan aterrada, no controlaba mis reacciones. Después escuché que buscaba algo en el closet, sonaba un tintineo distinto cada vez, pero no tenía permitido voltear, aunque la curiosidad y la ansiedad me estaban matando.

Mientras pensaba en todas las posibilidades, poco a poco, mi respiración fue volviendo a su ritmo, hasta que fui llamada por mi nombre completo (con todo y apellidos), lo cual me hizo estremecer. 

Él estaba sentado en el borde de la cama, ya listo para comenzar a castigarme pues, en cuanto me giré, con pequeños golpecitos sobre su muslo derecho me indicó adoptar la posición para ser nalgurada y yo, sin pensarlo, obedecí de inmediato. .

Apenas terminé de acomodarme sobre sus piernas, una lluvia interminable de azotes comenzó a caer, no hubo regaños o preguntas, sólo nalgadas que caían con fuerza en una nalga y en la otra de manera alternada, cubriendo desde arriba hasta los muslos y poniendo particular énfasis en el área donde se une la pierna con los glúteos. Yo solo me retorcía y lloraba, mientras me deshacía en disculpas y promesas.

No pasó mucho tiempo, aunque a mí me pareció una eternidad, bajó los jeans junto con los calzones, lo hizo con gran enojo y los llevó hasta mis tobillos. Eso, inequívocamente, es señal de que el castigo no se limitará a las nalgas, como en otras ocasiones, muslos y pantorrillas también serían azotados.

Por más que lloré y pedí mil perdones, nada lo detuvo, azotó cada espacio desde la parte alta de las nalgas, casi hasta los tobillos. Para entonces ya me había dicho lo decepcionado que estaba de mí, lo malo que es el tabaco para el cuerpo y, peor aún, cada uno de los químicos que componen un cigarrillo... Entendí que hice mal pero no, aún no era suficiente castigo para considerar lección aprendida. 

Se detuvo abruptamente y, levantándome en vilo, me llevó hasta el rincón de nuevo, las manos sobre la cabeza, las nalgas y piernas bien rojas, y el llanto interminable. 

Volví a escuchar el tintineo pero, otra vez, tuve que vencer las ganas de voltear. Después de unos minutos y algo de ruido en la habitación, fui llamada de nuevo hacia él. 

Sobre la cama, una montaña de almohadas y, sobre el respaldo del sofá, 7 cinturones de grosor y textura distintas. De nuevo tragué saliva. 

- Bien, señorita, al parecer hace falta dejarte bien claras las reglas. Durante una semana, vas a probar un cinturón distinto cada día, las veces que se me dé la gana porque, por lo que demuestras, aquí se hace lo que a cada uno le da la gana, ¿cierto?

Quise responder, defenderme un poco pero, caray, no tenía argumento alguno. Solo me limité a llorar y sobar mis nalgas al mismo tiempo. 

- 7 cinturones, 7 días... Al terminar esa semana, te infornaré cuál será tu castigo. 

- Ppppero, ¿este no es el castigo?

Qué pregunta tan inocente y tan ilusa la mía. Creo que lo vi sonreír un poco. 

- No, esta es apenas la primera parte. 

YoSpankee 

domingo, 2 de febrero de 2020

Bambú



Uno de mis cantantes favoritos de toda la vida, además de amor platónico y objeto de mis deseo es, el español, Miguel Bosé. Desde muy joven (yo), el susodicho, formaba parte de mis fantasías erótico spanko pero, hoy, más que nunca, una de sus canciones me suena más spanko que nada: bambú.

La letra de esa canción llega a ser bastante sugerente, todavía no termino de decidir si tiene que ver con mi nacionalidad (mexicana) y el uso del doble sentido que manejamos en mi país, o mi muy marcado gusto (casi obsesión) por el spanking y el (recién adquirido) placer de mi spanker por usar varas de bambú para azotar mis nalgas.

Y mientras que ella plancha el corazón
Yo le doy Bambú
Turap tuhe, oh yeah
Y mientras ella con pasión
Da la llave yo le doy Bambú
Turap tuhe, oh yeah

La última vez, mi spanker llevaba 4 varas nuevas, mucho más delgadas que las que había estado usando antes. Confieso que tenía cierta 'necesidad' por probarlas y conocer la sensación que provocarían, no sólo en mí piel, sino en mi YoSpankee que, de por sí, ya estaba con el corazón al mil pues, poco antes de ver de frente a las dichosas varitas, mi spanker, con esa voz dulce que logra engañar a la más ilusa, preguntó: ¿qué pendientes tenemos, señorita?

No sé ustedes pero, yo, al escuchar ese tipo de preguntas o expresiones, me transformó por completo, no importa cuán parlanchina o sonriente haya estado, en ese momento, me 'contraigo', me hago pequeñita y me entrego a la situación

¿Que qué pendientes tenemos? Vaya, creo que no terminaría y, por supuesto, mis nalgas no sobrevivirían si es que yo me animara a responder con total honestidad, así que, apelando a la mala memoria de mi spanker y con carita de puchero, me hice la loca. ¡Qué ilusa!

Es cierto que mi spanker está siempre al pendiente de mis faltas y, aunque a ratos parece que las olvida, mágicamente, al tener mis nalgas a su disposición, se acuerda de todo. Parecería una injusticia, una trampa de la vida pero, si nos ponemos exigentes, es lo correcto. Creo.

Como dije, las varas eran más delgadas que las que ya habían impactado mi cola otras veces y, en consecuencia, eran mucho más ligeras. Supongo que esa es la treta, una se confía y subestima el poder de un varazo bien dado. Pues bien, estando boca abajo en la cama, con los calzones fuera de su sitio y las nalgas bien paradas, pude entender que, una vara delgada, duele muchísimo más.

Mis pobres nalgas sufrieron, mucho, por cierto... Pero, a mi querido y justiciero spanker, no le pareció suficiente y azotó también los muslos y las pantorrillas. Jamás respondí a la pregunta de qué cosas teníamos pendientes, sin embargo, estoy segura que, con ese castigo, pagué todo lo que debía.

Pero la cosa no terminó ahí, como si no fuera suficiente, recibí la orden de ponerme de rodillas sobre la cama y pegar los codos al colchón, de tal manera que, mis nalguitas, quedaron bien expuestas y ahí inclinada, sentí la furia del bambú contra mi cola sin que, ni siquiera la voz de Miguel Bosé, pudiera rescatarme. 

Ali Babá, qué estoy haciendo oh
Trágame Tierra, ábrete sésamo
Que en esta historia acabo
Siendo el malo yo
Ya me la coma o no
Y venga dai amore dai dimmi chi sei?
Tu que de repente prendi tutti I sogni miei

Y mientras que ella plancha el corazón
Yo le doy Bambú
Turap tuhe, oh yeah
Y mientras que ella con pasión
Da la llave yo le doy Bambú
Turap tuhe, oh yeah

YoSpankee 

domingo, 26 de enero de 2020

Fail.



Generalmente logro salir airosa de las situaciones difíciles, podría decir que tengo algún tipo de talento para convencer a la vida misma de que, pase lo que pase, yo no tengo la culpa de ello, aunque todas las pruebas indiquen lo contrario. Pero, esta vez, las cosas serían por completo distintas.

No era la primera vez que me quedaba a cargo de la casa y de mi hermano Ángel, de hecho, como mamá tenía múltiples compromisos últimamente, yo aprovechaba para ganarme su confianza y, quizá después, canjear el favor por algún permiso o cualquier tipo de beneficio. 
La tarea era muy sencilla, acaso servir la cena, lavar los platos y cuidar que el pequeño Ángel se portara bien, cepillara sus dientes y durmiera temprano. Pan comido. 

Pero las cosas se complicaron, todo se salió de control y mi mente se cerró cuando lo vi tirado en el piso, retorciéndose de dolor mientras lloraba y pedía a gritos la presencia de mamá. 

- Por favor, Ángel, no llores, no es hora de hacer bromas. 

El estrés comenzó a apoderarse de mí y, aunque mi hermano suele hacer bromas todo el tiempo, esta no parecía una de ellas. El pánico me invadió en cuanto lo oí decir: ¡te voy a acusar, todo es tu culpa, te odio!

Las lágrimas bañaban su pequeño rostro, el dolor se notaba en sus gestos, en sus ademanes... Yo no sabía qué hacer, me preocupaba mucho el bienestar de mi hermanito pero, por supuesto, me alteraba lo que diría mamá en cuanto volviera a casa. Quería pensar en alguna salida, evitar que Gina se enterara de esto pero, carajo, mi mente estaba en blanco y los gritos de Ángel no ayudaban.

- Angelito, por favor, si estás bromeando, ya fue demasiado. En serio, ya basta. 

- ¡Me dueleee, quiero a mi mamá, llámalaaaaa!


Por supuesto que no iba a llamarla, ni que estuviera loca. Calculé el tiempo que aún faltaba para que ella volviera a casa, un par de horas, quizá un poco más... Suficiente como para llamar a una ambulancia que atendiera al niño ahí mismo, convencerlo de guardar el secreto y, al final, hacer como que no pasó nada. Plan perfecto, no lo podía creer, soy un genio. 

Marqué al 911, llegaron casi de inmediato. Una ambulancia se estacionó frente a la puerta de la casa, entraron los paramédicos y, tras algunas preguntas, atendieron a Ángel quien, un tanto asustado pero aliviado a la vez, cooperó bastante bien. Mi plan marchaba correctamente, ahora solo bastaba esperar a que todo pasara lo más rápido posible.

- ¿Qué pasa?

El alma se me fue al inframundo en cuanto vi a Gina abrirse paso entre los paramédicos para acercarse a Ángel quien, al verla, comenzó a berrear como desesperado. 

- Mamitaaaaa, qué bueno que llegaste, te extrañé, ¡buaaaaa!

Se abrazaron como si hiciera años que no se veían, yo solo quería que se abriera la tierra y me tragara en ese mismo instante. Afortunadamente, una de las chicas de la ambulancia intervino y le explicó que ya había pasado, que eran cosas de niños y que, únicamente, le recomendaba no volver a dejarnos solos. Mamá se deshizo en disculpas y agradecimientos, se comprometió a ser más cuidadosa con sus hijos y a no ser tan confiada, cuando dijo eso último, me lanzó una mirada furiosa que espero no hayan notado los demás.

Apenas cerró la puerta después de que salieron los paramédicos, ni siquiera me dio tiempo de pensar en algo rápido, ya no digamos de huir; se dirigió hacia donde estaba yo parada, me sorprendió dándome un abrazo fuerte y, secando mis lágrimas, me dijo que ya todo estaba bien pero que teníamos una charla pendiente ella y yo. Dijo que subiría a acostar a Ángel y a tratar de tranquilizarlo pero que, al terminar con él, quería hablar muy seriamente conmigo. Asentí.

Me pareció eterno el tiempo en que tardó en bajar de la habitación de Ángel pero, dada su reacción, yo estaba muy tranquila. Me senté a esperarla en la sala, hasta que escuché sus pasos. De inmediato me puse de pie y corrí a abrazarla, esperando encontrar el alivio entre sus brazos pero, sorpresiva e inesperadamente, recibí una fuerte bofetada. Mis ojos se llenaron de lágrimas al instante.



- Pe... Pero, mami... 

- Nada de 'mami', en este instante me vas a explicar por qué caramba le hiciste eso a tu hermano. 

- Yo no le hice nada. Intenté defenderme. 

- Entonces, ¿todo lo que dijo Ángel es mentira?

- Seguramente, mamita, porque yo no le hice nada. Le dije que no podía comer tantos dulces pero no me hizo caso y... 

- Ya, guarda silencio, los conozco muy bien a los dos y, aunque él tiene parte de culpa, se supone que tú eres la mayor... Y es mejor que me digas la verdad porque, si no, te irá mucho peor, y mira que ya tienes ganada una buena. 

Que difícil situación, no sabía qué hacer porque, por un lado, el castigo ya lo tenía ganado pero, si no decía la verdad, las cosas podrían terminar muy mal. Por lo pronto, algo era seguro, de esta no me salvaba nadie. 
Con un nudo en la garganta y armándome de valor, comencé a hablar. 

- Ángel insistió es que le compartiera de mis dulces, yo sé que estuvo mal, mamita, de verdad estoy arrepentida; así que me pareció divertido hacer que se los ganara y, snifs, le dije que solo se los daría si se comía 10 sobres de polvo picante. Pero, mami, yo le advertí que era peligroso y aún así lo hizo. Entonces le di los dulces que él quería, se los comió todos y fue cuando empezó con el dolor. Por eso llamé a la ambulancia, pensé que no te enterarías y...

- A ver, Laura, confié en ti, en tu madurez. Se supone que, mi hija de 17 años, es perfectamente capaz de cuidar de sí misma y de su hermano pequeño, no de ponerlo en peligro. Imagínate lo que sentí cuando recibí la llamada de la vecina para decirme que había una ambulancia fuera de la casa, lo que pasaba por mi mente y mi corazón al saberte en riesgo, a ti y a tu hermano... La vergüenza que pasé con los paramédicos... Carajo, Laura, ¿en qué estabas pensando?

- Pe... Perdón, mamita, te juro que no quise que todo esto pasara, te juro que no te vuelvo a hacer, perdóname. 

- Por supuesto que no lo vas a volver a hacer. De ahora en adelante, te trataré como la mocosa irresponsable que has demostrado ser, se terminaron las consideraciones. Además, te pareció muy divertido que a tu hermano le pícara el polvo, vas a probar tú el picante del jengibre, y no precisamente en la boca o la garganta. 

- No, mamá, por favor, Ángel también tuvo la culpa... 

- Mañana que se sienta mejor, él tendrá su parte pero, por lo pronto, ve a tu cuarto y me traes tu cepillo de madera, mientras, yo pongo a remojar el cinturón. 



YoSpankee 

miércoles, 15 de enero de 2020

Oleadas de placer.


Por favor, tienen que ir a leer esto [CLICK AQUÍ] , no sólo porque incluyeron este blog (lo cual agradezco con todo mi corazoncilo spankee), sino porque se van a dar un calentón delicioso con este relato.

Mi agradecimiento y palmas para este tipo de letras tan llenas de creatividad, cachonderia y, definitivamente, 'Oleadas de placer'.

Abrazos desde México para Verbena y Raphael.

YoSpankee 

domingo, 5 de enero de 2020

Fin de año. .


Siempre es un placer despertar a su lado. Abrir los ojos y observarlo fijamente, se ha vuelto uno de mis hobbies favoritos.

Este fin de año decidimos hacerlo distinto, prescindir de las fiestas y evadir los compromisos. Optamos por ser sólo él y yo, sin escándalos ni parafernalia. El plan fue hecho desde hace semanas y, aunque hubo que cruzar los dedos para que él pudiera cumplir a tiempo con todos sus compromiso laborales, yo me puse a prepararlo todo con gran dedicación.

Busqué varias opciones: hoteles, departamentos fuera de la ciudad, cabañas, etc. Opté por una cabaña en el bosque, encontré la ideal a 45 minutos de la ciudad. Tenía chimenea, un salón muy amplio, pisos de madera, estilo rústico mexicano. Debo confesar que, aunque tenía varias opciones, el voto ganador lo dieron las cuartas de cuero que hay colgadas en los gruesos muros de ladrillo. Es fantástico cómo, de manera casual e inofensiva, estos instrumentos decoran comúnmente las casas mexicanas, especialmente en el campo

Salimos muy temprano de casa el día 31, el día anterior yo había ido al súper para comprar todo lo necesario para pasar un par de días. Llevaba comida, vino, agua, velas, cobijas, etc. Él, por su lado, también preparó 'la maleta' en donde guarda todo tipo de instrumentos y juguetes, ustedes saben.

Hacía mucho frío y aún estaba muy oscuro. Me encanta ser su copiloto, podemos hablar de todo y nada a la vez, escuchamos música, cantamos, bromeamos y reímos. El camino se hizo tan corto, fue riquísimo sentir su mano acariciar cariñosamente mis muslos durante todo el trayecto.

Antes de llegar a la cabaña, pasamos al pueblo y desayunamos algo caliente, compramos algunas otras cosas y, por fin, nos dirigimos a ese 'encerrón' que tanto prometía. Yo estaba muy ansiosa pues, a pesar de desear tanto compartir con él estos días, también sabía que tenía varios pendientes por saldar. 


Desde el principio, nuestra relación se ha caracterizado por funcionar a partir de la disciplina doméstica, en la que él se dedica a guiar mi conducta, establecer reglas, poner límites y, en caso necesario, sancionar las faltas por medio de castigos corporales tales como nalgadas, azotes en nalgas, muslos y pantorrillas, tiempo en el rincón (ya sea de pie, de rodillas o sentada después de una azotaina), juegos de temperatura con cera caliente y hielo; incluso, en algunas ocasiones también utiliza algún otro tipo de sanción como jabón en la boca, vaporub o jengibre en el ano y distintos plugs, todo de acuerdo a la o las faltas que haya que corregir.

Mi plan, además de romántico, también incluía saldar las cuentas que teníamos pendientes pero, claro, esperaba que fuera más sexo y placer que otra cosa. 
Todo iba muy bien, la cabaña se sentía cálida por el fuego de la chimenea, lo cual aprovechamos para prescindir de la ropa. Debo confesar que soy adicta a sus labios, sus besos pueden hacerme perder la razón. También amo enredarme en sus brazos, oler su piel, sentir su calor invadir mi cuerpo. Disfruto mucho de sus manos grandes recorriéndome de arriba a abajo, la fuerza de sus brazos para manipelarne de un lado a otro... En pocas palabras, me encanta ese hombre.

Comenzó tierno, sus besos y sus abrazos me envolvieron en una atmósfera rosa y me dejé llevar, pude sentirlo dentro de mí de distintas formas hasta que llenó mi cuerpo con sus fluidos. Fue delicioso. 

Es fantástico ese momento de desahogo, esos instantes en que la fuerza abandona el cuerpo y el placer llega a su punto máximo. Esa mirada suya de ojos entrecerrados y brillo inexplicable, es mi máximo. 

Unos minutos bastaron para que, decidido, se levantara de la cama, tomará una 'cuarta' de cuero que pendía de un clavo en la habitación y, con esa sonrisa hipnótica y perversa al mismo tiempo, dijera: prepárate, es hora de despedir el año.

YoSpankee 

domingo, 29 de diciembre de 2019

2019


Ha llegado esa época del año en la que el 'recuento de los daños' es inevitable. Mi 2019 estuvo lleno de todo un poco, ha sido por completo una montaña rusa en donde, las subidas, estuvieron llenas de expectativas y muchos planes pero, las bajadas, fueron un cúmulo de miedos, dolor emocional y, a ratos, dolor físico (y no precisamente del que me gusta).

El año comenzó con planes (en lo spanko) que poco a poco se fueron diluyendo, aún así, en febrero tuve una de las mejores experiencias que, ni la mejor de mis fantasías, podría igualar. De ahí es que gané a la mejor amiga del mundo mundial, fabulosa spanker. Después, por ahí de abril, hizo su aparición quien hoy acompaña mis días spankos. 

El contacto fue casual, las charlas diarias, los deseos en común y (como cereza del pastel), vive en la misma ciudad que yo. Conocí a mi spanker vía Facebook, justo en un momento en el que yo no estaba buscando nada pero, sin saberlo, estaba necesitando respirar de manera distinta. Él le ha dado a mi vida un aire fresco, aventuras, sensaciones que jamás había experimentado, retos y deseos nuevos.

Mi familia spanko creció con la llegada de Ángel, mi hermanito. Detrás de ese niño berrinchudo, hay un hombre cariñoso y tierno que me ha adoptado y aceptado con todos mis defectos pero, eso sí, disfrutando también de mis virtudes... 

Grandes amigos se han adherido a mi vida, a cada uno les guardo un cariño especial y les agradezco profundamente que compartan sus fantasías conmigo, además de su cotidianidad. 

A unos días de dar carpetazo a este agonizante 2019, lo único que puedo hacer es desear que, el año que está por comenzar, sea benevolente para mí y aquellos a los que quiero. Que cada deseo y fantasía se haga realidad, no solo para mí sino para todos los que me leen.

Ahora hay muchos planes, muchas fantasías aún por cumplir, muchas nalgadas qué recibir y esas otras cosas que adetezan la vida de cualquier spanko... Vayamos jubilosos a descubrir los bemoles del siguiente año... Los leo en el 2020.

YoSpankee